Genocidio, sepur, creompaz…

Carlos Aldana

¿Cuántos casos más son necesarios para que nuestra sociedad llegue a convencerse de que en Guatemala ocurrió un terrible conflicto armado interno, que cobró sus víctimas en miles de hombres y mujeres, mayoritariamente mayas? ¿Cuántos casos necesitamos para comprender el enorme drama del que todavía no sale nuestro país?

No se trata de remover las heridas solo por removerlas. Se trata de ayudar a que cicatricen mediante los procesos de verdad, de memoria histórica, de justicia y de reparación que son necesarios y fundamentales, aquí y en cualquier parte del mundo, para alcanzar una auténtica paz y reconciliación.

Al genocidio se le ha pretendido ocultar, o se le ha negado en toda la extensión de la palabra. Las valientes mujeres de Sepur han sido señaladas de lo peor, por pelear su derecho a la verdad y la reparación. Lo de Creompaz lo quieren poner como un invento.

¿Quién puede negar la existencia de tantas víctimas y sobrevivientes, de tanto dolor y sufrimiento? ¿Todo es mentira o ficción, como lo tratan de poner los voceros actuales del terror y del odio?

Es necesario, y hasta valiente, que le entremos a la verdad, que la compartamos, que la sepamos procesar. Para madurar socialmente, pero también para tantas y tantos sobrevivientes que necesitan el resarcimiento en toda su extensión (no solo el económico, como lo enfatizan esos voceros). Resarcir es devolver la paz interior, es reparar los daños hechos, es retomar los proyectos de vida que fueron truncados, es tener el respeto debido a la memoria de quienes ya abandonaron el camino. Por eso es tan alentador que el sistema de justicia esté ocupándose en estos tiempos, como nunca lo había hecho, de esa violencia política y salvaje que tuvo lugar en nuestros campos, aldeas y calles. En las discusiones jurídicas está teniendo una pedagogía de la verdad histórica. Esa que necesitamos para de verdad sanar heridas. Estas no se sanan ni con el silencio o la negación, mucho menos con las ofensas, el discurso del odio y la abusivez de muchos protagonistas que encarnan el mal del pasado, la vergüenza del presente, y la desesperanza para el futuro.

Al genocidio se le ha pretendido ocultar, o se le ha negado en toda la extensión de la palabra. Las valientes mujeres de Sepur han sido señaladas de lo peor, por pelear su derecho a la verdad y la reparación. Lo de Creompaz lo quieren poner como un invento.

Por supuesto que este llamado al respeto a la verdad, la justicia y la auténtica reconciliación es necesario para todo hombre o mujer de la ideología, bando o postura que sea. Ser de izquierda o de derecha no es motivo para diferenciar ante la justicia. La institución militar tiene que seguir siendo llevada a los tribunales para determinar sus responsabilidades (desde el derecho al debido proceso, ese que no ofrecieron a sus víctimas durante el conflicto). Pero esto es también necesario para los hombres o mujeres que desde la izquierda vendieron valores e ideales y se convirtieron también en ejecutores del dolor y el sufrimiento.

Por la paz y el desarrollo integral de nuestra sociedad, por nuestros niños y niñas de hoy y de mañana, por nuestros más altos valores, necesitamos que se haga justicia a quienes dieron órdenes de muerte, a quienes torturaron, desaparecieron o asesinaron a hombres y mujeres bajo la excusa ideológica que fuera (sobre todo, si lo hicieron con el discurso, el uniforme y los recursos del Estado o de los intereses internacionales). Necesitamos que la justicia se encargue de quienes construyeron la cultura de muerte en nuestro país, esa que sufrimos hoy en cualquier lugar o por cualquier motivo. Pongamos atención a estos casos y otros, y descubriremos mucho de lo que, como sociedad, somos hoy y podremos seguir siendo.

Fuente: [http://www.s21.gt/2016/05/genocidio-sepur-creompaz/]

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Carlos Aldana Mendoza

Carlos Aldana Mendoza

Licenciado en Pedagogía y Ciencias de la Educación por la Universidad San Carlos de Guatemala. Maestría en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctorado en Educación en la Universidad La Salle, Costa Rica-Guatemala.
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