Los niños y adolescentes violentos de las zonas rojas

Ilka Oliva Corado

Aborrezco con todas las fuerzas de mi ser, que al arrabal le llamen zona roja, (el título del texto es adrede) que en los reportes policiales, que en conferencias y noticieros nos llamen así. Es un mote clasista y excluyente, con toda la finalidad de estigmatizar. Otro tipo de limpieza social.

Pero hay que haber crecido en el arrabal para comprender lo que el arrabal significa para los parias. Estoy cansada de leer artículos de opinión donde se pretende analizar el día a día de las periferias y su razón de ser, el por qué de la forma de actuar de los niños y sus reacciones ante diferentes sucesos de la vida. Por qué la violencia, y todos lo hacen desde ese clasismo macabro y desde la comodidad de la clase social, dejando claro que escriben desde las alturas y los modales…

Lo aborrezco, lo aborrezco con todas las fuerzas de mi ser. Pero existe una persona que cada vez que escribe de nosotros me sacude, por su respeto y humanidad, espero sus textos todas las semanas. Para mí es de lo mejor en el periodismo que tiene Guatemala (nació en Chile) y lo diré siempre a los cuatro vientos.

Soy de arrabal, soy paria, crecí en la alcantarilla, soy de esas niñas violentas de las zonas rojas, una puta sidosa para la sociedad de doble moral de mi país. No cualquier texto me convence, no cualquier palabra cala en mis huesos, tiene que ser humana para que yo niña violenta de arrabal la valore.

Agradezco a Carolina Vásquez Araya por no quitar el dedo del renglón e insistir una y otra vez en dignificarnos, es muy fácil pretender ignorar y estigmatizar, o hablar desde las alturas con esa doble moral de clase. Otra cosa es entrar a las entrañas de las periferias y atreverse a mirar a los parias a los ojos, así nomás de ser humano a ser humano.

Los invito a que la sigan en su blog, no se arrepentirán, es una pluma extraordinaria y sobre todo humana y humilde. Humana y humilde, eso es algo que está en peligro de extinción.

Les comparto su texto de hoy, que lo recibimos agradecidos desde las profundidades de la alcantarilla guatemalteca y en especial de Ciudad Peronia.

La Carol tiene entrada libre a mi arrabal, y lo digo yo que soy niña heladera, ojo, que no cualquiera tiene ese honor. La alcantarilla es cosa aparte.

Ilka.

“Los falsos polos de la moral

Las condiciones de confinamiento en el Centro Juvenil de Privación de Libertad para Varones, Etapa 2 en San José Pinula descritas la semana pasada por la jueza Verónica Galicia, son indignantes. Adolescentes confinados en espacios mínimos como si fueran celdas de castigo, drenajes colapsados, escasez de agua, promiscuidad, en fin un escenario digno de película de horror constituye la vida de estos jóvenes en conflicto con la ley.

En cierto modo, este trato degradante responde muy bien a la actitud general que condena a niñas, niños y adolescentes de escasos recursos a soportar toda clase de abusos y violación de todos sus derechos. A tal extremo llega la insensibilidad colectiva que incluso hay quienes se atreven a expresar públicamente su deseo de exterminar a estos grupos de niños y jóvenes para “sanear” a la comunidad.

Ese es uno de los rasgos más evidentes del deterioro moral en un país sin rumbo político, hundido en la corrupción, cargado de odios y resentimientos cruzados entre etnias, estratos sociales y el agravante de un premeditado abandono por parte del Estado en temas de un enorme potencial constructivo, como son la educación y la cultura. Esto, porque una sociedad educada e informada es una amenaza para los grupos de poder.

Curioso eso de la moral. Una sociedad dividida en buenos y malos sin mayores consideraciones sobre las causas que han llevado a una importante parte de la población a violar la ley. ¿Qué sucede en ese segmento mayoritariamente compuesto por jóvenes empujados por el abandono, la falta de establecimientos educativos dignos, la ausencia de políticas públicas diseñadas específicamente para atender como corresponde a esta parte de la ciudadanía? ¿En dónde está la presencia del Estado como ente rector para garantizarles la vida, la libertad, la justicia, la paz y el desarrollo integral, como lo manda la Constitución en su primer capítulo?

El Centro en referencia ha sido cerrado temporalmente con acertado criterio por la jueza Galicia, con la finalidad de remodelarlo y darle las condiciones adecuadas a sus funciones. Pero eso no resuelve todo. También están los “Hogares Seguros” bajo la supervisión del Estado, en donde se supone se refugia a niñas, niños y adolescentes sin deudas con la ley, sino vulnerados en sus derechos.

SI LA JUVENTUD PIERDE EL NORTE, HAY QUE OFRECERLE UNA BRÚJULA.
Desde uno de estos hogares ha desaparecido un centenar de niñas, hecho deslizado sin mayor impacto a través de las redes sociales y las páginas de los medios. Quizá porque estas niñas no son “buenas” desde la perspectiva de una sociedad indiferente a su suerte. Ellas no pertenecen a la sociedad. Para quienes las perciben como una amenaza potencial, son “prescindibles”. Entonces, para ellas no hay voces elevándose en protesta por su vida de miseria y agresiones. Para ellas, en realidad, el futuro es un espacio en blanco el cual quizá nunca alcancen a disfrutar.

Pero entonces ¿quiénes gobernarán cuando las generaciones actuales se retiren? ¿Quiénes llevarán con su productividad el peso de la carga que representan las generaciones pasivas? No parece ser una preocupación –dejando de lado los sentimientos y las consideraciones puramente humanas- el hecho de estar deslizándose hacia una situación de desequilibrio económico y social de enormes proporciones, próxima a reventar mientras quienes dirigen los destinos se ocupan de competir entre pares para monopolizar el poder.

Esta juventud abandonada es el futuro de la nación, les guste o no. Para ellos la prioridad es sobrevivir en un contexto que les resulta tan ajeno como indiferente. Mientras, se les exije una conducta moral que sus mayores no poseen.

En cierto modo, este trato degradante responde muy bien a la actitud general que condena a niñas, niños y adolescentes de escasos recursos a soportar toda clase de abusos y violación de todos sus derechos.

@ilkaolivacorado

contacto@cronicasdeunainquilina.com

31 de octubre de 2016, Estados Unidos.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Ilka Oliva Corado

Ilka Oliva Corado

Escritora y poetisa. Ilka Oliva Corado nació en Comapa, Jutiapa, Guatemala, el 8 de agosto de 1979. Desde muy niña vendía helados en el mercado de Ciudad Peronia, en la periferia de la capital guatemalteca. Es autora de tres libros: Historia de una indocumentada travesía en el desierto Sonora-Arizona, Post Frontera, y el poemario Luz de Faro.Actualmente escribe en su bitácora personal Crónicas de una Inquilina.
Ilka Oliva Corado

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