Ser revolucionario hoy

Ser revolucionario es también recuperar el sentido de comunidad, de justicia, de libertad y de dignidad.

Marcela Gereda

Dada la ausencia de un proyecto de nación en la historia de nuestro país, para las grandes mayorías, los motivos para celebrar el aniversario de La Revolución (pasado 20 de octubre) son desconocidos, hay apenas una limitada consciencia individual y ninguna colectiva de qué es lo que el pueblo clamaba ante Ubico, tampoco de quién fue María Chinchilla. Desconocer nuestra historia es uno de nuestros tantos talones de Aquiles, porque no hacerlo nos hace desconocer el porqué de nuestras diferencias (sociales, económicas, políticas y culturales) que lejos de ser un elemento de división podrían ser puntos de complementariedad.

En una sociedad como la nuestra, de políticos corruptos y de un conservadurismo atroz y provincial, ser revolucionario pasa por dejar de percibir a los otros desde el racismo y clasicismo. Pasa por cambiar nuestra percepción de la realidad social. Pasa por conocer nuestra historia y por trasformar el sistema educativo público.

Ser revolucionario hoy pasa por desaprender lo que nos han enseñado desde el proyecto de “república bananera”, para reaprender qué y quién es Guatemala para que los futuros guatemaltecos conozcan qué hemos sido y qué somos, para que ellos sí puedan tener un sentido de pertenencia, de forma que la historia opere como elemento de cohesión. Ser revolucionario es pensar en quiénes vendrán después de nosotros para trazar un proyecto de democratización de la economía.

Ser revolucionario hoy es luchar porque en el corazón de nuestros hijos y de todas las generaciones futuras, el Día de la Revolución tenga un lugar fundacional en el imaginario colectivo de la población guatemalteca. Porque en la medida que conozcamos y asumamos nuestra historia podremos transformarla.

La historia que se ha venido enseñando de Guatemala es una historia vertical, legitimadora de un sistema de dominación. Por ello ser revolucionario es exigir al Estado guatemalteco que establezca una versión oficial de la verdadera historia de Guatemala, para comprender por qué somos como somos, y por qué las cosas están como están.
Este “20 de octubre” celebramos una vez más el fin de la dictadura de Ubico y Estrada Cabrera. Conmemoramos el final de una historia sombría. Aplaudimos que fue una revolución en las manos de jóvenes, maestros, obreros que buscaban acabar con la explotación y la miseria. Esa revolución marcó a Guatemala, porque las ideas libertarias y revolucionarias del pueblo fueron un derroche de luz ante una época oscura.

Celebramos este 20 de octubre recordando que ser revolucionario es mantener la esperanza abierta, recordar el pasado para dotar de sentido el presente en la lucha y construcción de un proyecto modernizador. Rememoramos a nuestros compatriotas que le apostaron a lucha por una Guatemala más justa y humana, lo cual nos recuerda que hay aún ciertas tareas pendientes: que no debemos resignarnos a vivir dentro de un sistema económico monopolista donde no se practica la libre competencia. Ni a vivir en un país en el que los políticos no respetan al pueblo y en una sociedad en la que no hay cabida para la construcción de la memoria histórica.

Además de restablecer la Autonomía Municipal del 11 de marzo de 1945, reforzando la gobernanza a nivel nacional, el Proyecto económico de la Revolución tuvo como búsqueda un sistema basado en la libre competencia, igualdad de oportunidades.

Ser revolucionario hoy es salir de una economía monopolista sin igualdad de oportunidades. La falta de dignidad y de justicia sigue siendo pan de todos los días. Vivimos una violenta guerra de todos contra todos. Adultos sin trabajo y niños obligados a trabajar. Cuerpos, mentes y territorios sometidos, tributando al dios capitalismo y a los monopolios.
Ser revolucionario hoy es meditar sobre lo que escribía Mario Payeras: “Creo en el valor de la utopía como instrumento heurístico y como referencia teorética en esta hora de desplomes y recomposiciones, confusión y pesimismo en la posibilidad de alcanzar una sociedad con rostro y alma humana. Creo en el deber de los luchadores sociales de asediar la utopía”. “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo, los revolucionarios a (buscar) transformarlo, pero de lo que se trata ahora es de recuperarlo”.

Conmemoramos el aniversario 73 de la Revolución no con sentimiento de nostalgia ni de fracaso, sino con sentido histórico, de asediar la utopía, de que la realidad nos exige hoy más que nunca ser revolucionarios y ello hoy significa salir de aquellas falsas nociones que nos imponen los medios de comunicación para ir a la raíz de la realidad; comprender por qué las cosas son como son. Ser revolucionario es también recuperar el sentido de comunidad, de justicia, de libertad y de dignidad.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2017/10/23/ser-revolucionario-hoy/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda