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Cuando me invitaban a las cenas, las señoras «bien» de Guatemala siempre me preguntaban: «¿Cómo te parece Guatemala?» Les contestaba: «bellísimo, pero que lástima que haya tanta miseria, con tantos niños desnutridos y enfermos, y que coman siempre las mismas cosas». Me respondían: «No comen carne ni verduras, porque no les gusta, no están acostumbrados, ellos comen sólo frijoles y tortillas».

Conocí mucha gente de izquierda y extrema izquierda. Grandes intelectuales y muy progresistas, que lamentablemente muchos de ellos ya no están, porque fueron asesinados en el periodo de la represión. Cuando llegué a Guatemala yo no hablaba español, pero en tres meses lo aprendí.

Me quedé en Guatemala unos meses más después de su muerte, empaqué y mandé a Italia muchas cosas de mi casa, alquilé la casa, organizando todo lo necesario para mi regreso a Italia. Los primeros tiempos en Italia tuve una gran depresión, empecé a trabajar en la empresa de familia. Poco a poco fui recobrándome.

Admin Narrativa