Funcionarios ricos, pueblo pobre

Manuel Villacorta
manuelvillacorta@yahoo.com

Muchos guatemaltecos —la mayoría— estamos viviendo los efectos de un modelo económico que dejó de crecer. Sabemos que han caído la productividad y el consumo. El rubro de los desempleados y aquellos que intentan sobrevivir en el mercado informal, es mucho mayor respecto al rubro de quienes poseen un empleo formal. Más de 250 mil jóvenes se gradúan cada año del ciclo diversificado, solamente 12 mil logran una posición laboral fija. La presa de los desempleados crece año con año. Esta situación —caída en la productividad y bajo consumo— está golpeando a todas las empresas, desde las más grandes hasta las pymes. En 2017 los rasgos de esta situación en el ámbito empresarial fueron: A) Baja en la facturación. B) Ausencia de liquidez (imposibilidad de ampliar inversiones). C) Reducción de gastos operativos.  Ejemplificando imaginariamente la situación, nuestra economía sería como un gran lago que día a día, tiende a secarse. Ciertamente las autoridades económicas del país, en una actitud orientada a preservar sus privilegiadas posiciones, emiten declaraciones mecánicas e inauditas tales como: “A pesar de la situación, las macro variables económicas se muestran estables.  Nos anima el crecimiento de la economía estadounidense, locomotora de la región. Alienta el crecimiento de ingresos por remesas familiares. Tenemos un crecimiento aceptable del 3% anual. El sistema bancario está blindado ante cualquier tipo de crisis”.

¿Será que esas autoridades no ven los millones de rostros marcados por la incertidumbre, el temor y la desesperanza, ante una economía incierta en donde la pobreza se expande como epidemia por todo el país? ¿Será que esas autoridades cuando viajan en sus autos de lujo cómodamente, no ven las legiones de pobres, que en todas las esquinas imploran por una limosna, desde niños hasta ancianos anclados en la miseria? ¿Será que son incapaces de observar a miles de jóvenes expulsando fuego por la boca o miles de vendedores ambulantes tratando de agenciarse de unas cuantas monedas? ¿Será que esos privilegiados funcionarios de penthouse no transitan por el interior de la república, en donde cientos de fincas de café se encuentran en total abandono por falta de rentabilidad? ¿Será que esas autoridades desconocen los dramáticos efectos producto de la atomización de la propiedad en el agro o respecto a los lacerantes efectos del cambio climático en el corredor seco? ¿Será que esos funcionarios no saben que los pequeños y medianos empresarios, están siendo ahogados por deudas exponenciales ante compromisos bancarios que ya son imposibles de pagar? ¿Sabrán acaso lo que implica para un padre haber educado durante 12 años a un hijo para que éste se frustre al paso de los años sin conseguir un empleo digno? ¿Sabrán esto esas privilegiadas y sobre pagadas autoridades económicas para las cuales Guatemala es casi un paraíso?

Y si a estos funcionarios sumamos la inútil burocracia “calificada” integrada por ministros, directores generales y diputados, concluimos en que nuestro pueblo está sufriendo en carne propia los implacables efectos de un modelo económico ingrato, sin tener la menor expectativa de un cambio inmediato en el contexto de esa realidad. Mi conclusión: El modelo económico de Guatemala es ya inviable y debe ser modificado. Mientras no tengamos autoridades económicas responsables, valientes e identificadas con los intereses populares, la pobreza y la angustia social seguirán golpeándonos sin piedad. Teniendo un pueblo trabajador y un país rico en recursos naturales, no se justifica la deplorable realidad en que nos han sumido.

Fuente: [http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/funcionarios-ricos-pueblo-pobre]

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Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.