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Carlos Figueroa Ibarra

La destitución sumaria el 23 de julio  de 2021 de Juan Francisco Sandoval, titular de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI),  revela que la Alianza Criminal que gobierna a Guatemala, está dispuesta a llegar a las últimas consecuencias con tal de preservar el poder político y garantizar la impunidad. Tiene ahora un problema mayúsculo al desafiar las indicaciones de la Casa Blanca de que Sandoval permaneciera en su puesto. En los próximos meses veremos las secuelas de la decisión fraguada por el presidente Giammattei y los intereses que representa. Valorando que en el caso específico de Guatemala, los intereses estadounidenses coinciden con un objetivo loable  de desplazar  a un grupo criminal que ha cooptado el Estado, es necesario insertar ese propósito en el contexto general de la política estadounidense en relación a Latinoamérica.

Estados Unidos de América vive a nivel mundial varios desafíos. En primer lugar, la declinación de su poder imperial ante la emergencia de China. Además, la sustitución del orden unipolar (el Nuevo Orden Mundial tan celebrado por Bush Sr) por una multipolaridad que incluye a China, Rusia y la Unión Europea. Este contexto adverso, se articula al hecho de que Latinoamérica y el Caribe que es su zona estratégica (su “patio trasero”), desde finales del siglo XX se ha vuelto una región incómoda para sus intereses. Los primeros tres lustros del siglo XXI la región presenció una marea de gobiernos de orientación posneoliberal y por tanto defensores de su soberanía política e independencia económica.

Cuando se pensó que esta marea se encontraba en reflujo, se observó el triunfo de AMLO en México en 2018, el regreso del kirchnerismo en Argentina a través de Alberto Fernández en 2019, la reversión del golpe de estado en Bolivia con Luis Arce en 2020. Hay que agregar a estos hechos, el triunfo de Pedro Castillo en Perú en 2021 y  la posibilidad de un triunfo presidencial de Lula en 2022. Agréguese el proceso constituyente de vocación posneoliberal en Chile a partir de 2019 y  la convulsa situación que se ha observa en Colombia desde 2018. Finalmente la existencia de tres focos francamente antiimperialistas en los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Este es el contexto en el cual la emergencia de dos Estados criminales en Guatemala y Honduras, se agregan como amenazas en la visión de Washington.  Gobiernos  como los de esos países se vuelven focos potencializadores de la marea  migratoria proveniente del Triángulo Norte y y túneles para el narcotráfico hacia EE.UU. La Casa Blanca debe sopesar cómo deshacerse de estos gobiernos sin desestabilizar una región en la que se encuentran Nicaragua y El Salvador. Este último país gobernado hoy por un Bukele que estaría interesado en la prolongación indefinida  de su mandato, que no tiene empacho en acercarse a China y que busca una diversificación monetaria. ¿Permitirá EE.UU. la permanencia de la cleptocracia y narcogobiernos en Guatemala y Honduras? Dependerá de cálculos que van mucho más allá de estos dos países. Recuérdese que Washington siempre necesita una estabilidad obsecuente.

Estados Unidos de América vive a nivel mundial varios desafíos. En primer lugar, la declinación de su poder imperial ante la emergencia de China. Además, la sustitución del orden unipolar (el Nuevo Orden Mundial tan celebrado por Bush Sr) por una multipolaridad que incluye a China, Rusia y la Unión Europea.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Figueroa Ibarra
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