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Estado cooptado I

Un Presidente que gobierne con sabiduría y con mano firme.

María Aguilar

Nuestro país vive un momento crítico de su historia porque los problemas acumulados de pobreza, desempleo e inseguridad, han creado una sensación pesimista de que en Guatemala nada puede cambiar. Mi convicción es que el cambio sí es posible pero para hacer ese cambio, Guatemala necesita de un Presidente responsable y serio. Que tenga conocimiento y experiencia. Que asuma riesgos y enfrente amenazas. Un Presidente que gobierne con sabiduría, rectitud y prudencia pero también con mano firme y respeto a la ley. Esta vez, no nos podemos equivocar al votar porque Guatemala no puede continuar con la inseguridad, la falta de oportunidades y la corrupción que hoy prevalece en el país. Los guatemaltecos estamos cansados de tanta muerte, de mentiras y de falsas promesas”.

El anterior es uno de los spots publicitarios de Otto Pérez Molina emitidos durante la campaña presidencial de 2011. Una campaña que utilizaba como eje central la noción autoritaria de “mano dura” como solución a los problemas del país. Por su lado, Roxana Baldetti en una entrevista con Haroldo Sánchez, en 2011, dijo: “La corrupción si no se va a terminar, se va a disminuir en una buena cantidad porque Roxana Baldetti va a tener el carácter de decir quiénes son los que llegan a pedir mordidas pero también quiénes dan mordidas, porque las mordidas son de los dos lados”. Hoy, las cínicas palabras de ambos solo aumentan la ira ante cada nueva revelación de JCMonzón.

Sin embargo, la situación actual de Guatemala va más allá de la corrupción y el enriquecimiento ilícito de una mafia. Las declaraciones de la CICIG y el MP develan cómo ambos mandatarios eran los cabecillas de una estructura criminal disfrazada de partido político que cooptó el Estado por medio de las urnas. Esto nos lleva a preguntar: ¿cuál es la naturaleza de este Estado?

Guatemala es hoy un ejemplo de cómo la democracia neoliberal –impulsada sin cambios estructurales y guiada por elites económicas y militares– pero aplaudida por la comunidad internacional, como la única solución luego del violento enfrentamiento armado, se convirtió en un medio que permitió a políticos, militares, operadores de justicia, banqueros, empresarios y religiosos saquear al país para enriquecerse individualmente.

Sin embargo, la situación actual de Guatemala va más allá de la corrupción y el enriquecimiento ilícito de una mafia. Las declaraciones de la CICIG y el MP develan cómo ambos mandatarios eran los cabecillas de una estructura criminal disfrazada de partido político que cooptó el Estado por medio de las urnas.

Fuente: elPeriódico [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

María Aguilar Velásquez
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