Iglesia Católica y justicia social

Manuel Villacorta
manuelvillacorta@yahoo.com

Hace algunos días tuve la valiosa oportunidad —como otras ya pasadas— de compartir ideas con diversos miembros de la Conferencia de Religiosos de Guatemala (Confregua), organización fundada en 1961 y cuyo objetivo desde su creación sigue siendo, unificar a todos los religiosos comprometidos con las profundas reformas sociales que Guatemala necesita y velar particularmente por los derechos humanos de obreros y campesinos. En el contexto de ese vínculo establecido entre la Iglesia Católica y la población pobre mayoritaria del país, es oportuno recordar que particularmente en la década de los 70, la Iglesia Católica desplegó acciones en el área rural, mediante el trabajo de sacerdotes, religiosos y colaboradores, cuyo propósito era la evangelización, formación y desarrollo social de las diversas comunidades cristianas. En 1971 Monseñor Juan Gerardi promovió un encuentro de pastoral indígena en la diócesis de La Verapaz y en otros lugares del Occidente. Participaron activamente los primeros sacerdotes indígenas lográndose el proyecto de traducir la Biblia a idiomas mayas.

En 1976 la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG) publicó la carta pastoral ‘Unidos en la Esperanza’, denunciando las inhumanas condiciones en que vivían millones de guatemaltecos, expresando además su opción preferencial por los pobres. En 1990 el entonces obispo auxiliar de Guatemala, Juan Gerardi, creó la Oficina de Servicio Social del Arzobispado de Guatemala (OSSAG), como plataforma de lo que luego llegaría a ser la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG), que implementó acciones de apoyo y acompañamiento a víctimas de la violencia, así como la ejecución de estudios y diversas documentaciones relacionadas a la violación de los derechos humanos de cientos de miles de guatemaltecos, afectados por el conflicto armado interno. El 20 de octubre de 1994, la Conferencia Episcopal de Guatemala impulsa el Proyecto Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi), con el objetivo de crear una base de datos descriptiva, que documentara las graves violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la guerra interna. Los protagonistas de este proyecto fueron los animadores de la reconciliación, catequistas y líderes comunitarios.

Hoy Confregua —como otras instancias relacionadas con la Iglesia Católica guatemalteca— continúa con sus tareas evangelizadoras originarias, pero ha dado un paso cualitativo al tener una presencia activa en muchas organizaciones de la sociedad civil en donde se discute y promueven acciones orientadas a velar por los derechos económicos y sociales de las mayorías pobres de nuestro país, temas como la organización popular, la elección del próximo fiscal y el uso responsable de los recursos naturales, se presentan con frecuencia en sus agendas.

Sacerdotes, catequistas, jóvenes y personas mayores, participan activa y frecuentemente en estos encuentros que se realizan en todo el país. Esa Iglesia Católica activa, participativa y solidaria, viene a constituirse como una de las principales aliadas en materia de dirección y acompañamiento popular. Bajo el criterio de “con los ojos en el cielo pero con los pies en el suelo”, los activistas de esta y otras organizaciones similares, asumen su responsabilidad histórica de acompañamiento social. Hechos como ese perfilan una luz de esperanza para Guatemala, que a pesar de sus grandes problemas y desafíos, sigue buscando por todos los medios, la instauración de una verdadera democracia en donde las injusticias sociales desaparezcan para dar paso al progreso y la solidaridad nacional.

Fuente: [http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/iglesia-catolica-y-justicia-social]

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Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.