Facebook: el algoritmo creador de burbujas

Lo más valioso que tenemos como humanos es nuestro tiempo y nuestra capacidad para pensar críticamente sobre el universo que nos rodea.

Marcela Gereda

Produce cierto vértigo ver cómo cada vez son más los jóvenes que huyendo del mundo jodido que les rodea, optan por las drogas como única vía alternativa para lidiar con la realidad. Una realidad que les obliga y pareciera condenarles a buscar salidas desesperadas.

Sumado a los psicotrópicos, otra droga difundida hoy entre millones de chavos alrededor del mundo se llama Facebook. Es allí, en esa jungla, gallinero en la que nos mantenemos en “la actualidad”, juego de banalidades y mares de “selfies” donde todos quieren estar y “ser parte”. Es en esa especie de corredor en donde cada cual pone su cara más bonita y desde ahí se fabrica una realidad que constituye la máxima expresión y exhibición del ego y donde (sin reparar en ello) se alimentan a sí mismos en burbujas fabricadas por un logaritmo o fórmula matemática.

Produce otro tipo de vértigo y desolación tomar conciencia que, según informes confiables, en el mundo de hoy muchas personas sobre todo menores de cincuenta años, dedican más tiempo a Facebook que a las personas con las que conviven.

Esto es lo que Facebook logra comprar y capturar: nuestro preciado e insustituible tiempo, colocándolo en el bote de basura de egos inflados y enajenados, para así instaurar de una vez por todas el proyecto globalizante de imbecilización humana.

Recientemente The New York Times reveló cómo esta red social a través de un logaritmo logra clasificar perfiles según afinidades políticas, refiriendo también a qué patrones usa para ello y cómo es el mecanismo que les muestra anuncios publicitarios acordes a los diferentes perfiles de “usuarios”, basándose en esa información.

“El EdgeRank es un algoritmo cuya función es optimizar nuestro muro de noticias en Facebook, determinando qué publicaciones aparecerán en este y en qué orden. Como si se tratara de un filtro que permite pasar al muro de noticias las publicaciones más relevantes para cada usuario, mientras que el resto únicamente aparecerán en el teletipo (información instantánea) ubicado en la barra lateral de Facebook. Dicha fórmula matemática se basa principalmente en tres factores: afinidad, peso y tiempo”.

De esta manera esta red social logra crear en nuestras realidades ficticias; burbujas que solo representan una parte del todo. Y así seguimos nosotros, muy campantes, creyendo que somos dueños de nuestro tiempo y de nuestras decisiones. Pero detrás de todo este teatro hay un algoritmo que compra nuestros intereses para venderlo a la publicidad. Con esto, la red social nos da la ilusión-sensación de hacernos sentir parte de un mar de gente, cuando en realidad nos constriñe y encoge la realidad.

Casi cada día con cierta angustia y curiosidad genuina mi hijo de tres años me dice: “Mama, no me quiero quedar solito”, es esta aflicción de mi hijo la que ha acompañado eternamente al ser humano. Como otros mamíferos, somos seres sociales por excelencia, nuestra existencia pasa necesariamente por la vida de los otros, que constituyen un nosotros.

El antropólogo Tzvetan Todorov, al hablar sobre la sociabilidad humana, señala que “tenemos una necesidad imperiosa de los otros y no para satisfacer nuestra vanidad” sino que “marcados por una incompletitud original, les debemos a los otros nuestra existencia misma”.

La red social además de hacernos necesitar a los otros para satisfacer vanidades, vende parte de lo que somos a las corporaciones para convertirnos en consumidores disciplinados, obedientes, idiotizados.

Ya lo han dicho muchos pensadores a lo largo de nuestra historia como especie: lo más valioso que tenemos como humanos es nuestro tiempo y nuestra capacidad para pensar críticamente sobre el universo que nos rodea.

La modernidad en general y las redes sociales en particular imponen un ritmo de vida en el que nuestro tiempo cada vez está más sujeto a las formas más retorcidas y falsas de interacción social.

Tengo pánico de que mis hijos y las nuevas generaciones no sepan cómo eran las relaciones humanas antes de Facebook y de que esta evolución de los códigos y paradigmas sociales termine por deshumanizar lo poco que nos queda de humanos en esa ceguera, ese acomodamiento al orden establecido, esa mezquindad individualista, esa apología de la estupidez.

Por ello pregunto: ¿cómo revertir y encausar el potencial de estar todos unidos en una misma red?, ¿por qué no atrevernos a la aventura colectiva, una en la que no haya impostura ni apariencia ni representación?

¿cómo revertir y encausar el potencial de estar todos unidos en una misma red?, ¿por qué no atrevernos a la aventura colectiva, una en la que no haya impostura ni apariencia ni representación?

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda