El ejercicio de verse a uno mismo

Eddy Roma entrevista a Gerardo Guinea Diez

“Es mirar al mundo, sus desgracias, su grandeza”. Eso dice este poeta de Casa de nosotros, su libro más reciente. El autor habla con Eddy Roma de estos poemas, de su papel como editor, y del aporte de la cultura en la construcción de la ciudadanía.
Las oficinas de Magna Terra Editores conservan, en estanterías, buena parte de los más de mil títulos publicados en 15 años de labores. Algunas portadas enmarcadas adornan las paredes. Un retrato del escritor Mario Monteforte Toledo, con quien les unió una relación muy estrecha, preside las labores en la sala de diagramación.
Los libros también están presentes en la oficina del poeta, novelista y editor Gerardo Guinea Diez, fundador y director de la editorial. A espaldas de su escritorio se encuentra el recorte enmarcado del diario mexicano La Jornada, en el cual se anuncia el fallecimiento de Cantinflas. Es en este ambiente donde se conversó con Gerardo acerca de su nuevo libro de poemas, Casa de nosotros, el cual será presentado por Letra Negra Editores esta semana.

Poeta en casa

Gerardo enciende un cigarrillo. “Yo empecé a escribir mis primeros poemas alrededor de los 16 años”, cuenta. “Creo que logré tener un libro de alrededor de unos 200, que se perdieron cuando tuve que irme a México. Retomé la escritura de la poesía alrededor de 1984, y de ese segundo intento ya más formal es que publico mi primer libro de poesía, en 1995, que se titula Horarios de lo efímero y lo perdurable”.
Su segundo poemario, Ser ante los ojos, obtuvo el premio nacional de poesía César Brañas convocado en 2000. En 2003 publicó en México el libro Raíz del cielo, y en 2006 resultó ganador del premio mesoamericano de poesía Luis Cardoza y Aragón, con Poemas para el martes. Ese mismo año comenzó a trazar los bocetos de Casa de nosotros.
“Fue un libro que empecé a trabajar a mediados de 2006. Lo trabajé como unos cuatro meses. Lo dejé y volví a él hasta el año pasado, cuando decidí que ya estaba terminado. Lo trabajé paralelamente con otro libro de poemas, que se llama Libro de las negaciones”.
“Este es un libro orgánico”, define, “en el sentido de que es la reunión de una serie de poemas en relación con un tema, al igual que mis tres poemarios anteriores. Casa de nosotros es la intromisión del poeta en la vida de un hombre y una mujer en una casa. Como dice un verso: ‘es un libro que habla de la vida y de la casa, como una especie de río que tiembla y se derrama’”.
Aclara que un libro de poemas no se escribe con un argumento en mente. “La idea central de Casa de nosotros es como un ejercicio de verse a uno mismo. Mirar adentro de la casa, de las cosas, de los objetos, de la memoria. Mirar al mundo, sus desgracias, su grandeza. Es un libro muy cargado de erotismo, y también de referencias a lecturas y la música”. Entre los nombres que convoca figuran el poeta Roberto Monzón, el narrador Ricardo Piglia y el pianista Oscar Peterson.

El poemario se divide en tres secciones, tituladas Ellos en reposo, Ellos, una virtud con cuerpo, y Ellos hacia lo que no se queda. El ritmo de los 994 versos que contienen impone la lectura de corrido. Recorre la intimidad, encuentros y complicidades de una pareja.
Los últimos tres versos del poema que abre el libro evocan el recuerdo de la puerta de una casa “como una canción lejana”. “Ese verso es como una instantánea”, explica Gerardo. “Es un ejercicio de nostalgia, cariñoso, entre ‘él’ y ‘ella’, llámense como se llamen. En ciertos momentos de la vida uno recuerda algo, y en ese algo hay un telón de fondo que es una música que a uno lo hace sentir bien, conectado con esa persona o con ese recuerdo”.
Finalizando el poema sexto de la primera sección, “ellos”, plenos de intimidad, piden algo que no los haga pensar. “Creo que todos alguna vez pedimos cosas”, comenta el autor. “Una buena novela, un buen libro de poemas, una música, un vino, una buena tarde de charlas para no pensar en lo que siempre estamos pensando”.
Aclara que los versos “él sufre ante la estridencia de los otros,/ allá afuera, afuera del muro/ con sus driles de odio/ con su antiguo anticomunismo” no corresponden a un retrato del autor. “Pero sí es la metáfora de lo que somos”, agrega. “Es un retrato de nosotros, un país tan lleno de estridencias y de ideas parvularias en lo político, con tantas supersticiones ideológicas que se enarbolan como banderas. No hay un diálogo real, sino que hay un odio o un anticomunismo sin sentido”.

Vida y lecturas

“Salí de tercero básico en noviembre de 1971”, recuerda. “Mi padre me regaló Q20, que en ese tiempo era una fortuna, y por una extraña razón no me fui a gastar el dinero con mis amigos. Decidí irme a una librería del centro que estaba en la 5a. avenida, entre 9a. y 10a. calles. Compré La guerra y la paz, de León Tolstoi. Luego Macbeth y Hamlet, de Shakespeare. A partir de ahí empezó mi carrera de lector, que no termina aún”.
Gerardo prefiere no hablar de su militancia política, que le costó un exilio de más de 15 años en México. “Lo que puedo decir es que fueron años muy difíciles, terriblemente duros. El costo humano y personal para mí fue alto. Lo que más lamenta uno es que el drama del país siempre lo vemos como derrotas ajenas, no como nuestras propias derrotas”, declara.
En México trabajó en la sección internacional del diario Uno más Uno. Fue secretario de redacción en el periódico El Financiero, en casi todas sus secciones. Ocupó el cargo de jefe de diseño de la revista política De Par en Par. Efectuó estudios de sociología en la Universidad Iberoamericana de México de 1990 a 1992, y cursó algunos semestres de la licenciatura en sistemas en la Universidad del Valle de México.
En el Distrito Federal coincidió con otros intelectuales guatemaltecos, como Julio Palencia, Carlos López y José Luis Perdomo Orellana. “Esos encuentros ocurrieron porque uno asistía a más de una actividad, una fiesta, donde fuimos coincidiendo. A Perdomo lo conocí en 1973, y nos reencontramos en una cantina del centro de la Ciudad de México, con Otto-Raúl González, 19 años después. Con Julio Palencia empezamos a hacer el proyecto de la revista Rayuela, de la que editaríamos 2 ó 3 números, y en ese afán fue que coincidimos con Carlos López”, recuerda.

El traslado de Rayuela a Guatemala derivó en el surgimiento de Magna Terra como editorial y la publicación de la revista de igual nombre. “Magna Terra fue un proyecto más aterrizado”, describe Gerardo. “Lo preparamos 3 ó 4 años, con más estructura periodística y con las ideas mucho más claras sobre lo que a nuestro juicio debe ser el periodismo cultural. En los últimos 10 años, el sector cultural del país es el único que ha sacado la tarea en términos de fortalecimiento de la identidad nacional y apuntalamiento del maltrecho estado de ánimo de la nación”.
Sin embargo, menciona, es como el invitado incómodo de la fiesta y al que menos presupuesto se le asigna. “El país y sus élites no terminan de entender que el papel de la cultura es fundamental en la construcción de una nueva institucionalidad republicana y un nuevo pacto político, en la medida que la cultura también es un vehículo para la construcción de la ciudadanía”.

Letras futuras

Este año el apoyo financiero del Fondo para el Fomento Editorial de Fundación Soros-Guatemala ayudó a la reactivación de la maquinaria literaria de Magna Terra Editores. Ello permitió la publicación de los Diarios de aprendices, de César Brañas, la novela Días amarillos, de Javier Payeras, y El cantar del tecolote, libro de dibujos del pintor Arnoldo Ramírez Amaya.
“Nosotros estuvimos tocando puertas, y a Soros le interesó la idea de apoyar la publicación de literatura guatemalteca”, declara Gerardo. Está en pláticas con Soros para ampliar el trato para lo que resta de 2009. La Fundación también brindó recursos a Letra Negra y F&G Editores.

Aparte del Libro de las negaciones, Gerardo tiene finalizada una novela que publicará con el sello F&G Editores. “Es una novela que ocurre el 11 de septiembre de 2001, el día que derriban las Torres Gemelas”, adelanta. “Sucede en un barrio, en un día, y lo que refleja son los dramas y los desgarramientos de los hombres provoca-dos por las ideas religiosas. El personaje principal es una mujer evangélica, obsesionada por atrapar el pecado en el mundo”.

Entrevista publicada primeramente en: /Magacin /Siglo XXI/

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