Política y economía: el cambio que nos urge

Manuel R Villacorta O.

En Guatemala se presentan graves problemas económicos, políticos, sociales e incluso ambientales. Los elementos fundamentales que inciden en que esa crisis secular persista y que se agrave, son básicamente dos: la inoperatividad institucional (la debilidad estructural del Estado) y la vigencia de un modelo económico anacrónico incapaz de aumentar la productividad, el consumo y por tanto, la calidad de vida de millones de guatemaltecos sometidos a la pobreza y la pobreza extrema. Pero más allá de identificar el problema -si es que estoy en lo correcto- se complica la posibilidad de encontrar las soluciones que modifiquen el actual estado de la nación, mientras no surja una nueva clase política honrada y comprometida que acepte el reto de crear un nuevo modelo nacional.

La vigencia de un Estado inoperante, limitado en cuanto a recursos humanos y financieros, expoliado por una corrupción despiadada y voraz, habrá de persistir por mucho tiempo a menos que surgiese una clase política diferente, honesta, experimentada y responsable, que realmente pudiese tener una agenda de Estado y la capacidad suficiente para formular e implementar políticas públicas verdaderamente sustentables y efectivas. No obstante estamos muy alejados de ello. La clase política nacional no solo representa lo más nefasto de nuestra sociedad sino que además, irónicamente, ha propiciado el descrédito y el rechazo a la política a extremos jamás imaginados. Y mientras exista esa estigmatización tan dañina hacia la política, los nuevos y potenciales actores tardarán en surgir, dejando lo público cada cuatro años, en manos de los mismos: una mafia ingrata que llegó a profesionalizarse con extraordinaria capacidad.

En cuanto a la vigencia de un modelo económico anacrónico, incapaz de aumentar la producción y el consumo nacional, es de suponer que estamos muy lejos de instituir un nuevo modelo que por el contrario, se caracterice por ser más dinámico, más democrático, más eficiente y mucho más sustentable. Nuestras graves carencias incluyen fundamentalmente la falta de educación básica, dentro de la cual se incluye la ausencia de educación financiera y una cultura empresarial. Por el contrario, así como se estigmatiza la política, también se está estigmatizando cada vez más la actividad empresarial. Ser empresario honesto en Guatemala implica un verdadero desafío: una sistema legal que lo entorpece todo, inseguridad operativa y humana, auge de las extorsiones y una conflictividad en ascenso, que va desde esa visión de que el empresario está obligado a generar empleo y asumir todo tipo de demandas laborales, hasta el rechazo consuetudinario hacia todo tipo de inversiones.

Ciertamente no se puede negar que los politiqueros inescrupulosos destruyeron el prestigio de la política. Tampoco se puede negar que algunos malos empresarios abusaron de los trabajadores, de los precios, de la evasión de impuestos y de las prácticas mercantilistas, lo que generó un sentimiento adverso a toda actividad empresarial de tan funestas consecuencias. Mientras nuestra sociedad no supere esas nefastas percepciones y se valore la política y la actividad empresarial en su justa dimensión, seguiremos igual, sumergidos en un pantano que nos está tragando sin pausa y sin piedad.

En cuanto a la vigencia de un modelo económico anacrónico, incapaz de aumentar la producción y el consumo nacional, es de suponer que estamos muy lejos de instituir un nuevo modelo que por el contrario, se caracterice por ser más dinámico, más democrático, más eficiente y mucho más sustentable.

Fuente: [www.s21.gt]

 
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Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.