Los premios Nobel de maíz

lucha libre

Lucía Escobar

Cuenta la leyenda que Miguel Ángel Asturias tuvo que irse a  estudiar a La Sorbona en París para descubrir la grandeza de la civilización maya y su conexión con los pueblos indígenas de entonces. Cuentan también que un profesor al verlo de perfil le preguntó si acaso era maya k’iche’. Y se sorprendió de que no se reconociera como tal. Es en Francia donde Asturias se sumerge en la literatura precolombina, en la arqueología maya y en la traducción del Popol Vuh.

Cuando en 1967 ganó el Premio Nobel de Literatura, casi nadie recordaba su tesis racista El problema social del indio. Fueron obras como Mulata de Tal, Hombres de Maíz y El Señor Presidente, las que lo llevaron a ganar varios premios. El escritor es considerado el precursor del boom latinoamericano. Su visión mítica y fantasiosa de los pueblos indígenas es parte importantísima de su obra, la que le da color, ritmo y magia. A Asturias se le atribuye aquella sentencia de que en Guatemala solo borracho se puede vivir.

En 1992, una jovencísima Rigoberta Menchú se convirtió en la primera mujer indígena en ganar el Premio Nobel de la Paz por su incansable lucha por dar a conocer las masacres que sucedían en Guatemala; las muertes selectivas de líderes indígenas, la escalada de violencia, y la quema de la embajada de España en la que murió Vicente Menchú, su padre. La coyuntura para visibilizar los pueblos indígenas era perfecta, pues ese año se conmemoraba los 500 años del “encuentro o choque entre dos mundos”. Rigoberta con apenas treinta y tres años fue la Nobel más joven en ese entonces. En la entrega del premio se dijo de ella que “Ha conservado ese espíritu humanitario conciliador en un mundo de tanta crueldad, apela a lo mejor de nuestros sentimientos. Ella ocupa una posición única como símbolo de la lucha por la justicia”. No ha de ser fácil conservar un espíritu así, luego de haber visto a tus hermanitos morir de desnutrición, a tu padre quemado, y que tu madre y hermano hayan muerto torturados por el ejército de tu país.

Rigoberta abrió solita una gran brecha para la participación de las mujeres (no solo indígenas) guatemaltecas. Cargada solo con su dignidad, ha sido escupida, maltratada e insultada en su propio país que jamás le va perdonar que no encaje en el papel de india sumisa que le correspondía. Es increíble, que justamente una victima del sistema opresor, sea una de las luchadoras más incansables en lograr que sea a través de la justicia y del sistema que se resuelvan los conflictos en Guatemala. Los juicios por discriminación, crímenes de lesa humanidad y Genocidio que ella ha impulsado, son un gran paso en la construcción de un mejor país.

Miguel Ángel Asturias y Rigoberta Menchú son dos caras de una misma Guatemala; son nuestros únicos Premio Nobel de Literatura y de Paz. A través de la trayectoria y el trabajo de ambos puede vislumbrarse este país surrealista y dolorosamente racista pero habitado por hombres y mujeres de maíz, potentes y eruptivos, fuertes y rebeldes.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/lacolumna/2017/10/25/los-premios-nobel-de-maiz/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar

Lucía Escobar

Estoy casada con el periodismo y a veces le soy infiel con la ficción. He sido redactora, reportera, editora, columnista y lo que se ofrezca en una redacción. Escribo porque me siento cómoda entre las palabras. Además, soy entusiasta del arte, la cultura y la ecología.
Lucía Escobar