El camino de la luz: la lucha comunitaria por la electricidad

Lucía Escobar @luchalibre

Apagar y encender la luz. Mover un interruptor de arriba para abajo es tan fácil que lo hacemos automáticamente varias veces al día sin imaginar que en este siglo, en este país, existen aún comunidades en donde eso no es posible. Y hay otras en las que apenas hasta hace muy poco han alcanzado la preciada energía eléctrica.

Ahora podemos conocer del esfuerzo atrás del logro comunitario de cuatro aldeas que fueron Comunidades de Población en Resistencia, CPR, desde los años ochenta a los noventa y que se ubicaron en el municipio de Uspantán para reconstruir sus vidas e intentar recuperar parte de la memoria de la comunidad. Esta es una historia de lucha comunitaria que comienza en la guerra y continúa hoy en día. El deseo por obtener energía eléctrica en el municipio de San Miguel Uspantán, Zona Reina, Quiché es documentado en el libro El camino de la luz, Historias del proyecto comunitario de energía eléctrica “Luz de los héroes y Mártires de la Resistencia”.

La Zona Reina es llamada así desde los tiempos en que José María Reina Barrios, presidente Liberal de Guatemala de 1892 a 1898 envió a esa región a milicianos y familias como pago por servicios prestados. Se encuentra a 257 kilómetros de la ciudad capital y los ríos Cutzalá, Chixoy y Copón así como la montaña de Lamay delimitan su territorio. La Zona Reina tiene la concentración más grande de población en el municipio.

A pesar de que la Zona Reina en Quiché, por el área de Uspantán está rodeada de hidroeléctricas, esta zona careció de energía eléctrica durante mucho tiempo. Muchas situaciones hacen diferente la pequeña hidroeléctrica que ahora mantiene la comunidad de los megaproyectos como Palo Viejo o Chixoy. En primer lugar su intención no es lucrativa ni masiva. Genera 55 kilovatios/hora, lo suficiente para que todas las familias tengan el servicio básico equitativamente, sin dañar el ecosistema utilizando una mínima parte del caudal del río, sin hacer embalse y contemplando la necesidad de proteger el cauce y sus alrededores.

Las socias y socios de la Asociación del proyecto de energía en la presentación del libro destacan que: “La resistencia no termina porque no hay cambios en nuestro país. Pedimos que nuestra historia se convierta en libros para que otros pueblos lo lean. Es grande la historia porque nuestro proyecto lo tuvimos que cuidar, nosotros lo gestionamos y ahora lo administramos, nuestros recursos nos benefician a nosotros y es bueno utilizarlos sin dañarlos. El pago que hacemos no es demasiado caro, se decide por parte de la gente y sirve para el mantenimiento, no es como las empresas que lo hacen para enriquecerse.”

Este libro se divide en dos partes. En la primera parte se enfoca en cómo era la vida antes: la revolución en el campo; las dictaduras militares; la violencia; las CPR; el tiempo escondidos en la montaña; la vida que había antes; las hierbas, raíces y la Santa Malanga; el estar sin ropa ni herramientas; la salida a la luz pública, la población civil y el traslado a la montaña.

En la segunda parte se cuenta la historia de la obra: ¿Cómo se ideó el proyecto comunitario hidroeléctrico?; el diagnostico rural participativo: se empieza a pensar la obra; empezar con buen pie, cruzando los problemas, reactivando el proyecto; llegada del Colectivo Madre Selva; factores que complicaron el proyecto; beneficios del sistema comunitario de electrificación; la luz como motor para otras posibilidades; nuestra luz es defensa; retos; sostenibilidad; recomendaciones; puntos básicos y aprendizajes.

Con esta publicación, el Colectivo Madre Selva se une al importante trabajo de documentar los procesos de defensa de la vida que acompaña en distintas comunidades. La memoria de estos procesos es necesaria para la construcción colectiva y continua de la resistencia ecologista en Guatemala.

Ahora podemos conocer del esfuerzo atrás del logro comunitario de cuatro aldeas que fueron Comunidades de Población en Resistencia, CPR, desde los años ochenta a los noventa y que se ubicaron en el municipio de Uspantán para reconstruir sus vidas e intentar recuperar parte de la memoria de la comunidad.

Fuente: [https://entremundosrevista.wordpress.com]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lucía Escobar

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Estoy casada con el periodismo y a veces le soy infiel con la ficción. He sido redactora, reportera, editora, columnista y lo que se ofrezca en una redacción. Escribo porque me siento cómoda entre las palabras. Además, soy entusiasta del arte, la cultura y la ecología.
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