Revolución mexicana, último estertor

Carlos Figueroa Ibarra

La revolución mexicana fue una de las transformaciones sociales más notables de la América latina del siglo XX.  Costó la vida de un millón de personas en un país que apenas llegaba a una población de diez. Entre 1934 y 1980, época del esplendor  del PRI nacionalista revolucionario, se repartieron  80 millones de hectáreas de tierra en un país cuya superficie linda en los 200 millones. Así, la reforma agraria mexicana repartió  al campesinado aproximadamente el 40% de dicha superficie. Este reparto agrario se hizo en base al ejido, régimen de propiedad que prohibía la compra venta  de esta tierra a efecto de proteger a los campesinos del despojo. Estableció un código de trabajo que protegió a los trabajadores, creó un amplio régimen de seguridad social,  fomentó una política nacionalista de industrialización, convirtió al Estado en el eje rector de la economía y concibió a los recursos naturales como una palanca de desarrollo y a la industria energética como una de carácter estratégico. Por lo tanto la pensó como patrimonio naciónal. Todo esto, justo es recordarlo, en el contexto de un régimen autoritario y corrupto sustentado en el partido hegemónico, el PRI, quien gobernó así durante unos 70 años.

En el momento en que escribo estas líneas, el otrora nacionalista revolucionario y ahora neoliberal PRI, en alianza con la derecha clerical-neoliberal del Partido Acción Nacional (PAN), han consumado en las cámaras de senadores y diputados el último asalto a la revolución mexicana. Volvióse a la época de Porfirio Díaz cuando el subsuelo no era considerado patrimonio nacional. Los neoliberales del PRI-PAN, le dieron en los últimos 30 años golpes demoledores a la revolución mexicana. Detuvieron el reparto agrario, eliminaron el carácter inalienable del ejido, degradaron la seguridad social, precarizaron a los trabajadores con la reforma laboral, renunciaron a un desarrollo independiente con el TLC, destruyeron a la industria nacional en aras de la “modernidad globalizadora”.   La revolución mexicana ha dado su último estertor el 11 de diciembre de 2012, con la aprobación de la llamada reforma energética que privatiza  petróleo y electricidad.

Lo aprobado por senadores y diputados condena a la extinción a Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), abre las puertas a los grandes pulpos petroleros transnacionales para la producción  y distribución de petróleo y  electricidad. Al principio el PRI postuló la reforma energética como un régimen de “utilidades compartidas” y negaba el que estas utilidades se otorgaran en especie (petróleo) así como declarativamente rechazaba las concesiones, es decir el otorgamiento a compañías extranjeras y nacionales privadas del derecho a explorar y producir petróleo. Finalmente el PRI ha aceptado la propuesta del PAN y lo aprobado ayer implica las concesiones con lo cual Pemex se convierte en una más  de las compañías que producirá petróleo. Las transnacionales petroleras explorarán y explotarán los nuevos yacimientos petroleros. Tendrán potestad sobre el almacenamiento y transporte de los hidrocarburos. Y las grandes compañías mineras que poseen ya el 25% del territorio nacional, también tendrán derecho a producir hidrocarburos. Una parte sustancial de la renta petrolera pasará a manos privadas y extranjeras con lo cual  se incrementará el riesgo de un peligrosísimo déficit fiscal. Y todo esto coloca en una situación de riesgo a la inmensa mayoría de los 128 mil trabajadores de Pemex pues la paraestatal verá reducida sustancialmente su actividad.

Haciendo uso de la mendacidad, PRI y PAN propalaron  al inicio que la reforma petrolera era lo que hubiese querido Lázaro Cárdenas. Cárdenas el nacionalizador del petróleo, el agitador de los sectores populares, que incluso subastaron sus pertenencias para pagar la expropiación de 1938, estará revolcándose en su tumba.
La minoría rapaz que gobierna a México festeja. La nación está de luto.

Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra. Sociologo especializado en el tema de violencia política, terrorismo de estado, procesos políticos latinoamericanos. Autor de libros y artículos sobre esos temas.
Carlos Figueroa Ibarra