Solidaridad en la lucha

Podemos dirigir nuestra mirada hacia un mismo horizonte, unir y solidarizarnos en nuestras luchas.

Marcela Gereda

¿Podemos construir otro sistema económico, uno que no promueva más los monopolios, sino la libre competencia? Para ello es necesario que nos articulemos y que veamos y pensemos fuera del huacal. Como punto de partida, podríamos empezar a asumir que la verdadera trasformación, es decir la verdadera revolución es cambiar nuestra manera de entender la realidad y nuestra posición en la sociedad.

Para el filósofo político, Michael Hardt, el proyecto por el bien común puede articular un movimiento social constituyente en la lucha y defensa por bosques, agua, tierra, cultivos y en contra de la privatización de los recursos comunitarios.

Es este un tiempo líquido en donde los bienes comunes y naturales padecen la avaricia y ambición del mundo capitalista, que con su “mano mágica” ha privatizado todas las dimensiones de la vida humana, y ha convertido los bienes naturales en mercancías, negociables.

Un pilar de los engranajes del capitalismo en su reproducción es el hacerle creer a las mayorías que este es el único modo de vida posible, a través de la publicidad, nos venden la idea de que la felicidad viene con la propiedad, acumulación, consumo, y ello lo convierten en insignias o emblemas de la identidad de las personas. Tan es así que el capitalismo nos hace creer que somos lo que poseemos.

A pesar de esta campana de plomo llamada capitalismo que define quién vale y quién no y que da la pauta del lugar que ocupamos dentro de la sociedad, y que determina a todas las poblaciones del mundo de hoy, hay a lo largo y ancho del planeta ejemplos de luchas colectivas que construyen desde el bien común.

Hoy varios colectivos campesinos asumen la defensa de los recursos naturales (bienes comunes), la lucha por la defensa de la vida.

La Asamblea Social Popular y Codeca han denunciado la apropiación privada, la contaminación, la privatización y mercantilización del agua y otros bienes comunes, y cuestiona un Estado y un modelo de desarrollo estructuralmente violento, desigual, responsable de la apropiación y el despojo de los recursos naturales.

Para muchos campesinos de diversos colectivos, construir desde lo común es un principio irreductible e inalienable. Ellos saben que la “nueva política” no puede seguir transitando por viejas estructuras que están oxidadas, corrompidas, sucias. Resulta imprescindible rehacer la confianza para que la lucha por el “bien común” vaya ganando en el terreno de lo social y de lo político.

La recuperación de los recursos públicos es imperante, porque precisamente lo público nos constituye como ser comunitario en la relación con los espacios, los bienes y la memoria. De ahí que la privatización de lo público tenga como prioridad transformar nuestros espacios en lugares amurallados, en pueblos sin memoria.

Aquí los pueblos originarios desarrollaron procesos históricos de gobiernos comunitarios. Aquellas formas de gobernar se derivaron de sus relaciones históricas con la Naturaleza, con el territorio concebido como fuerza de lo vivo, como cuerpo. A diferencia del capitalismo que pone al humano hasta arriba de la pirámide y que no ve a las otras especies como iguales, los campesinos han entendido al humano como un elemento más dentro de un gran ecosistema, esta lógica puede ser una guía para solidarizarnos en la lucha.

Es cierto que carecemos de liderazgos, pero también es cierto que acaso (dadas las condiciones históricas y políticas) el único liderazgo político actual y legítimo es el poder y la organización colectiva. Claro, esta debe de ser autónoma.

¿Podemos como sociedad civil hegemonizar sobre la sociedad política? La soberanía reside en nosotros. Y el poder para fiscalizar a los funcionarios también. Podemos dirigir nuestra mirada hacia un mismo horizonte, unir y solidarizarnos en nuestras luchas, yendo a la raíz, a los problemas estructurales, a las cuestiones de fondo, a lo que no logramos ver pero que son los hilos que han movido al país durante toda su historia.

Las comunidades en resistencia que han sido invisibilizadas por el Estado y hoy intentan construir economías locales, son en sí los móviles y posibles arquitectos de un nuevo horizonte de país. Esas acciones que ya se están haciendo en otros lugares para luchar contra las grandes corporaciones, pueden tener eco aquí y mover nuevas voluntades, recursos, convertirse en plataformas para transformaciones sociales y nuevas formas de solidaridad en la lucha.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/03/05/solidaridad-en-la-lucha/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda