“El deseo principal y profundo de la poesía es sentirse libre”

Entrevista a Laurent Bouisset por el artista guatemalteco Erick González

Foto de Anabel Serna Montoya. Fotomontaje de Erick González.

“Como escritores, tenemos que extender o ampliar precisamente lo posible. Eso significa desconectarse… mandar el celular y la Internet muchas veces a la mierda… y explorar la riqueza increíble de nuestra propia soledad. Nuestra propia angustia frente a la muerte. Eso significa recuperar… re-encontrar momentos de autenticidad, al margen del discurso de millones de “likes” en el Facebook o en otros espacios de prostitución mental…”

Recuerdo haber conocido a Laurent alrededor de 2008 cuando participó en una lectura de poesía de Alan Mills en el Musée du Quai de Branly en París. Lo primero que capté de él fue que era un hombre de letras. Un escritor con una gran determinación y un marcado gusto por una especie de marginalidad culta. Personaje atípico en busca de personas atípicas… de letras atípicas.

Con el tiempo y de manera menos casual, comenzamos encontrarnos cada vez que pasaba por París y las pláticas se fueron moviendo de la literatura a la música, al arte visual, a la política, a los viajes… Laurent es de ese tipo de personas que se nutre de todo eso y que lo devuelve en sus textos siempre con un tono irónico, mordaz e inteligente.

Para hacer breve la historia, ese primer encuentro se convirtió en una amistad, en colaboraciones artísticas, en intercambio de ideas y más concretamente en la co-fundación del blog Fuego del Fuego, una revista que combina literatura y artes visuales. Hay que aclarar que yo no tengo ningún mérito en eso pues fue él quien desde el inicio se ocupó de enriquecer y diversificar el blog, de seleccionar, contactar y en muchos casos traducir a los artistas. El resultado es un abanico extraordinario de escritores, de artistas del performance, y de las artes visuales.

Laurent tiene esa capacidad de crear nexos entre artistas de diferentes disciplinas. Es como un constructor de puentes.

El intercambio de correos esporádicos que hemos mantenido en la distancia viene de un interés real sobre el trabajo del “otro”, de sus proyectos, de sus búsquedas, de sus frustraciones, etc. Luego nació la idea de una entrevista que de manera simple nos llevara al interior de sus procesos, sus reflexiones y sus dudas.

No quise preguntarle sobre sus textos sino más bien sobre todo ese carburante que usa para escribir.

El resultado es éste…

01. ¿Qué pasa en tu cabeza cuando escribís? ¿Qué funciona más?, ¿el pensamiento, el recuerdo, la imaginación?

El recuerdo es fuerte… y se mezcla con la imaginación, porque lo que intento contar no es la realidad realista, sino la realidad poética. Como los pintores impresionistas, no quiero representar exactamente las cosas como son, como pasaron… sino como yo las percibo, las reinvento, las re-escribo de manera poética. Así que escribir es también traducir. Traducir la realidad en ese idioma que cada día de mi vida trato de inventar, con muchos esfuerzos… miles de tachaduras… miles de golpes contra el viento… ¡contra los molinos más bien! hasta que aparezca, tímida en la oscuridad casi completa del mundo, aquella chispa frágil, intensa, rítmica –la que llamamos poesía– cuyo deseo principal y profundo es sentirse libre –es decir, sentirse acariciada por una mentira profunda… a veces susurrada por el vino blanco o la voz del viento en un tilo bosnio al atardecer…

Y sobre el pensamiento… pues claro que tiene su importancia. Paso muchos días, muchas horas de mi vida, leyendo filosofía, sociología, artículos de prensa, etc., para tratar de entender un poquito más el mundo… para tratar de entenderlo ¡un poco menos mal! Y que esto pueda dar forma a teorías, conceptos, ideas políticas de izquierda, análisis marxistas bien implantados en mi cabeza francesa cartesiana, tan dura… o más bien ¡tan testaruda! Pero cuando escribo, necesito arriesgar todo eso, necesito enterrarlo, callarlo, porque mi alimento principal no es la certeza -nunca podrá ser la certeza- sino la duda… la ruptura… la grieta… la fragilidad… la torsión… Como muy bien lo escribe mi excelente amigo el poeta guatemalteco Julio C. Palencia (exiliado desde el genocidio de los ochentas):

Alimento mis dudas,
las pulo,
las celebro;
la certidumbre me destruiría aquí mismo
y me mataría en vida.

02. Las lecturas te ayudan a entender mejor el mundo, como decís. Puedo deducir de esto que: intentando entender el mundo también intentás entender lo que no es el mundo…? ¿De qué lado se encuentra la poesía?

Puedes deducir eso, absolutamente. No puedes entender, saber, adivinar lo que no es una cosa, sino estudias bien, primero, lo que es. En la mayoría de los casos, en la vida diaria, vivimos sin precisión, pobres de exactitud que somos. Nos limitamos, nos conformamos a una visión rápida, o más bien sintética, del mundo. La razón principal, por supuesto, es la falta de tiempo. La vida huye a toda velocidad sin darnos la posibilidad de entenderla realmente. Entendemos después. Siempre después. O no entendemos nada… Y cuando no entendemos nada, como para preservarnos de la sensación de caos, inventamos, o más bien: repetimos una ficción. Una ficción que ya existía antes de nosotros. Una ficción llamada Dios, mito, doxa (palabra griega que significa : opinión común o mayoritaria en una sociedad).

Las dos actividades hermanas que son la lectura y la escritura (no puede existir una sin la otra) llegaron a la mente humana como un tipo de exceso, desde el principio. Un excedente del pensamiento. Del querer detener el curso normal de las cosas para darse el lujo de vivir en un barril como Diógenes, y, desde la locura de un lugar así… un lugar todavía oliendo a vino o a olivas… disecar la realidad del mundo con humor y pensamiento irreverente. Así es: leyendo libros o tratando de escribir libros, verdaderos libros, nos vamos metiendo en el barril… y pensamos las cosas como son. Analizamos la realidad como es. La comemos. La vomitamos. La masticamos otra vez antes de escupirla calmadamente para crear el espacio-libro donde se pueda imaginar otra. Punto crucial: la imaginación no es posible sin tiempo libre. Así que la capacidad imaginativa de una persona que no tiene ningún momento para pensar, para estudiar, para darse el lujo de cuestionar las cosas alrededor, la persistencia de esas ruedas aplastantes del mundo… resulta tristemente mutilada. Marchita. Apagada.

“las cosas más peligrosas no son las que ignoro sino las que creo saber”

Para que la imaginación vuelva a florecer… para que volvamos a imaginar bien… imaginar otro mundo… otra vida… otra manera de sentir, de percibir, de considerar, etc. hay que trabajar sobre las cosas y el lenguaje. Hay que experimentar -de una manera o de otra- el profundo desfase entre las palabras organizadas por el discurso común y la realidad profunda de las cosas. Lo que dice la gente de mí no corresponde a mi ser interior. Lo que yo mismo digo de la gente tampoco corresponde al ser interior de estas personas lejanas a mí. Algo aún más perturbador: lo que yo digo de mí mismo, lo que yo creo poder decir de mí mismo resulta muchas veces equivocado o simplista. Así que las cosas más peligrosas no son las que ignoro sino las que creo saber. Ilusión profunda y enferma llamada certeza, certidumbre, seguridad, etc.

El poeta verdadero siempre tiene sed de conocimiento. Sed de esos elementos inestimables que le permiten construir/de-construir la visión que tiene de la realidad.

Muchas veces, se contagia de esa enfermedad incurable que es la vida rutinaria y destructiva de la gente que acepta el discurso repetido por las voces mecánicas y perversas de la televisión, de los periódicos tontos y vendidos al capitalismo, es decir a una caricatura regresiva y pobre de la vida humana…

Trabajando sobre las palabras, sobre la insuficiencia de las palabras, de la gramática, de la ortografía, de la conjugación como ya existen -como existirán antes y después de él- vive en la búsqueda permanente y obsesiva de nuevos ángulos, nueva maneras de considerar los problemas, de nombrarlos y de lograr inventar -¡momento de alegría suprema cuando ocurre!- una línea de fuga bastante poderosa y rítmica, como para torcer las rejas y recibir en la nuca ese viento de liberación efímero y único… el que solamente sopla lejos de los territorios diabólicamente definidos y opresivos.

03. A tu parecer, tiene la literatura una función?

Tiene varias. Tiene muchas. Tiene que sacudir las funciones todo el tiempo. Cambiarlas. Inventar nuevas. Criticarlas. Sobrepasarlas. Y por supuesto, desafiarlas.

Pero… si vos me pedís escoger una… diría que la función de la literatura… es defender un espacio y un tiempo libres… donde se pueda pensar sin miedo… sin presión financiera o política… donde se pueda criticar todo… investigar todo… y, más que todo, dar importancia, -mucha importancia- a lo que no pasa. Lo que no existe. Lo que no puede ser. Toda esa parte imaginaria de la existencia humana. Todo ese deseo profundo y muy fuerte de construir un presente y un futuro imposible! una manera de vivir, de sentir, de pensar, que no quepa… así es… que no corresponda a los códigos de cemento de la supuesta realidad impuesta por las múltiples y falsas necesidades económicas y políticas.

Como escritores no tenemos que situarnos dentro de lo que es o puede parecer posible… No tenemos que forzar nuestras mentes a caber dentro de las rejas grises de lo posible reducidas a una vida de hámster girando en su jaula… Como escritores, tenemos que extender o ampliar precisamente lo posible. Eso significa desconectarse… mandar el celular y la Internet muchas veces a la mierda… y explorar la riqueza increíble de nuestra propia soledad. Nuestra propia angustia frente a la muerte. Eso significa recuperar… re-encontrar momentos de autenticidad, al margen del discurso de millones de “likes” en el Facebook o en otros espacios de prostitución mental…

La posibilidad de pensar sin validación inmediata no tiene precio, tomando en cuenta que el futuro va más allá de la euforia engañosa y trepidante del instante!

04. Aquí calificás el Facebook como un espacio de prostitución mental y en una respuesta fuera de la entrevista me decís que éste representa la era de lo rápido, del reconocimiento instantáneo, del “like” y del comentario de dos frases. ¿Es la literatura una especie de oposición a esa cultura de la “fast communication”?

Pues… para empezar, si el Facebook es un espacio de prostitución mental, debemos admitir, los dos, ¡que somos putas! porque lo utilizamos, ¿no? La única cosa que espero es que seamos, como muy bien lo decía Alan Mills,: « ¡putas cósmicas! »

Para contestarte de manera más seria, no creo que la literatura sea o deba ser una especie de oposición. Decir que es una oposición significa, para mí, limitar su definición profunda, restringiéndola a la vertiente oscura, negativa y fundamentalmente guerrera de la dialéctica.

Para resumir, yo creo que el Facebook -fenómeno fundamentalmente mayoritario- es nada, pero realmente nada en comparación con la literatura, la verdadera literatura, fenómeno fundamentalmente minoritario (como lo decía muy bien Deleuze). Cinco mil años de escritura. Cinco mil años de investigación desde el primer texto que fue la epopeya de Gilgamés sobre los misterios y profundidades de la mente humana, esta gran locura laberíntica bajo las estrellas… ¿A caso con la llegada de este virus de la tecnología llamado « Facebook » la literatura debería oponerse a él para sobrevivir o terminar mutilada bajo dos « likes»?

Yo creo que las cosas pasan al revés: la literatura ya tiene su temporalidad, su espacio, su margen, su ritmo a destiempo, su poder creativo lento y ambicioso, y es el Facebook y sus clones (Twitter, LinkedIn, etc.), que intentan oponerse a ese enfoque esencial para la humanidad. Es el Facebook que intenta parasitar un ritmo invencible que ha existido mucho antes y existirá mucho después esta tontería pre púber y narcisista. No tengo ninguna duda sobre un punto clave y muy simple: los verdaderos escritores… los que realmente tienen algo que decir… los que realmente sienten hasta enfermarse la necesidad de utilizar el alfabeto inventado hace miles de años para expresar cosas importantes, muy importantes para todos… nunca tendrán miedo del Facebook, por la única razón que este tipo de maravillas de la tecnología no les importa una mierda.

Lo que, en cambio, les urge… es hablar del crecimiento de una planta a pesar de la tierra seca… hablar de la muerte de sus padres, de su mujer, de sus hijos… de la destrucción de ciudades enteras y espléndidas construidas con paciencia y talento… hablar del genocidio de tantos pueblos desde el principio del siglo XX… desde el primer genocidio, el de los Herero y Namaquas en Namibia que casi todo el mundo olvidó o quiere olvidar, etc.

El problema de la literatura no es entonces oponerse, sino seguir haciendo lo que está haciendo, como un árbol robusto seguir creciendo a pesar de la guerra o la sequía. Seguir haciéndolo a su ritmo, sin preocuparse por el endeble frenesí del presente.

Pero después, viene otro problema grave: la tendencia actual a llamar « literatura » lo que no tiene que ver con la búsqueda literaria… lo que solamente sale así, de manera espontánea, sin exigencia ni pensamiento… Dos mil poemas nuevos cada minuto en el Internet. Dos millones de comentarios inútiles vomitados por las bocas multiplicadas de la ideología capitalista única y mundial… Dos mil millones de personas hablando al mismo tiempo para decir la misma cosa… Pero entonces, llega un escritor verdadero y dice sin gritar, sin Facebook, sin Internet, sin televisión… dice como en pleno desierto una cosa inestimable y única que ya no sabemos escuchar. Porque preferimos abrir los oídos a lo que tiene más « amigos » y « likes » pero que suele ocultar bajo el envoltorio moderno un vacío inmenso donde todos y todas más o menos estamos cayendo… ¿hasta cuándo?

05. A veces pareciera que hablando de la literatura también estás hablando del arte visual. Ocurre que dentro de este medio hay también muchos artistas que se adaptan a la facilidad y el “reconocimiento” instantáneo como decís en otra respuesta. Quizás todo eso venga de una poca exigencia de parte del público o de una falta de sentido crítico. En fin, en las redes sociales circula mucha información basura aunque imagino que en muchas editoriales también.

¿Qué buscás vos en un escritor? ¿Quiénes y porqué te seducen? Quizás no hablo de nombres (aunque podés dar algunos) sino de perfiles… ¿qué tipo de escritores te hacen abrirte un espacio de tiempo en una ciudad como Marsella y te abstraen de todo durante unas horas de lectura?

En Marsella, tuve la suerte de conocer a un escritor hondureño de alto nivel: José Manuel Torres Funes. Lo conocí en un centro cultural hispánico por casualidad, así que la casualidad ayuda mucho a veces… Empezamos a hablar y descubrimos muchos puntos comunes, a pesar de nuestras diferencias culturales. Unos intercambios muy importantes siguieron: traducciones, entrevistas, platicas en bares, vinos, lecturas públicas o en Radio Galère, etc. Lo que me parece muy interesante en su trabajo es su alto nivel de exigencia: José Manuel trabaja todo el tiempo en su obra. TODO EL TIEMPO. Y también todo el tiempo tiene dudas. Así es. Un escritor verdadero duda, sabe dudar y como sacar energía de la grieta de sus hesitaciones. Sabe corregir, corregir más y reescribir otra vez sin pensar en el cansancio, levantándose a las seis de la mañana si es necesario para encontrar tiempo, en medio de sus horas de trabajo como mesero, profesor de español o guía turístico (únicos trabajos que un intelectual de su nivel puede conseguir aquí, por ser hondureño en un país del primer mundo). También, otro punto clave, sabe mirar. Sabe observar. No solamente es novelista y poeta, sino también periodista. No ve fronteras entre estas tres cosas. Para él, estas se completan. Se enriquecen. Todo el tiempo, lo veo buscar experiencias para conseguir nuevos elementos esenciales, nuevos detalles que utilizará después en sus textos. La realidad es para él un terreno de búsquedas permanentes. Un punto de interrogación gigantesco cuyos meandros deben ser explorados, sin ningún miedo de encontrar contradicciones o paradojas. Al contrario. Todos los problemas que pueden ocurrir, todos los accidentes, todas las rocas en el circuito, todo eso que constituye la sal de la realidad debe ser percibido como oportunidades cruciales para bucear más profundo y rechazar los límites establecidos y vinculantes del arte.

“Un buen texto no parece literario. No parece arte.”

Otro escritor para mí esencial vive en México, en el Distrito Federal: Julio C. Palencia. Lo conocí gracias a la muy buena antología “Los nombres que nos nombran” realizada por Francisco Morales Santos en Guatemala. Cuando leí su poema “Aquí estamos nosotros”, tuve inmediatamente ganas de traducirlo al francés, aunque eso resultó un trabajo difícil. En la mayoría de veces, cuando descubro o siento la necesidad de un texto literario, es para mí un proceso rápido y casi instantáneo. Al contrario, cuando necesito construir una teoría muy complicada y forzada para inventarme una razón artificial de no-odiar un poema o una novela… es que siento un problema crucial en la estructura interna del texto. Así que el arte, el buen arte, tiene algo que ver, con la evidencia. Un buen texto no parece literario. No parece arte. Parece haber sido escrito sin ningún esfuerzo, sin trabajo. Así percibo muchos poemas de Luis Alfredo Arango, por ejemplo. Podrían haber salido del humo de cigarro de aquel campesino caminando con sus vacas, un día de niebla o de sol intenso. El que trata de su sombrero, por ejemplo:

Se me va el sombrero,
se me va en el viento
y lo dejo ir…
Que se empolve, que se rompa,
que los niños
lo recojan en un charco,
o le den empujoncitos
con la punta del zapato.
No es corona,
solamente es una sombra,
un murciélago
que huyó de mi cabeza.

¿Qué hay de complicado aquí? Nada. Y hay todo. Todo ese no-sé-qué mágico que busco en la poesía, la pintura, la música o el cine. Y pues… así son los mejores poemas de Julio C. Palencia. Así de simple. Salen de una experiencia de una vida extremadamente traumática -porque no podemos ocultar, hablando de su obra, su vida de militante político exiliado de su país Guatemala, desde el asesinato de muchos de sus familiares y compañeros de lucha al principio de las ochentas por el poder fascista… No podemos ocultarlo. El tampoco lo puede olvidar. Durante años no ha dormido, pensado en eso… en el asesino de su querida hermana Rosa Luxemburgo… y, a pesar de toda esta oscuridad, logra, no sé cómo hace pero logra escribir poemas tan sencillos como el siguiente:

ME LEVANTO CON EL ROSTRO APRETADO
en el pañuelo de la madrugada clara.

Un pájaro da brincos sobre mi balcón.

Quiere derribarlo con su pico.

Esta ave es una gran cosa
me mira sin saber que estoy aquí.

Y yo hago como que no lo veo
lo ignoro
me hago el loco.

Pero le abrillanto el plumaje
azul con el pensamiento
y lo saludo
y él me declara bienvenido
junto con el sol
de esta madrugada.

Lo que hay de fuerte aquí no radica en las palabras dichas, escritas por Julio sino en lo que no dice. Lo que no escribe. Todo este contexto inmenso. Toda esta biografía tumultuosa y desollada del tamaño de un país, por un solo instante eclipsada, puesta entre paréntesis por la aparición de un pájaro diminuto y gigantesco.

Así es el milagro poético en su más pura esencia: poder encontrar la solución -efímera por supuesto- a un problema inmenso, a una interrogación interminable y sin ningún límite espacial, en un solo grano de vida, un solo átomo de realidad percibida. Simplemente viene un solo pájaro en un balcón y se abre mucho más que una vida: una eternidad…

Pero no quiero dar la impresión falsa, o por lo menos incompleta, que estimo solamente a los escritores hispanos (muchos escritores rusos son también muy importantes para mí y podría hablar de ellos durante horas…), así que para terminar, quisiera mencionar también a un escritor francófono actual pero de origen alemán: Samaël Steiner y otro anglófono: Kamau Daáood.

Descubrí la obra del primero, gracias a la revista de Patrice Maltaverne, Traction-brabant. Me interesaron sus textos, desde el principio, por su no-correspondencia a las modas poéticas actuales en Francia. Nada minimalista. Nada conceptual o complicado-pretencioso tampoco. Algo vital y lleno de imágenes. Cosa muy importante para mí. Busco imágenes. Ritmos. Busco música y cine en la poesía. Samaël me regaló las dos cosas: un ritmo fuerte con un aire futurista ruso sin límites o restricciones, y también un arte talentoso de crear imágenes. De saber crear imágenes que puedan quedarse en la mente del lector, después de la experiencia de lectura poética. De hecho, entramos en contacto con Samaël, y escribimos un poema muy largo, un díptico, para ser más preciso: una parte suya y una mía asociadas en un solo grito de rabia y deseo de inmensidad. No puedo hablar más del proyecto ahora, porque no está totalmente terminado, pero así es que algo extraño está por venir. Algo como un libro Steiner-Bouisset o Bouisset-Steiner, un día traducido al español, espero, cuyo título provisional es: “Hotel Athena”.

¿Y Kamau Daáood entonces? Pues, este poeta vivió de manera muy directa los motines de 1965 y 1992 en el barrio negro de Los Angeles. Dice en el siguiente poema, que se DEBE ESCUCHAR en Youtube, para entender LO QUE ES para mí, una lectura de poesía : https://www.youtube.com/watch?v=1oI5XlZiSV4 : “I do no fit into form, I create form” / “No quepo en la forma, yo mismo creo la forma”. Este solo verso sintetiza para mí horas de plática y de reflexión, y pues… no me parece necesario saber hablar inglés para sentir la vibración, la desmesura, la intensidad, la rabia, la necesidad de su lectura tormentosa y entender que sus versos brotan de la sombra como leones furiosos y hambrientos en busca de un sol que devorar.

06. Y tú, ¿cuál es la principal materia prima que utilizas para escribir? ¿Es tu propia historia, son tus viajes, tus encuentros, tus desencuentros?

Durante casi diez años, estuve escribiendo y viajando por muchos países del mundo. Los textos de mi libro publicado en Francia –Dévore l’attente*- en 2015, fueron escritos en más de diez ciudades de diferentes países: Francia, Bosnia, Turquía, Guatemala, México, Guyana Francesa… Tengo el recuerdo de un periodo rocambolesco, lleno de excesos, de frenesí, de angustias e inestabilidades.

No quería tener una pareja porque buscaba la soledad como un alimento esencial… Necesitaba huir de todo… huir de la gente… huir de mí mismo y de todas las imposiciones sociales, como propulsado por un vendaval de versos para impedir la inmovilidad y el silencio… persiguiendo como un diamante inestimable ese aislamiento de un extranjero en un país desconocido… como si, para escribir, hubiera necesitado emociones fuertes… estallar… encontrar una manera de borrar fronteras y territorios… fascinado por la idea de encontrarme en lugares y situaciones fuera de lo normal… donde las palabras y los versos rugieran en mi cabeza como las notas rápidas y salvajes expulsadas por el sax de John Coltrane, el jazz man sobre quien escribí un poema de cincuenta páginas ahora resumidas a unas seis o sietes más intensas. Como si condensar, resumir fuera una manera de buscar más intensidad… o la mejor manera de encontrar la intensidad máxima… Una de mis ideas más locas – ¡tenía muchas, y sigo teniéndolas! – era concentrar toda la magia de un viaje, toda la locura de una noche de excesos en Turquía, en los bares de Estambul, en un solo poema… en unas solas gotas de alcohol poético…

Ahora, desde hace algunos años, mi vida ha cambiado. Me casé con una artista mexicana fabulosa, Anabel Serna Montoya, y tuvimos a una niña fabulosa también. Ahora he experimentado otra forma de vivir, más tranquila tal vez… sin tantos viajes… de hecho, ya no necesito viajar tanto. Ya no quiero viajar tanto, porque he cambiado también mi manera de escribir. Ya no necesito perderme en los bares de Madrid buscando como loco el amor extremo o encontrar una musa devastadora de un país lejano. Ahora, tengo a mi musa en casa. Mis dos musas, porque mi hija me inspira también muchos versos. El problema principal ahora es encontrar el tiempo y el espacio para dedicarme a la escritura… y la verdad no es imposible, basta con levantarse temprano para escribir junto al amanecer. Ahora utilizo, más que todo, mis recuerdos, mi historia personal tan densa, tan llena de encuentros inolvidables, de situaciones cruciales del pasado en América Latina, Europa o Asia. He llegado a un momento donde mi escritura necesita una pala para cavar en mi cerebro, como mi hija Maya Quetzal suele cavar en la arena de la playa del Profeta por las tardes en Marsella conmigo.

07. ¿Y qué el lo que te mueve a escribir?

¡La sed de dinero! ¡Fama! ¡Gloria! ¡Más que todo de un coche lleno de placer y porno en los boulevards chics de Miami!

Estoy bromeando…

Por el libro que acabo de publicar, he necesitado más de quince años de trabajo para terminarlo, y me permitió ganar ¡cincuenta euros! Quince años de trabajo para ganar cincuenta euros… ¿qué es entonces lo que me mueve a escribir?

¿La sed de conquistar una imagen social positiva? ¿La sed de ser reconocido como escritor? ¿De acumular los contactos y así alimentar el pozo sin fondo de mi narcisismo neurótico?

Tal vez, tal vez…

Puede ser que los motivos escondidos de la escritura poética tengan algo que ver con una niebla patológica profunda y muchas veces callada por los poetas de izquierda, porque les gusta ser percibidos como sujetos morales e incorruptibles…

Pero… pero… pero… siendo consciente de toda esta bruma… toda esta parte enterrada y poderosa… quiero arriesgarme a mencionar también… mencionar más que todo… la imposibilidad profunda de aceptar el mundo como es. Como sigue siendo asqueroso, a pesar de todos los esfuerzos revolucionarios de los siglos pasados. A pesar de todos esos esfuerzos revolucionarios que muchas veces crearon traumas aún más asquerosos. Pienso en lo que pasó en Camboya, por ejemplo… Los supuestos liberadores se hicieron demonios.

(…) no es poca cosa mantener una disciplina artística exigente y digna frente a la oscuridad. Por lo menos eso me permite no hundirme en la destrucción nihilista…

El deseo profundo de destruir la lógica capitalista fracasó totalmente durante el siglo veinte. Lo que triunfó, es eso… lo que tenemos ante nuestros ojos consternados… un mundo donde los seres humanos de los países pobres se ahogan, se asfixian, se humillan, tratando de unirse a los países ricos de Europa o de América del norte. Claro que mi trabajo poético nunca va a cambiar nada de eso… Claro que mi trabajo poético es totalmente inútil frente a eso… pero me permite explorar, sondear, investigar la profundidad de mi sentimiento personal de impotencia, de frustración, de fracaso personal y humano frente a una realidad cada día que pasa más inaceptable.

Me sigo diciendo -¿hasta cuándo? ¡no sé! ¿hasta que me consuma el cinismo occidental totalmente?- que no es poca cosa mantener una disciplina artística exigente y digna frente a la oscuridad. Por lo menos eso me permite no hundirme en la destrucción nihilista… Me permite seguir con la idea de que las cosas tienen un valor. Que los seres humanos tienen un valor. Y que no podemos dejar que los minutos, los segundos, se vayan perdiendo sin aprovecharlos realmente… sin vivirlos profundamente… sin hacer del poco tiempo que tenemos, algo… estimable.

Un verso de otro amigo mío, el poeta guatemalteco Alan Mills, sintetiza eso muy bien en su gran poema “Síncopes”: “¿Quien hará algo estimable?” Eso me parece ser el problema principal… ¿Cómo seguir haciendo algo estimable, en un mundo donde los valores se van destruyendo cada vez más? ¿Cómo seguir con una postura ética, mientras el buitre del cinismo nos va devorando cada vez más las entrañas? Seguir escribiendo significa para mí seguir respirando. Seguir pensado que la vida no ha perdido totalmente su honor… Aún queda algo. Un grano diminuto frente a una aplanadora. Este grano ridículo e ingenuo sigue pensando que es él quien va aplanar la máquina. Este grano, soy yo. Somos nosotros. Sabemos que vamos a perder. Que ya hemos perdido. Sin embargo, seguimos mintiendo a la realidad, seguimos desafiándola, creando obras.

8. Háblanos un poco de tus lecturas públicas, yo me he dado cuenta que a menudo ésta se mimetiza con el arte del performance. El poeta se vuelve una especie de “rock star” y le da una nueva dimensión al texto, por su gestualidad, por su ritmo, por su “flow” y por su “mise en scène”. Que es más excitante? ver un texto propio publicado o presentarse en público? Encuentras en esto una conjunción de tu lado musical con tu lado escritor?

Muy bien, vos decís las cosas: encuentro en esto una conjunción de mi lado musical con mi lado escritor… pero… ¿sabés qué? Aunque me guste mucho leer mis textos en público, leerlos con una energía que viene del rock, del free-jazz, o de cualquier tipo de música intensa… aunque lo disfrute mucho, que sea en un bar, en un cine, en un teatro o en Radio Galère…** aunque, aunque, aunque… me estoy cuestionando sobre el significado real de todas esta actividad de lecturas frenéticas… Con la experiencia, me estoy dando cuenta que leer un texto así permite tener acceso a las tripas del lector, mucho más que a su cerebro. Durante esos momentos de “performance”, intentamos impresionar al público. Intentamos crear un efecto shock, eficiente, persuasivo más que convincente… hasta llegar a tocar alguna zona profunda y escondida de su subconsciente… entrando así en un tipo de transe… pero… pero… pero… ¿no es eso lo que intenta hacer la publicidad también? ¿No es ese juego con el subconsciente de los consumidores que busca el capitalismo planetario en sus numerosas manifestaciones?

Me parece, pero sólo es mi opinión actual… que un lector, frente a un texto impreso sobre papel, recurre más a su conciencia crítica que frente a un “performance” ostentoso y tal vez manipulador. Así que me estoy cuestionando sobre la posibilidad, para un cerebro humano, de concentrarse de una manera realmente pertinente, frente a un texto leído en vivo con una escansión rápida y a veces violenta… Lo bueno del momento de “performance” es que te hace sentir… te hace intuir… Sin embargo, es el papel que te permite pensar, analizar, encontrar una distancia sana y critica frente al texto propuesto. Esta cosa antigua y pasada de moda que se llama: el papel… así que el exito de la lectura publica no estará totalmente en contradicción con la disminución preocupante del sentido critico libre…

Tal vez me van a agredir algunos artistas, después de haber leído eso, confirmando que acabo de hacer más o menos bien mi trabajo de escritor desestabilizador… Si me dan un “like”, ¡puede que me sienta mal! Así va la vida del poeta fatalmente masoquista y sospechoso frente a sus contemporáneos… y solamente dispuesto a ¡brindar con el futuro! Pero como muy bien lo decían los Sex Pistols: “No hay futuro”, así que… ¿a dónde vamos?

9. Qué te hizo el viaje a Guatemala, ¿el haber descubierto algunos -muchos- escritores guatemaltecos?

Yo recuerdo haber viajado dos veces a tu país: la primera vez, me sentía muy mal (por razones personales y artísticas)… La segunda vez me sentía muy bien (por razones personales y artísticas también) pero me molestaron muchas cosas… La razón es que el primer viaje lo viví como un tipo de detonador personal y poético; me lo tragué como una pastilla de droga explotando en mis venas con la potencia y el calor de un sol hecho música. El segundo, sin embargo, fue más profundo, más crítico y más analítico, porque tomé menos alcohol y pasé más tiempo pensando en el destino trágico de este país maravilloso explotado hasta la médula por los intereses económicos de los países ricos.

Por ejemplo, recuerdo haber leído en San Pedro Atitlán aquella frase escrita en inglés en la fachada de un restaurante turístico: ¡GREAT FOOD WITH A GUATEMALAN TOUCH!

Si hacemos el esfuerzo de pensar un poco, si dejamos de admirar la belleza sin comparación del lago rodeado de volcanes impresionantes… o más bien, si dejamos de ser aspirados por la apariencia luminosa de las cosas -esas que quieren comprar los turistas- resulta que aquella frase la vomitaría, porque significa que existen dos cosas separadas : lo que llaman : « GREAT FOOD », es decir : «ALTA COCINA » y después, este « GUATEMALAN TOUCH », es decir: ese pequeño suplemento de exotismo local que se puede añadir a la ALTA COCINA GRINGA como para salpicarla de algo discreto pero eficiente… algo ligero y controlado… un tipo de magia limitada y encerrada… que no destruya ¡por favor! la alta calidad de las hamburguesas norte-americanas.

Así es el indio para muchos turistas de los países ricos: puede aparecer un ratito, si se porta bien, si no está borracho, por supuesto, si no pide limosna de forma demasiado agresiva… Con su sonrisa auténtica y simpática, con toda la extrañeza de su dentadura aproximada y, sobre todo, con el fuego de alegría de sus mantas y cubrecamas multicolores que saben cómo regalar a nuestras vidas depresivas y aburridas ese « GUATEMALA TOUCH », esta pequeña cosa turbia y llena de mierda que nos permita no suicidarnos antes de Navidad.

Mirando a esos numerosos turistas gringos sintiéndose en la orilla del lago Atitlán como en un lugar casi controlado y conquistado por su poder adquisitivo… la verdad no me sentía muy bien.

No siento ninguna gana de escuchar a Pink Floyd, fumando mota y sintiendo que me entra por diversos orificios la plenitud cósmica y chamánica del lugar…

Enojado y lleno de agresividad, empiezo a olvidar la belleza de las estrellas, a insultar a la luna si pasa por desgracia que le vea la cara, consciente de que me quedan dos opciones: o dar patadas y terminar ensangrentado, o pensar otra vez de manera más constructiva en la fuerza, la precisión y la exactitud del poema de Julio C. Palencia:

¿Es bella Guatemala?, me preguntan,
toda geografía es cansada, se agota,
es nada mientras un ser humano someta a otro,
o un niño tenga hambre.

De hecho, antes de conocer este texto corto e incisivo, yo había escrito un poema titulado « Atitlán (en suspensión)», traducido al castellano por mí amiga la traductora y artista plástica Alba Marina Escalón:

Vi en Santiago Atitlán
A un joven de unos quince años
Perder toda dignidad
Para estafarme por treinta quetzales
O sea, tres euros nada más…

Y luego…

Dos viejitos costarricenses
Con el vientre vacío y la mirada dulce
Hacerme llorar por apenas
Cincuenta centavos… es decir
Ni siquiera las monedas gastadas
Que olvidamos en los pañuelos sucios
Allá en Francia.

Y luego…

Disfruté del lago más bello del mundo
Del esplendor de sus aguas
Al parecer contaminadas…

Me dejé moldear un largo rato
Por la calma de los volcanes
Circundantes… pero

Cuando volví del ensueño…

Me tuve que preguntar qué peso
Tenía este festín visual

Ante los ojos de los que
Por las calles
Persisten todavía…

Persisten dos días más…
Dos noches…
Dos vidas… para

No hacer más que… digamos
Arrastrarse para sobrevivir…

Así que, hablando del hambre y de la necesitad de arrastrarse para sobrevivir, volvemos al tema literario… cosa, para mí lógica, por dos razones: primero, porque la literatura, tal como la defiendo, tiene realmente algo que ver con eso… con la necesitad de sobrevivir… y de luchar para dar plena voz a los “nadies” –para utilizar la expresión de Eduardo Galeano… dar plena voz a los que se arrastran realmente, sin metáfora ninguna, para sobrevivir… En segundo lugar, porque la relación “pasional” que tengo con Guatemala, desde el principio -el primer encuentro con Alan Mills y con vos en el museo du quai Branly en París- ha sido, principalmente literaria.

Capitulo uno: “Síncopes” de Alan Mills surgió en mi buzón (mandado y traducido al francés por Alba Marina Escalón) como una ráfaga de guitarra eléctrica (Hendrix, John Frusciante, o algún músico “clásico” del futuro…) Como la ráfaga fuerte y enérgica que me hacía tanta falta en Francia, donde el mundo poético se hizo más o menos deprimente…

Luego, descubrí y me gustó mucho el poema ”Soledad brother” de Javier Payeras porque contenía visiones intensas y asombrosas -pienso en particular en la primera estrofa- “no hay nada más hermoso —por ejemplo— que un motín de reos al atardecer, el rostro del asesino de un presidente o una mujer menstruando en un hotel barato »… Desde los primeros versos, se siente que el poeta no está jugando. Se siente algo vivido. Algo que viene tanto de la carne como de las calles. Algo directo que te ataca el corazón como aquel poema corto y afilado de Roberto Monzón:

Despido mutuo

Te dan dos patadas en el culo
te dicen -muchas gracias
por todos sus servicios o vicios
y a volar; no lo necesitamos más-

Te encuentras en la calle
sin un solo centavo,
sin tan sólo un petate
donde caer muerto,
ni madre, ni perro que te ladre
ni dulce mujer que te consuele
y mejor si te diera de comer
y cama
y cuerpo y te llenara de placer.

NADA.

No tienes nada y por lo mismo
te sientas en la acera, plenamente
impecable, con la camisa sucia,
te das una siestecita, sonríes
satisfecho, agarras de la mano a la VIDA
y ya no piensas más.

La fuerza de un texto así me parece menos poética o literaria que vital. De hecho propuse una traducción a una revista francesa y lo rechazaron porque lo consideraron como « no-literario », como « demasiado directo », y tal vez tienen razón… pero la verdad es que me da igual el prisma estrictamente literario. Me interesa más la emoción humana y tal vez « anti-poética » que siento en la escritura de Monzón, mientras que lamento, en Francia, la inutilidad profunda de muchos poemas recientes escritos por autores insípidos y sin tripas –pero no hay que ser demasiado fatalista… « A change is gonna come ! » como lo cantaba muy bien Otis Redding. ¡Las cosas están al punto de cambiar! ¡Las cosas ya van cambiando! con la llegada de varios poetas jóvenes mucho más interesantes como Grégoire Damon y Sammy Sapin (creadores los dos de la revista estimulante www.realpoetik.fr). Pero, volviendo a lo de Guatemala, país extremo lleno de urgencias e injusticias… puedo afirmar sin exagerar -aunque me encanta la exageración- que allá recibí numerosos golpes en plena cara leyendo los versos de varios poetas del pasado como Manuel José Arce, Luis Alfredo Arango, Otto René Castillo, Luis de Líon, etc., y de algunos escritores más recientes como Vania Vargas, Rosa Chávez, Regina José Galindo, Rafael Romero y otros más que se pueden ahora leer en francés en el blog Fuego del fuego (www.fuegodelfuego.blogspot.com) donde trato de publicar traducciones cuando tengo tiempo, para crear entre los dos continente un tipo de puente precario pero esencial -en mi opinión- para atizar los intercambios, alimentar el fuego del fuego artístico y regalar a la poesía mundial la magnitud transnacional -¿la podremos llamar un día intergaláctica?- que merece y cultiva cuando resiste tanto a la tentación del gran vacío conceptual como al deseo neurótico de verse como el ombligo del mundo en vez de hablar de lo que Iggy Pop llama : « Lust for life ! », en francés : « Rage de vivre ! », en castellano : « ¡Ganas de vivir! »

“El verdadero escritor no tiene opción. No puede no escribir.”

10- Y para terminar: Según tu parecer, un escritor se hace o se descubre?

Se hace. Se hace cada día. Se hace todo el tiempo. Nunca se termina de hacer. Nunca está hecho. Un solo día de desconcentración y el escritor se deshace… se descompone… se destruye… Ser escritor no es algo deseable. No es algo bueno. Es algo terrible. Algo como una responsabilidad permanente, exigente, insoportable. El verdadero escritor no tiene opción. No puede no escribir. No puede cambiar de camino. Tiene que avanzar con este SuperYo horrible y autoritario en la cabeza. Por supuesto, su vida no produce el nivel de dolor físico de la un obrero… un minero… pero nunca hay descanso para un escritor verdadero. Nunca hay un descanso posible. José Manuel Torres Funes puede decir que sí, que se está descansando con su familia, con sus amigos, pero dentro de su cerebro en ebullición, la maquina sigue trabajando. Sigue analizando. Sigue reprochándose los defectos de un fin de capitulo escrito demasiado rápido y con facilidades de estilo, etc. Nunca hay satisfacción para un escritor. Nunca hay descanso, tampoco en la playa. Tampoco con el alcohol, que al contrario puede acelerar las ganas de escribir versos improvisados de repente. Nunca un escritor está hecho. Nunca puede decir: “Ya. Ya está bien.” Es lo que uno entiende, leyendo el diario de Kafka, por ejemplo, pero podríamos pensar en la cantidad de trabajo realizada por un escritor como Dostoyevski en una sola vida humana, con crisis de epilepsia cada semana y además problemas de dinero. Todo eso, se habría de entender y masticar, antes de ser devorado por el deseo de fama, de éxito o de recibir “likes” de miel en su computadora querida.

11- Y bueno, disculpa, una última, no puedo dejar de hacer la pregunta tonta y oficial: ¿Qué le recomendás a los escritores que comienzan una carrera? ¿Qué es lo que no hay que olvidar en la práctica literaria?

Recomiendo inventar el camino en vez de escogerlo. Recomiendo no olvidar el valor incomparable de la soledad y la necesidad extrema de escribir poesía fuera del mundo poético, fuera del pequeño mundo protegido donde uno se mete a veces, en las fauces de la vida misma. Y sobre todo: escuchar… escuchar mucho… mirar todo… hacer todo lo contrario de lo que acabamos de hacer: olvidarse de hablar.

 

* Devora la espera
** Radio alternativa de Marsella.

Fuente: [http://fuegodelfuego.blogspot.mx/2016/12/entrevista-laurent-bouisset-por-erick.html]

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