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Filgua (I)

Gerardo Guinea Diez

Para editar literatura en Guatemala es necesario cierto aire de chifladura, de gesta silenciosa contra la racionalidad tecnocrática de la eficiencia y la rentabilidad. Y es que esta nunca estará en el corto plazo ni se reflejará en las cuentas bancarias. La novela, la poesía y el cuento forjan con los años el fortalecimiento de la educación humanística, consolida esa idea huidiza de la democracia, construye identidades y referentes colectivos.

De esa cuenta, los editores independientes, los últimos 20 años, en medio de obvias precariedades, lograron algo fundamental: contar con el catálogo de literatura guatemalteca más completo a la fecha. Ello, sin olvidar el esfuerzo que universidades y centros de investigación realizan en torno a temas como la sociología, la antropología y el testimonio, entre otros.

Cabe destacar en ese esfuerzo, el trabajo de F&G, Letra Negra, Magna Terra, Editorial Cultura y los novísimos Catafixia, Vueltegato, Alas de Barrilete y la renacida Editorial X. En el corazón de estas casas editoras, encontramos a Miguel Ángel Asturias, César Brañas, Marco Antonio Flores, Mario Monteforte Toledo, Luis Cardoza y Aragón, Carlos Illescas, Augusto Monterroso, Luis de Lión, Francisco Morales Santos, Luis Alfredo Arango, Margarita Carrera, Isabel de los Ángeles Ruano, entre las figuras más señeras. A ello, hay que agregar los nombres de Rodrigo Rey Rosa, Eduardo Halfon, Humberto Ak´abal, Carlos López, Víctor Muñoz, Francisco Pérez de Antón, Enrique Noriega, JL Perdomo Orellana, Mario Roberto Morales, Carolina Escobar Sarti, Denise Phé Funchal, Javier Payeras, David Unger, Javier Mosquera, Arnoldo Gálvez Suárez, entre una larguísima lista de talentosos creadores.

En ese sentido, cabe preguntarse por qué el Ministerio de Educación, en los últimos años, nunca consideró la adquisición de ese riquísimo y variado fondo editorial.

El libro es, ante todo, lenguaje, como lo demuestran las 20 mil lenguas que se han hablado desde hace milenios. Como sostiene José Pascual Buxó, hay que partir de una sencilla premisa: “la lengua, los lenguajes, son la causa eficiente de nuestra verdadera humanidad. …el lenguaje convirtió a la manada prehistórica en una comunidad de individuos dotados de voluntad y pensamiento”.

Si partimos de que una cultura depende de la encarnación de las ideas y que estas necesitan de ciclos virtuosos de educación, es fácil concluir que la lectura estimula la imaginación, consolida la personalidad, contribuye a la salud emocional, mejora la calidad analítica, el pensamiento se vuelve más abarcador y concreto, aumenta la sociabilidad y, por lo mismo, la disposición a colaborar, ayuda a enfrentar el miedo en la toma de decisiones y crece la capacidad de asumir compromisos. Esa suma cualitativa prepara a la persona para interiorizar un principio: la ciudadanía como un estilo y modo de vida.

Por todo ello, del 16 al 26 de julio, se realizará la XII edición de Filgua en el Parque de la Industria, donde estará México como país invitado de honor.

Gerardo Guinea Diez
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