Enzarzado con la ultraderecha

Virgilio Álvarez Aragón

Basta con ver las reacciones últimas del actual presidente y sus posiciones respecto a la crisis que él mismo provocó, así como los discursos de sus escasos allegados, para entender que la extrema derecha ha llegado a controlar el Gobierno sin haber ganado la elección.

En su campaña electoral, Jimmy Morales no se hizo portaestandarte de las ideas conservadoras y atrasadas de la ultraderecha neofascista guatemalteca, pero, llegado al poder y sin tener asideros democráticos sólidos, apegarse a ese deforme discurso y protegerse con él fue lo único que le brindó esperanzas de éxito.

Por primera vez en su ya larga estadía en Guatemala, Armando de la Torre ha pasado de asesor de un reo convicto de asesinato a asesor presidencial. De defender y asesorar a Byron Lima pasó a asesorar al presidente Morales, dada su incapacidad gubernamental e innata vocación ultraconservadora.

Es necesario dejar claro que en realidad estamos viviendo dos crisis. La primera es la que Jimmy Morales provocó al manejar sus finanzas electorales de manera irresponsable, preponte y, quién quita, hasta corrupta. Es este ilegal comportamiento el que denunció el Tribunal Supremo Electoral y el que el MP y la Cicig han decidido presentar ante los tribunales pidiendo, en consecuencia, que se le retire el privilegio de antejuicio. Es este pedido el que las cortes de Constitucionalidad y Suprema de Justicia consideraron válido y el que analiza la comisión pesquisidora del Congreso.

Es esta crisis de gobierno la que, en un país decente, con una democracia medianamente funcionando, habría hecho que el presidente renunciara, pues hay suficiente materia legal para pensar que hay responsabilidad de su parte, situación que solo podrá aclarar debidamente en juicio presentando todas las pruebas de descargo que considere válidas y necesarias. Un gobernante debe estar dedicado a tiempo completo a sus responsabilidades, y un asunto como este le absorberá no solo tiempo, sino concentración, por lo que, si éticamente ya no está capacitado para ejercer el cargo, emocional y profesionalmente tampoco lo está.

El Estado guatemalteco ha sido organizado previendo este tipo de crisis. La figura del vicepresidente funciona exactamente para estos casos. El voto popular que llevó a la presidencia a Jimmy Morales también consideró a Jafeth Cabrera como opción, y es necesario considerar que es a él a quien corresponde darle continuidad al gobierno del FCN. Que este gobierno no es el más apto y ha sido desde el primer día un desastre de organización, pues no tenía ni la mínima idea del quehacer gubernamental, es otro cantar, pero de esto estaban más que enterados sus electores, que aún así lo eligieron.

El retiro de Morales no es por ineficiente e incapaz. Lo es porque hay elementos suficientes para considerar que cometió faltas y delitos electorales. Es para dar sentido y contenido a la lucha contra la corrupción, al manejo personal y oscuro de las finanzas electorales. Su salida para ser juzgado es porque el país necesita barrer, en todos los rincones del aparato del Estado, la criminal tendencia a hacer de los fondos públicos fuentes de enriquecimiento ilícito.

Morales debe enfrentar a los tribunales si queremos realmente que el país se modernice. Y para enfrentarlos con la mayor libertad posible, sin afectar aún más el Gobierno, debe dejar el cargo voluntariamente.

La otra crisis, la que desató Morales al intentar sacar del país al comisionado Iván Velázquez Gómez, no es más que consecuencia de su irresponsable manera de entender el ejercicio del poder atendiendo las palabras supuestamente salvíficas de la minúscula pero bulliciosa ultraderecha chapina. Fue esta actitud la que despertó las más oscuras pasiones de los defensores de ideas trasnochadas, faltas de realismo y objetividad. Son estos sectores los que con sus sabios consejos lo han convertido en representante de su más burdo y visceral síndrome de Onoda. Para ellos, la guerra fría no ha terminado, los que piensan distinto y diferente son simplemente enemigos a eliminar y toda disputa política y social debe ser reducida a comunismo versus anticomunismo.

Fueron esos grupúsculos faltos de seriedad y coherencia los que, enredándolo con sus ideas, le hicieron creer que la mejor salida para curar sus males legales era atacar al comisionado, intentar desestabilizar a la jefa del MP y usar a Marvin Montiel, alias el Taquero, para exigir la salida de Velásquez. La cantaleta ultranacionalista de estos sectores trata de atraer a su favor a todos aquellos que, faltos de cultura democrática, viven y se aprovechan de un mundo globalizado, pero no quieren cumplir con las exigencias que esa globalización impone.

Desatada la segunda crisis, Morales ha complicado aún más su legitimidad política. Ha perdido apoyos sociales, y grandes sectores de la élite económica lo ven ya como un estorbo para la regularización de la economía.

La salida de Jimmy Morales, como lo hemos venido diciendo, no desataría la realización de cambios estructurales profundos, pues para ello son necesarios actores sociales y políticos que construyan una nueva hegemonía ideológica y discursiva. Sin embargo, su permanencia al permitir el triunfo de las huestes ansiosas de impunidad sumirá al país en un pozo del que nos será aún más difícil resurgir.

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/enzarzado-con-la-ultraderecha]

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Virgilio Álvarez Aragón

Virgilio Álvarez Aragón

Doctor en sociología, formado en la Universidad de Brasilia. Ha sido docente universitario en Guatemala, México y Brasil. Interesado por los temas educativos, ha investigado sobre la política educativa y el magisterio, pero también sobre la democracia y sus riesgos en las sociedades post conflictos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “Conventos Aulas y Trincheras, Universidad y movimiento estudiantil en Guatemala” (dos tomos, segunda edición 2013) y “La revolución que nunca fue: un ensayo de interpretación de las jornadas cívicas de 2015”. Publica sus opiniones en Siglo 21 y Plaza Pública
Virgilio Álvarez Aragón