En marzo de 1971 el Parque Central era de ellos y estaba vacío

¡En abril y mayo de 2015 la Plaza de la Constitución se vuelve nuestra!

Carlos Arturo, Jorge Estuardo, Mario Alberto Y Héctor, todos de apellidos Molina Loza.

El 9 de marzo 1971, a eso de las diez de la mañana, los entonces ocupantes del Palacio Nacional llamaron a la Policía para pedirles que “aprehendieran a una loca que estaba perturbando el orden público en el Parque Central”.

Y esa loca –Juanita Loza de Molina se llamaba– “perturbaba el orden público” porque unas semanas antes, el 13 de enero, a plena luz del día, las “fuerzas del orden” habían secuestrado a su hijo Juan Luis Molina Loza. Ella, después de pasar muchas noches sin dormir, decidió que tenía que hacer algo. Sin decirle nada a nadie escribió un cartel, y se dirigió al Parque Central. Silenciosa y decidida, se plantó delante del Palacio Nacional y desplegó su cartel: “Ayúdenme a encontrar a mi hijo”.

La Policía no tardó en llegar y la loca vio cómo, sin decir palabra, le arrancaban el cartel de las manos y la arrastraban hacia una “perrera”. Desde atrás de la malla del vehículo vio desfilar las calles de la ciudad. Al darse cuenta de que se alejaban del centro, la loca pensó: “Llegó mi hora, me van a desaparecer como hacen con cualquiera que cometa el delito de atreverse a levantar la voz”. No lo sabía, pero su destino era el Hospital Psiquiátrico. Al llegar, los policías pretendieron entregársela al Director de la institución. Este, al verla, le preguntó: “Doña Juanita, ¿qué la trae por aquí?”. Ella mostró a los policías y le explicó que ellos la llevaban presa para que él la internara por loca.

Ella hacía trabajo voluntario en ese hospital –les daba clases de yoga a los internos–, por eso el médico la conocía y sabía muy bien quién era. “Si esta señora está loca –les dijo a sus captores– yo estoy más loco, así es que pueden encerrarme a mí también”. A lo que ellos respondieron: “Nosotros teníamos órdenes de entregársela, ahora usted haga lo que quiera”.

Luis Ángel Molina, su marido, fue avisado de la situación y, de inmediato, fue a buscarla.

Desde el 13 de enero de 1971 Juanita Loza de Molina y Luis Ángel Molina no dejaron de clamar por justicia. Querían saber qué le había pasado a su hijo; quién lo había secuestrado y desaparecido; por qué motivos lo habían hecho; y qué cargos se le imputaban. Ellos agotaron sus lágrimas pero no sus fuerzas, nunca dejaron de buscarlo. Los sucesivos ocupantes del palacio de gobierno, sin embargo, les negaron el derecho de enterrar sus restos y de saber qué habían hecho con él. Cargaron, por el resto de sus vidas, con la angustia de la ausencia del hijo y de respuestas.

Como nos dijera un día Alenca Bermúdez –también madre de un joven asesinado por las “fuerzas del orden”–, “Guatemala es un país en donde hasta el dolor se lleva a las últimas consecuencias. A mí por lo menos me permitieron recibir los restos de mi hijo. ¡A Juanita Loza de Molina no le concedieron ni eso!”.

En ese 9 de marzo de 1971 el Parque Central estaba vacío. Juanita Loza de Molina estaba sola. Nadie la vio pregonar su locura: el deseo de una madre de saber dónde estaba su hijo, de saber qué le habían hecho. Nadie vio cuando se la llevaron con rumbo desconocido.

Pero, casi 45 años después, en la ahora Plaza de la Constitución, las locas, y los locos no estábamos solos. Había millares y millares de personas exigiendo justicia. Los guatemaltecos nos cansamos de la prepotencia de los militares, de los políticos, de la elite nacional. El Parque Central que era de ellos fue tomado por el pueblo, la Plaza de la Constitución no les pertenece, es nuestra, en ella se decide y se decidirá el futuro de Guatemala.

Vamos a seguir luchando por el fin de la corrupción, por la punición a los responsables –tanto de los corruptos como de los corruptores y de sus protectores políticos– y el resarcimiento del dinero robado. Lo invertiremos en hospitales, escuelas, universidades, saneamiento básico, infraestructura para el país.

No a los Otto Pérez, Alejandro Maldonado, Roxana Baldetti, Manuel Baldizón, Sandra Torres, Alfonso Portillo, Álvaro Arzú, Mario David García y compañía. Queremos un gobierno de gente honrada que sirva al país y no a sus viles intereses personales.

Juan Luis Molina Loza era nuestro hermano, Luis Ángel Molina y Juanita Loza de Molina, nuestros padres. Cuando vamos a la Plaza de la Constitución ellos están con nosotros.

En febrero de 1971 el Parque Central era de ellos y estaba vacío; en 2015 la Plaza de la Constitución es nuestra y está llena de locos que exigen una Guatemala limpia, libre de corruptos y corruptores.

Ellos agotaron sus lágrimas pero no sus fuerzas, nunca dejaron de buscarlo. Los sucesivos ocupantes del palacio de gobierno, sin embargo, les negaron el derecho de enterrar sus restos y de saber qué habían hecho con él. Cargaron, por el resto de sus vidas, con la angustia de la ausencia del hijo y de respuestas.

Fuente: [http://elperiodico.com.gt/es/20150528/opinion/13009/En-marzo-de-1971-el-Parque-Central-era-de-ellos-y-estaba-vac%C3%ADo.htm]

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