Movilización, organización y gestión de la indignación

Energía acumulada ante la injusticia e impunidad incrustadas en el sistema.

Marcela Gereda

A finales del mes pasado se publicó una nota en el diario español El País, titulada Así nació la revolución de Guatemala, en la misma se indica que fue gracias a un mensaje de Lucía Mendizábal en las redes sociales que se inició la ola de protestas en Guatemala, esa que “abriría una puerta a la esperanza en Centroamérica”, al lograr derribar al presidente Pérez Molina.

Dijo el diario El País: “La revolución nació cuando Lucía Mendizábal, de 53 años, dueña de una empresa de bienes raíces en ciudad de Guatemala, llegó a su casa y se tumbó agotada en la cama. Eran las 20:45 del pasado 16 de abril. La mujer encendió el televisor y el informativo la enojó algo más de lo normal. Se había destapado una trama de fraude aduanero que dirigía el secretario privado de la vicepresidenta, Juan Carlos Monzón, más conocido como El Robacarros por sus antecedentes como ladrón de coches. Asqueada, Mendizábal, una profesional que jamás ha militado en ningún partido, colgó esa misma noche un mensaje en Facebook para sus amigos: “A ver si esta vez hacemos algo”. Sin saberlo, acababa de ponerse en marcha la asombrosa maquinaria que en pocos meses desataría la mayor ola de indignación ciudadana vivida en Guatemala. Una marea de descontento, pacífica y viral, que derribaría de la Presidencia al general Otto Pérez Molina y abriría una puerta a la esperanza en Centroamérica”.

Al mismo tiempo que se publicaba esta nota, el analista MR Morales en este mismo matutino cuestionó si las manifestaciones fueron el resultado orquestado de la manipulación de “un poder geoestratégico regional utilizando como estímulo los golpes legales de la CICIG sobre la ciudadanía guatemalteca.

Más allá de si la manipulación fue orquestada o si somos los gestores e impulsores de la “Revolución guatemalteca” (una revolución cuyos objetivos no hemos alcanzado), los cuestionamientos de MR Morales son imprescindibles para el análisis concreto de lo que ha acontecido en el país en los últimos meses y de lo que hemos sido una parte definitiva.

Morales cuestiona el sospechoso silencio de las manifestaciones y llama a la unificación de una agenda táctica para seguir con las manifestaciones porque aquello que nos llevó a muchos de nosotros a las calles aún sigue pendiente. Los que exigimos una reforma del Estado y del Sistema Político podemos organizarnos más efectiva y tácticamente.

Preguntas obligadas de MR Morales que todos deberíamos hacernos para pensar responsablemente: ¿Por qué inmediatamente después de las elecciones la movilización cesó del todo?, ¿por qué muchos de los perfiles que convocaban a las manifestaciones después de las manifestaciones desaparecieron misteriosamente?, ¿cómo lograr una movilización social que se organice según objetivos y acciones tácticas y estratégicas para conseguir refundar el Estado y cambiar su estructura de raíz?, ¿cómo presionar a la CICIG para que revele quién es La Línea 2, para deshacernos de ese sistema impune que no funciona sin la corrupción?, ¿cómo podemos convertirnos en la voz cantante de las movilizaciones sociales y no solo en la voz sentimental de esta intrigante coyuntura histórica?

En una conversación con Pavel Gerardo Vega, Morales señala: “no nos olvidemos que la indignación es una emoción nada más. La indignación no lleva al cambio social, solo es la chispa inicial. Pero lo que lo lleva a uno al compromiso con un cambio social sostenido, sin importar las consecuencias, es el análisis concreto de la situación concreta”.

Agrega: Yo no estoy diciendo que todo estaba programado por Washington desde abril hasta que quedara Jimmy Morales. Lo que estaba programado es que había que quitar a los impresentables, o sea a toda La Línea 1, para el buen funcionamiento del Plan para la Prosperidad.

A menudo solemos olvidar que las preguntas son mucho más importantes que las respuestas. Para Morales, como para muchos de nosotros, los indignados que quedamos de toda esta gran coyuntura de la que fuimos parte debemos dotarnos de una agenda táctica y estratégica de organización “y” aliarnos a organizaciones populares para ser una sola voz. “Pasar de la indignación al pensamiento crítico, y luego a la acción organizada”.

Los cambios sociales se logran con la organización, movilización y gestión de toda esa energía acumulada que tenemos de indignación ante la injusticia y la impunidad incrustadas en el sistema que aún tenemos pendiente derrumbar.

¿Por qué inmediatamente después de las elecciones la movilización cesó del todo?, ¿por qué muchos de los perfiles que convocaban a las manifestaciones después de las manifestaciones desaparecieron misteriosamente?, ¿cómo lograr una movilización social que se organice según objetivos y acciones tácticas y estratégicas para conseguir refundar el Estado y cambiar su estructura de raíz?, ¿cómo presionar a la CICIG para que revele quién es La Línea 2, para deshacernos de ese sistema impune que no funciona sin la corrupción?, ¿cómo podemos convertirnos en la voz cantante de las movilizaciones sociales y no solo en la voz sentimental de esta intrigante coyuntura histórica?

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda

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