Jacobo, el rojo. El coronel comunista.

Manolo E. Vela Castañeda

La relación entre Jacobo Árbenz Guzmán y los comunistas es una banderilla en el lomo de la historia de Guatemala.

¿Cómo empezó esa historia? Hacia septiembre de 1947, en el Gabinete del gobierno arevalista tuvo lugar una discusión entre J. Árbenz (ministro de la Defensa) y F. J. Arana (jefe de las Fuerzas Armadas). El punto en discordia: la acción del Gobierno frente a la formación de un partido comunista. Esa pequeña batalla acercó al coronel a los comunistas, quienes quisieron conocer de cerca al militar que –en aquella reunión– había intercedido por ellos. Pero Jacobo Árbenz Guzmán todavía no iba convertirse en Jacobo el rojo, el coronel comunista1.

La revolución de octubre posibilitó que, estudiantes, maestros, escritores, intelectuales, trabajadores (artesanos), y dirigentes sindicales, que tenían ideas marxistas y que se hallaban dispersos, coincidieran, y fueran dando forma a organizaciones propias: la Escuela Claridad (de formación sindical), y luego, adentro del PAR (Partido Acción Revolucionaria), fundaron Vanguardia Democrática (1948); hasta llegar a 1949, con la fundación del Partido Comunista de Guatemala2. Y a la par que creaban organizaciones, imprimían sus propios periódicos: Octubre y Tribuna Popular.

En 1950, la batalla electoral que llevó a Árbenz a la presidencia fue el punto de encuentro que –en adelante– iba a vincular al coronel y a los comunistas. Fortuny afirma que “…a partir de entonces hubo de su parte un acercamiento a los que actuábamos más visiblemente como comunistas”.3 Allí se fundó una relación: “Empezó a invitarnos a su casa, a veces para comer, a veces para charlar, para tomarnos unos tragos, para oír música. Y allí empezó a escuchar los lineamientos de una política marxista”. 4 Hasta que el futuro presidente le preguntó a Fortuny: “¿Cuál es el programa de ustedes? ¿Qué piensan ustedes? ¿Cuáles deben ser los lineamientos de un programa de gobierno?”.5 En esa coyuntura, Árbenz le pidió a Fortuny, el entonces Secretario General del Partido Comunista, que le escribiera los discursos, lo que “…era un asunto entre Árbenz y mis compañeros del secretariado del Comité Central del Partido. Cada discurso era motivo de una conversación de varias horas”.6 Además de esa función, células organizativas de los comunistas se desplegaban, para “…movilizar masas a los lugares donde Árbenz iba a pronunciar discursos…”.7 Y entonces, al calor de la campaña electoral, Jacobo Árbenz Guzmán se transformó en Jacobo, el rojo, el coronel comunista.

La relación de Árbenz con los comunistas iba en dos pistas. Una relación muy personal, con José Manuel Fortuny, secretrario general del Partido Comunista, con quien trabó una entrañable amistad. Y una relación orgánica, con un comité del partido, que le asesoraba. Por ejemplo, cuando estuvo al borde del abismo, un día antes de presentar su renuncia, sostuvo una reunión con la Dirección del Partido Comunista, quienes le convencieron de no renunciar.8

Y esto fue así porque los comunistas, de entre los partidarios de Árbenz, brillaron, en aquella coyuntura “…como los más honestos, confiables y trabajadores”.9 Los comunistas también se distinguieron por ser cuadros políticos caracterizados por la “…disciplina y la seriedad”.10 En contraste, los otros partidos, sigue diciendo Ronald Schneider “…cayeron en el oportunismo, concentrándose en hacerse con el botín…”.11 Los comunistas también alcanzaron prestigio, porque se hicieron fama de incorruptibles.12 En torno al proyecto de reforma agraria, los comunistas “…aportaron estudios, asesoría técnica, movilización desde abajo y el entusiasmo que el proyecto requería”.13

Lo que quiero afirmar aquí es que Jacobo Árbenz Guzmán era un hombre de convicciones inequívocamente comunistas, un rojo, un coronel comunista. Ser comunista, a mitad del siglo veinte, en un país como Guatemala, era hacer lo que Árbenz hizo. Que el Partido Comunista tuvo un papel fundamental en los grandes proyectos de transformación que durante ese tiempo se llevaron adelante. Que los comunistas eran políticos que actuaban adentro del sistema, cuyas acciones –públicas– se dirigían al fortalecimiento de las instituciones, que se sometían al sufragio popular. La represión que sobre ellos se vino –con la contrarrevolución– no se justifica simplemente “porque eran comunistas”. Este octubre celebremos al coronel Árbenz, a los comunistas, y a su legado. Basta de excusas y de mitos.

manolo.vela@ibero.mx

1. Roque Dalton, Miguel Mármol (El Salvador: N): N.
2. Ya previamente, hacia 1922 se formó el primer partido comunista de Guatemala, lo que retratado por A. Taracena en: “El primer partido comunista de Guatemala (1922-123). Diez años de una historia olvidada” Anuario de Estudios Centroamericanos 15 (1): 49-63, 1989.
3. Marco Antonio Flores, Fortuny: un comunista guatemalteco (Editorial Universitaria: 2011): 168.
4. M. A. Flores, Fortuny: un comunista, 168.
5. M. A. Flores, Fortuny: un comunista, 168.
6. M. A. Flores, Fortuny: un comunista, 172.
7. M. A. Flores, Fortuny: un comunista, 171.
8. M. A. Flores, Fortuny: un comunista, 204.
9. Ronald M. Schneider, Communism in Guatemala 1944-1954 (1959): 195.
10. R. M. Schneider, Communism in Guatemala, 197.
11. R. M. Schneider, Communism in Guatemala, 196.
12. Piero Gleijeses, La esperanza rota (Guatemala: Editorial Universitaria, 2005): 244-6.
13. R. M. Schneider, Communism in Guatemala, 196.

Manolo E. Vela Castañeda

Manolo E. Vela Castañeda

Doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México. Es profesor investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Ganador del Premio 2009 Academia Mexicana de Ciencias a la mejor tesis de doctorado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México.
Manolo E. Vela Castañeda