La muerte no es una dama

lucha libre

Lucía Escobar
@liberalucha
laluchalibre@gmail.com

La muerte es lo único seguro que tenemos en la vida. Es un proceso fisiológico del cual no podemos escapar. La muerte y la vida son las dos caras de una misma moneda. Una sin la otra no existen, no son nada, ambas se complementan y de alguna manera compiten.

En estos días, varias son las culturas, países y religiones que conmemoran la muerte  en sus diferentes formas de verla y comprenderla. Tal vez pensamos que no tiene nada que ver Halloween con sus disfraces sangrientos y sus zombis a domicilio, con el fiambre o con las visitas al cementerio. Pero todos estos son intentos humanos por comprender algo que de tan natural, nos horroriza. La muerte es un tabú, es un tema que muchos evadimos y del que intentamos pasar la vida entera sin atender. Nuestra comprensión de la muerte es completamente diminuta al respecto. Algunas religiones, otras más, ofrecen paquetes de comprensión al respecto. Se repiten dogmas y se siguen consignas y se tiene asegurado un lugar en la vida que hay detrás de la muerte, un terrenito en el cielo a plazos, pagado a puro rezo y rosario.

Trato de imaginar cómo fue que los primeros humanos vivieron la muerte. ¿Cuándo lloraron por primera vez a un ser querido nuestros antepasados? ¿Cómo es que empezaron a sentir el deseo de hacer una ceremonia al muerto o de enterrarlo, o de intentar atrapar parte de su vida en esquelas o estelas?

Y es que la muerte es cruel. La muerte no se lleva todo lo que vivimos con una persona, no es que se vaya y se lleve los recuerdos, las caricias, la voz y el olor. La muerte solo nos deja la ausencia y la angustia, nos deja un silencio que no se llena con nuevas voces, nos deja un hoyo en el estómago, una taquicardia en el recuerdo, una arritmia en el corazón. La muerte no es capaz de irse y llevarse a nuestro ser amado para siempre, no se lo lleva completo, apenas lo manosea, apenas se lleva su futuro, pero no su pasado. Nos quedan los muertos como zombis en el corazón. Están vivos en nosotros, nos acompañan, les hablamos, los pensamos y recordamos, nos cuidan, se acuestan a nuestro lado y nos susurran que vivamos lo que ellos ya no pudieron vivir.

Esta concepción de que se acaba la vida y de que no hay marcha atrás, ese sentimiento de abandono y de ausencia, esa respuesta tan definitiva que da la muerte a la vida, es sin duda, lo que nos parece tan complicado de entender.

Somos duales; somos muerte y también somos vida. Somos espíritus atrapados en cáscaras que están por podrirse. Somos energía que no se acaba, solo se transforma. Somos los gusanos que mañana se reirán de nosotros. Somos seres en tránsito hacia otro estado.

La muerte es una maestra que enseña con la ausencia.

Aún no sé si la muerte es una dama o es un cabrón que arrebata todo. Solo sé que detrás de la muerte, siempre viene la vida a imponerse.

Tal vez la única manera sensata de honrar a la muerte es entregándose sin miedo a la vida.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/lacolumna/2017/11/01/la-muerte-no-es-una-dama/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar

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Estoy casada con el periodismo y a veces le soy infiel con la ficción. He sido redactora, reportera, editora, columnista y lo que se ofrezca en una redacción. Escribo porque me siento cómoda entre las palabras. Además, soy entusiasta del arte, la cultura y la ecología.
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