Economía: ¿Se agotó nuestro modelo?

Manuel Villacorta
manuelvillacorta@yahoo.com

Estoy convencido respecto a que el futuro inmediato de Guatemala será muy complicado. Factores económicos, políticos y sociales se relacionan e interactúan habilitando problemas y desafíos de extraordinaria dimensión. Para apuntalar lo anterior, creo conveniente recordar las desafortunadas calificaciones que como país hemos obtenido de instituciones influyentes como Standar&Poor’s, Doing Business del Banco Mundial y el Informe Monitor del Fondo Monetario Internacional. Estos calificativos se insertan en el contexto de una relación que podría resumirse en economía-inversiones-pobreza. Los mismos estudian el estado de nuestra economía, la potencialidad de las inversiones en nuestro país y el fenómeno de la pobreza. La pobreza, además de implicar sus angustiantes efectos en grandes conglomerados sociales, se potencia como factor limitante para que inversiones externas e internas se realicen en nuestro país. John Kenneth Galbraith lo expresó así: “La pobreza genera conflictos y los conflictos agudizan la pobreza”. Para Bernardo Kliksberg, esto último no ha sido considerado como debiese en América Latina. La pobreza es un fenómeno que debe ser erradicado precisamente, para favorecer modelos económicos más sanos, más productivos y más equitativos. La pobreza es un flagelo que debemos atender todos sin excepción.

La economía nacional ha perdido potencia, sigue dependiendo de la agricultura y de los significativos ingresos en divisas producto de remesas familiares. La agroindustria y los textiles también hacen un aporte, aun cuando no de igual magnitud. El modelo no logra captar más del 5% de los jóvenes graduados de diversificado que año con año se suman a la PEA y que buscan un empleo formal. Como lo tipificó Raymond Barre: nuestra economía sigue siendo primaria, dual, inestable y dependiente. Súmese el fenómeno poblacional. En nuestro país nacen 1,300 niños cada día, casi medio millón al año. No es estar contra la vida, pero eso implica una presión social impactante: ¿tenemos capacidad para ofrecerles educación, salud, vivienda, servicios y empleo? Hace varios años el empresario Juan Luis Bosch, me comentó que para él hay dos indicadores importantes para medir el desempeño de nuestra economía: los índices en el consumo de cemento y energía industrial/comercial. Y ciertamente estos últimos no han mostrado un crecimiento sostenible durante la última década. En síntesis, la productividad económica no crece, mientras la explosión demográfica sí. No son los pobres en sí, los responsables de tal fenómeno, pero una mayor demanda de servicios sin productividad suficiente, implicará ineludiblemente mayores desequilibrios sociales.

Este año prácticamente ninguna empresa creció como se pretendió. En el mejor de los casos, mantuvieron el ritmo del año anterior. Muchas vendieron o produjeron menos, incluyendo a las industrias de alimentos, lo que genera una preocupación aún mayor. El gabinete económico ni visto ni oído. La retórica de la “estabilidad macroeconómica” sigue siendo su guarida. Conviene resaltar que por fin Cacif dio un paso al frente presentando la Encuesta Empresarial que reveló una caída en ventas e inversión. El día en que nuestra economía sea considerada con la responsabilidad sectorial que merece y cuando tengamos funcionarios verdaderamente audaces y responsables, habremos avanzado. Hoy seguimos como el avestruz, evadiendo enfrentar un problema de importancia capital, nuestro modelo económico se agotó y no da para más.

Un pacto social que en la acción promueva más productividad y mayor equidad, se hace hoy más urgente y necesario que nunca.

Fuente: [http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/economia-se-agoto-nuestro-modelo]

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Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.