Primer Eco Festival de Barriletes en Santiago Sacatepéquez

A los mesoamericanos, la muerte nos visita cada primero de noviembre, para compartir, bailar, beber, comer e iniciar de nuevo su largo periplo, su eterno retorno.

Marcela Gereda

En culturas milenarias como la china y egipcia, el culto a los muertos es un símbolo de unidad familiar. Les rendían culto construyendo templos y pirámides. Incienso, velas, ofrendas y alimento para los antiguos ancestros.

Comunidades choles, huastecos, huicholes, mayas, tzeltales, tzotziles, yaquis, zapotecas, entre otras culturas mesoamericanas, se funden en una sola, se dan cita para compartir con los muertos. Para celebrar la muerte en vida. Culturas que saben que el humano debe morir para que a la vez vuelva a nacer la vida. La regeneración de la naturaleza es la regeneración de la vida.
Cada ofrenda cumple la función de purificar y ayudar a las almas a vencer los obstáculos en su tránsito a otro mundo. Para los vivos el afán de eternizarse es una forma de mitigar el sufrimiento por el que se va.

El próximo jueves primero de noviembre, se celebra en Santiago Sacatepéquez el Primer Eco Festival de Barriletes.
Abrazar la muerte como se abraza la vida, celebrar la muerte como se celebra la vida es acaso uno de los grandes sentidos de esta fiesta del Día de Muertos. La tradición de barriletes en esta localidad es Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Elevar las almas en colores es quizás uno de los sentidos de la elaboración de esos pájaros gigantes y coloridos que son los barriletes de cada uno de noviembre.

Según la tradición oral, se dice que los barriletes representan la unión del inframundo con el mundo. También los indígenas reconocen en estos cometas inmensos que elevan a los vientos, el canal de enlace entre los muertos y los vivos.
Celebrar la muerte, es celebrar la vida; introducirnos en las profundidades barrosas de las tumbas y las tradiciones míticas y religiosas de las civilizaciones humanas milenarias, es tratar de descubrir los nexos ocultos de nuestro eterno y efímero paso por el mundo.

Dado que el 95 por ciento de nuestros ríos están contaminados, que muy pocos municipios cuentan con adecuado manejo de desechos y que a donde veamos hay calamidad ambiental, este año gracias al gran trabajo de sensibilización desde hace seis meses a cargo de la ambientalista Katia Núñez, de Guatepassport, y el liderazgo en temas ambientales asumido por el alcalde Juan Carlos Barrios, se logró que el festival tenga un tono ecológico, es decir que no hayan banderines plásticos, ni uso de duroport.

Gracias al apoyo de Ecofiltro habrá estaciones donde se pueden rellenar pachones, para que no dejemos el municipio tapizado de botellas PET, de duroport y de todo ese material que no se puede reciclar.

A los mesoamericanos, la muerte nos visita cada primero de noviembre, para compartir, bailar, beber, comer e iniciar de nuevo su largo periplo, su eterno retorno. Entre pino, barriletes, altares, ofrendas, cestas, flores, frutas, inciensos, calaveras y velas; con bebidas embriagantes, burlamos, dormimos, festejamos, acariciamos y abrazamos la muerte, esta vez intentando respetar los cerros sagrados y este entorno que hace posible la vida y la celebración de la muerte. Arriba Santiago Sacatepéquez.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/10/29/primer-eco-festival-de-barriletes-en-santiago-sacatepequez/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda