Vidas hechas de plástico

¿Cuándo nos convertimos en una sociedad hecha de plástico?

Marcela Gereda

Casi todo lo que consumimos está constituido por el plástico: bolsas plásticas, utensilios plásticos, vasos plásticos, empaques plásticos, juguetes plásticos…

Es apenas hasta hace una generación que todo lo que compramos en el supermercado viene empaquetado en plástico. Cada día en Estados Unidos se tiran más de 88 mil toneladas de plástico.

En el mar Mediterráneo, los resultados publicados en la revista Marine Environmental Research indican que de 71 muestras recogidas en la superficie del mar, hay unas 147 mil 500 partículas de plástico por cada metro cuadrado. Si se extrapolan estos datos a todo el Mediterráneo, los investigadores estiman que hay alrededor de 1,455 toneladas de plástico, solo en la superficie.

Por ello la Organización de Naciones Unidas (ONU), a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), ha hecho una declaración que apunta al plástico como una amenaza global para los ecosistemas y la salud humana.

Diversos científicos se han dedicado a estudiar este material creado por los humanos y que contiene petróleo, dañino que contiene residuos tóxicos y es altamente peligroso para la tierra, el medio ambiente y los humanos.

Mientras más recursos económicos tiene una familia, mayor es el volumen de basura y sobre todo de plástico que se genera y que se tira. Muy pocos parecen estar conscientes de que el plástico es una sustancia que la tierra no puede absorber o digerir y que la mayoría de este termina en los océanos. Cada fragmento de plástico que ha sido creado sigue existiendo sobre la faz de la tierra.

En Nueva Zelanda, una de las cosas que más me llamó la atención de esa sociedad es su manera de gestionar la basura y de reciclar. Por ley, cuesta muy caro tirar basura y los ciudadanos están obligados a reciclar. Si uno no separó la basura (vidrio, cartón, plástico, orgánico, etcétera), el camión no lo recibe y hasta uno puede tener multas. De esta manera, no solo la gente piensa y se organiza antes de tirar la basura, pero sobre todo se obliga a pensar en cómo va uno a tirar los envoltorios de lo que consume. En ese contexto, las bolsas de tela no son una opción, sino una norma.

Dice el periodista español Ignacio Ramonet: “nuestro planeta no dispone de recursos naturales ni energéticos suficientes para que toda la población mundial los use sin freno. Para que siete mil millones de personas consuman tanto como un europeo medio se necesitarían los recursos de dos planetas Tierra. Y para que consumieran como un estadounidense medio, los de tres planetas”.

Recientemente en un poblado a las orillas del lago de Atitlán, San Pedro la Laguna, la Municipalidad publicó un acuerdo en el que se prohíbe la venta y distribución de bolsas plásticas, duroport, pajillas y derivados para tratar de frenar el desastre ecológico que está matando el lago. La norma es que los habitantes vuelvan a ir al mercado con bolsas reusables y reciban sus productos en hojas de plátano, como se hacía antes.

Esta iniciativa de la Municipalidad pedrana tzutujil puede ser un referente sobre el cual hacer y gestionar política pública para una sociedad que no tiene sólidos sistemas de reciclaje y está inmersa en lo que ya es una catástrofe ambiental.

Aunque hace poco se presentó una ley en el Congreso para regular el uso de bolsas plásticas, esta parece desechada por la corrupción y el oscurantismo de los diputados. He escuchado a gente supuestamente “educada”, pero altamente inconsciente decir que las bolsas plásticas “facilitan la vida y son parte de la vida moderna”.

Las bolsas plásticas son una aberración de una farsa de modernidad inyectada e inflada por un capitalismo que vacía de contenido la vida de las personas y llena de mercancías innecesarias su vidas.

Ya lo han dicho varios investigadores: “si no modificamos rápidamente el modelo de producción dominante, impuesto por la globalización económica, alcanzaremos el punto de no retorno a partir del cual la vida humana en el planeta dejará poco a poco de ser soportable”.

Saturados de basura, embarrados de consumos artificiales, destilando plástico sobre los cuatro elementos de la tierra seguimos caminado sobre un planeta que estamos agujerando y llevando al punto de no retorno. Ensuciando y vapuleando nuestra única casa, así pretendemos tirar la pacaya a los que vendrán después de nosotros.

Mientras más recursos económicos tiene una familia, mayor es el volumen de basura y sobre todo de plástico que se genera y que se tira.

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda