¿Qué expresa la Navidad sobre nosotros?

Hay latitudes del planeta donde no ha llegado la lógica de la vida moderna.

Marcela Gereda

¿Qué expresa sobre nosotros como civilización esta navideña y vertiginosa ansia de consumo?, ¿qué signos y códigos revela de los hilos que mueven nuestro inconsciente colectivo ese ritmo desmedido que se observa hoy en casi cualquier centro comercial del mundo?

“Esta Navidad regale cosméticos”, “para estas fiestas déjese consentir”, nos embarra la publicidad y en medio de tanto bombardeo constante, uno se pregunta qué le sucede a nuestra humanidad que mete sus manos en las fuerzas de eso que llamamos nuestro tiempo, pero que ya casi no nos pertenece, y nos enmarca en una forma de orientar la Navidad únicamente al consumo y estandarización de artículos navideños homogéneos según las clases sociales y las culturas.

¿Cómo fue que dejamos de percibir el tiempo desde un sentido colectivo, y pasamos a ese tiempo individual y lineal de la modernidad en el que se manipula el inconsciente de las masas, convirtiéndonos a todos en autómatas consumidores de lo que no necesitamos pero desde las estrategias del marketing nos hacen creer que necesitamos? Deseos que el mercado convierte en falsas “ilusiones”.

Hoy en día la realidad para muchos parece estar dada por el exceso de individualismo en el que el único sentido que orienta las prácticas y las relaciones sociales es el que cada individuo crea para sí. Algunos analistas señalan que el individuo representado como categoría es la abolición del tiempo colectivo y la subordinación a la abstracción del tiempo lineal.

El espíritu del capitalismo implicó un cambio en las relaciones sociales y en las estructuras categóricas del ser humano. Introdujo en la materialidad y en la percepción una nueva noción del tiempo. Una noción en la que el tiempo es dinero. Es decir que el tiempo se mide por la capacidad de generar ganancias para consumir y no solo eso: el tiempo navideño para nuestra civilizacion actual parece ser una mercancía más, y en un momento como la Navidad, casi todos los productos duplican su precio y con ello las ganancias se multiplican.

Hay latitudes del planeta donde no ha llegado la lógica de la vida moderna, donde los artículos de consumo navideño no tienen ni un lugar ni un sentido de ser. Por ejemplo, hubo otros tiempos en los que el día de la Navidad el único intercambio posible es el de una naranja y ello era más que suficiente.

Organizar la Navidad en torno al consumo como lo hace hoy nuestra civilización, ha vuelto confuso el sentido de un tiempo donde se comparte la conciencia que es capaz de sentir los latidos de la emoción desde un tiempo colectivo, descuartizando el sentido de la Navidad.

¿Cómo poder vivir un tiempo navideño colectivo marcado por nuestras pautas y no por el calendario comercial navideño; un tiempo plural?

El comercio desmedido y la Navidad orientada a la producción de mercancías masivas han hecho acaso olvidar que Navidad es el encuentro con el infinto de los otros, es el abrazo y es la entrega de lo que somos, hay algo de la Navidad que nos logra conectar con aquello que fuimos y que acaso ya no somos, pero que deseamos recuperar.

Fue mi abuela Esmeralda quien me enseñó que la Navidad no está hecha del regalo que se recibe, sino del deseo del bien para los demás, del diálogo de corazones que se hace al calor de lo que haya en la mesa para ser compartido.

El mundo está cambiando y en ello cambia también el sentido colectivo que existía de la Navidad en un tiempo percibido desde lo colectivo. Pero si hacemos a un lado todo ese consumo absurdo y esos volcanes de basura que generamos para Navidad, si buscamos muy adentro, si viajamos a ese lugar sagrado al que solo se llega por medio del silencio, si, ahí, en los paisajes de la infancia y en el camino de luciérnagas, entonces acaso hallemos una chispita olvidada y podamos volver a hacer resurgir el deseo que al final de cuentas es la verdadera Navidad, el deseo del bien para todos, el sentido de colectividad en búsqueda de paz y amor.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2017/12/11/que-expresa-la-navidad-sobre-nosotros/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda