Síndrome del colmoyote

Danilo Santos

Carmelo se levanta como siempre, con la cabeza puesta en el trabajo y en que lo que éste le rinde no le alcanza, tiene la sensación de estar alimentando más bocas de las que ama. Josefa camina a la parada de bus con la sonrisa de su hija reforzándole positivamente las ideas, aunque sepa que por mucho que limpie y barra lo que recibirá a duras penas los mantendrá con la panza tranquila. Al Igual que José, oficinista; Gloria, locataria; Annelise, locutora; Raymundo, taxista; Joel, emprendedor; María, secretaria; Yolanda, maestra; Carlos, periodista; “el” Bryan, lustrador; Elpidio, María José, Andrés, Wosbeli, Ricky, Fabiola, Benji, y muchos, pero muchos en Guatemala que sienten están dando de comer a larvas que han sido depositadas dentro de ellos sin que se dieran cuenta.

No hay descanso, luego de haberse alimentado vorazmente y cuando han tomado todo lo que necesitan para surgir a la vida, inmediatamente les inoculan otra.

Estamos llenos de colmoyotes por todo el cuerpo, todos los días, durante los siglos de los siglos, y hasta pareciera que al final decimos “amén”. No basta con sacarse el gusano para que no se siga alimentando de nuestro cuerpo, o darnos cuenta a tiempo y evitar que nos preñen con su anti-vida; es necesario perseguir a la mosca que produce la cadena que nos deja como alimento de su heredad, como sangre a ser cosechada.

No se crea que las moscas que buscan incubadoras humanas para sus gusanos hijos son todas de la misma estirpe: las hay canches, siniestras, educadas, violentas, reaccionarias, rojas, inveteradas, libertarias y hasta revolucionarias. Políticas, privadas, sindicalistas, directores de medios, pastores de iglesia y chupacirios. No se crea tampoco que nunca se sienten las vueltas del bicho haciéndonos cavernas bajo la piel, a veces hasta ofrecemos el vientre para que tengan un lugar caliente y nutrido donde desarrollarse.

Habrá que cuidarnos de no ser hatos que palpitan al ritmo de los que gustan de lo pútrido para florecer, larva tras larva. Trabajar y entregarse por completo sin ni siquiera sentir un ápice de progreso y al contrario incubar en nuestra propia carne el atraso, eso se llama el síndrome del colmoyote.

No se crea que las moscas que buscan incubadoras humanas para sus gusanos hijos son todas de la misma estirpe: las hay canches, siniestras, educadas, violentas, reaccionarias, rojas, inveteradas, libertarias y hasta revolucionarias. Políticas, privadas, sindicalistas, directores de medios, pastores de iglesia y chupacirios.

Fuente: [www.s21.gt]

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Danilo Santos Salazar

Danilo Santos Salazar

Politólogo y pensador a contrapelo de la realidad nacional e internacional. Veinticuatro años de trabajo al lado de causas que buscan la transformación de las iniquidades en Guatemala.
Danilo Santos Salazar