Toxicidad en el Centro Histórico

Mario Roberto Morales

Vecinos en espera de autoridades de salud pública y ambiente.

Tal como lo denuncié en mi artículo antepasado, la planta industrial recién colocada en la Avenida Elena “C” 14-38 zona 1, ha empezado a funcionar a todo vapor, expeliendo por su recién construida chimenea un amarillento humo asfixiante con claro hedor a productos químicos, así como densas nubes de “nieve negra” como las que producen los ingenios azucareros en la época de la zafra, la cual ennegrece los pisos y los techos de las casas colindantes. Pero esto no es todo. La planta emite un ruido ensordecedor durante el día y la noche, incluidos los fines de semana.

El miércoles 11 de septiembre hablamos por teléfono con el Alcalde Auxiliar de la zona 1 de la Municipalidad capitalina, quien nos prometió enviar inspectores la semana siguiente (es decir, la que ya pasó) pero no vino nadie. Luego lo llamamos de nuevo el jueves 19 y nos dijo que intentaría venir ese mismo día o al siguiente. Esta es la hora en que nadie se asoma a inspeccionar esta tóxica situación contaminante, que además es ruidosa, y por eso mismo también denuncié el ensordecedor volumen al que desde hace poco más de un mes suena la música de un prostíbulo que se ubica en la Avenida Elena entre 14 y 15 calles, el cual empieza a las diez de la mañana para acabar a medianoche o más tarde. A esto se agrega que los parroquianos del burdel –por razones difíciles de comprender– no orinan dentro de su templo de diversión sino en los árboles de la calle, provocando una pestilencia que hace que los transeúntes hagan caras de desagrado por las mañanas, cuando pasan hacia los colegios con sus hijos de la mano. También hay que soportar que quienes llegan en moto a divertirse al alegre antro, estacionen sus aparatos sobre la acera, obstruyendo a menudo las puertas de entrada y obligando a los transeúntes a bajarse a la calle para proseguir su marcha.

Este es un problema de salud pública, pues la contaminación por sustancias tóxicas y ruido perjudica a los residentes de esta área del Centro Histórico, en cuyas cercanías funciona el teatro de Bellas Artes (al que asisten regularmente escolares), el hospital San Juan de Dios, el Instituto para Señoritas Casa Central y el Centro Cultural Universitario (conocido popularmente como Paraninfo), instituciones cuyos edificios constituyen emblemas del Centro Histórico y cuyas funciones no se avienen ni a la actividad industrial contaminante del ambiente ni a la diversión para adultos ligada al consumo de alcohol y el comercio sexual. Tanto la primera como la segunda son actividades legales en Guatemala –y yo no me opongo a ellas–, pero existen leyes que rigen su desempeño, y me parece que, sobre todo dentro del Centro Histórico, estas leyes deberían observarse. Solicito, por todo, al Alcalde Auxiliar de la zona 1 y a los inspectores del Ministerio de Ambiente, venir a evaluar de urgencia esta situación contaminante, pues se sabe que aspirar “nieve negra” es letal para la salud, así como lo es la privación prolongada del sueño por causa del ruido constante.

Sé que el Centro Histórico es un sector devaluado de la ciudad y que no todo forma parte del interés empresarial que controla la Sexta Avenida y sus adyacencias. Sé también que toda la capital es ya una mera prolongación del mercado La Terminal. Pero sé asimismo que las alcaldías auxiliares capitalinas, así como el Ministerio de Ambiente, existen para combatir excesos como los que ahora denuncio, y por eso sigo en espera de que sus autoridades por fin se dignen visitarnos.

 

Mario Roberto Morales

Mario Roberto Morales

Mario Roberto Morales es escritor académico y periodista. Autor de novela, ensayo, cuento y poesía. Es doctor por la Universidad de Pittsburgh y profesor en la Universidad de Northern Iowa. Es Premio Nacional de Literatura en Guatemala.
Mario Roberto Morales