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Fruta maldita

Danilo Santos
Politólogo

La “población” lo pide, hay clamor por segar la vida de los inadaptados y criminales, da igual la edad, su sangre está corrompida y no existe otra manera de curarnos del mal que nos representan que matándolos.

Se me ocurre pues, una amnistía para matar, de un día tan solo: los homofóbicos podrían matar a los homosexuales y viceversa. Los de derecha a los de izquierda y recíprocamente los rojitos a los dinosaurios. Los pobres a los ricos y los ricos por supuesto podrían limpiar a los “huevones” de la faz de la Tierra. Los ateos a los cristianos y claro, los neopentecostales tendrían la oportunidad de freír vivos a los engendros estos. Los machistas a las feministas y las defensoras de los derechos de las mujeres a los patriarcas. La población a los políticos. Los diputados a las Aldana y los Velásquez. Los defensores de derechos humanos a los fanáticos del medioevo. La sociedad a los mareros. Los mareros a la sociedad. El Gobierno a los inconformes. Los inconformes a los funcionarios. Los lectores a los columnistas, los escribientes a los obtusos. Los militares a los comunistas y a todo aquel que ose retar su santa verdad de “morongazos”. Y así. Un solo día. Al día siguiente, Guatemala sería un lugar hermoso y vacío…

Esta fruta maldita que mandamos a podrirse a “Las Gaviotas” o a cualquier “Hogar Seguro”, no sirve ni para alimentar a los cerdos; tirémosla de una condenada vez a los barrancos, que se pudra lejos de nosotros y nuestra propia violencia: la intrafamiliar, religiosa, de género, política, económica, de nuestra violencia en las calles y espacios de socialización. Podemos ese árbol y reguémoslo con abundante urea de falos violentos, algún día tendrá que darnos algo bueno.

Estas bellas calles con aroma a mierda y orines con rostros mirando al suelo apurando el paso, que nos ven pasar varias veces al día, yendo y viniendo de dos y hasta tres sojuzgamientos que nos dan un pan tembloroso que solo alcanza a nutrir miedos. Estos vericuetos que transitamos a través del sinuoso terror de los filingos acechando al conductor de nuestro destino. Esta larga peregrinación por la “ciudad del futuro” de Tonatiuh, donde una y otra vez se nos encaraman nuestros despojos a decirnos a través del miedo que cualquier día puede ser el último de nuestra cobardía. Esta patria nuestra a la que abrazamos como el único lugar donde es un orgullo ofrendar a nuestros hijos. Estos hermanos nuestros que deciden matar en sus mentes y palabras a los que no pudieron salvar con sus manos y corazones. Esta es nuestra Guatemala con violencia parida y embrutecida.

Que se acaben de una vez por todas los derechos humanos, y los humanos con ellos. Al final, la raíz del árbol de la muerte prepara otros bocados más amargos y en los barrancos germinan brotes que prometen frutos que indefectiblemente llegarán a nuestras mesas. Ardemos y nuestra solución es dar fuego a las sombras que nos avergüenzan.

Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos: porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde”. Machado.

Fuente: [http://lahora.gt/fruta-maldita/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Danilo Santos Salazar
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