Hambre

lucha libre

Lucía Escobar

Cuando quedé embarazada decidí parir en casa y que me atendiera Antonina Sánchez, una comadrona mam. En mi primera cita con ella, le pregunté qué cosas podía comer y qué no. Recuerdo su cara de asombro y su respuesta sincera: “Es la primera vez desde que soy comadrona que me preguntan eso. Las mujeres que yo atiendo comen lo que pueden y cuando están embarazadas pues deben comer más. Yo no les puedo decir que no coman algo”. Shock cultural. Pensé que me diría: quítese la comida chatarra, el glutamato monosódico y la grasa saturada. Eso sí, me
recomendó tomar ácido fólico y vitaminas prenatales.

Mi relación con Antonina y vivir en el área rural me enseñó las tremendas desigualdades y contradicciones que se viven en este país. Mentiría si dijera que sé qué es tener hambre. Nací privilegiada, hija del consumismo y del desperdicio. En mi casa siempre había comida suficiente para que cayeran de improviso a almorzar las amigas o los novios. Tanto que, a menudo, había muchas sobras con las que hacían un gran caldo apestoso para los perros.

Tuve suerte. No es la realidad de muchos guatemaltecos. Según la Encuesta Nacional de Salud Materno-Infantil, ENSMI del 2015, casi la mitad de los niños y niñas guatemaltecas (un vergonzoso 46.5 por ciento) padece desnutrición crónica. Y según la ONU FAO vivimos en un país donde 2.2 millones personas sufren de hambre. Otros estudios indican que somos el único país de Latinoamérica donde la pobreza creció en lugar de disminuir.

Cómo no indignarse de que en los últimos 18 meses del gobierno del Partido Patriota, se designaron 800 millones de quetzales para el Fondo Nacional para la Desnutrición Crónica (compra de Vitacereal y granos básicos sobrevalorados) y con eso se beneficiaron empresas afines a Juan Carlos Monzón, ex secretario privado de la Vicepresidencia, hoy preso, y a sus jefes Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

Da rabia.

Sesan, el Viceministerio de Seguridad Alimentaria (Visan), Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Conasan), Seguridad Alimentaria Nacional, Acción contra el hambre, Guatemala sin hambre, Frente Parlamentario Contra el Hambre, distintos nombres para la misma burocracia que ha sido completamente inútil para erradicar la desnutrición en el país.

Nos ha faltado visión para buscar terminar con las causas y no solo combatir las consecuencias. La alimentación no es un hecho privado como nos quieren hacer creer. Hay que ser muy caradura para intentar culpar a los padres, quienes ni siquiera pueden garantizar su propia supervivencia, de no poder alimentar adecuadamente a sus hijos. Hay familias que por mucho que trabajen sin descanso no pueden darle ni siquiera dos tiempos de comida diarios a sus hijos. Inténtelo usted ganando dos dólares al día.

Es una cuestión de humanidad esforzarnos en acabar con el hambre en Guatemala. Es nuestra obligación moral. Esto no tiene nada que ver con ideologías, es imperativo.

Hay familias que por mucho que trabajen sin descanso no pueden darle ni siquiera dos tiempos de comida diarios a sus hijos. Inténtelo usted ganando dos dólares al día.

@liberalucha

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar

Lucía Escobar

Estoy casada con el periodismo y a veces le soy infiel con la ficción. He sido redactora, reportera, editora, columnista y lo que se ofrezca en una redacción. Escribo porque me siento cómoda entre las palabras. Además, soy entusiasta del arte, la cultura y la ecología.
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