Doroteo, Benvenuto y Concepción

lucha libre

Lucía Escobar

En abril de 1952, el guatemalteco Doroteo Guamuche Flores ganó la maratón de Boston convirtiéndose en el atleta más importante del país. Con la idea de homenajearlo, las autoridades de la época decidieron que el estadio Revolución pasaría a llamarse como el atleta, pero antes le modificaron el nombre de Doroteo a Mateo, eliminaron el Guamuche y le dejaron el Flores. ¿Racismo? A mí me parece que sí, algo bastante común en esa época y hasta el día de hoy. ¿Por qué Doroteo lo permitió? Tomando en cuenta el contexto es fácil intuir que se vio presionado. Sin embargo nunca hizo los trámites correspondientes para cambiarse el nombre, muriendo y heredando a los suyos el apellido Guamuche.

Más de medio siglo después, el 9 de agosto de 2016, el artista tz’utujil Benvenuto Chavajay en un gesto reivindicativo se quitó la camisa en el salón del pueblo del Congreso de la República de Guatemala mostrando sus dos tatuajes: adelante “Ch’ab’aq jaay” la forma correcta e impronunciable para los ladinos de decir Chavajay y en la espalda una copia exacta de la cédula de vecindad de Doroteo Guamuche Flores. En un acto de sanación colectivo logró que el Congreso decretara que el Estadio Nacional, todas las calles, puentes y avenidas nombradas como Mateo Flores, pasen a llamarse Doroteo Guamuch. En el proceso como que se robaron la letra e de Gamuche.

Si bien, este acto poético tardío no acaba con el racismo en Guatemala, sirve de excusa perfecta para hablar, discutir y nombrar a los que ha querido invisibilizar el sistema. No es la primera vez que Chavajay busca reivindicar a personajes olvidados o desconocidos. En la pasada Bienal de Arte Paiz , Benvenuto, “cedió” su espacio al escultor poco conocido Feliciano Pop como una manera de reconocerlo.

Doroteo está muerto y ya no vio el Estadio con su nombre real.

Viva y en gran pobreza se encuentra doña Chonita, Concepción Reanda Ramírez, la modelo de la moneda de 25 centavos quien fue elegida como la más linda de Santiago Atitlán a los 17 años y recibió a cambio Q2.00. Es la única persona que aparece en alguna moneda o billete que no lleva nombre. Hasta el Monolito de Quiriguá está debidamente identificado. Un ejemplo duro y concreto de la utilización de la imagen de la mujer indígena. La historia de doña Concepción es la vida de muchas viudas de la guerra. Torturaron a su padre, a su cuñado y a su sobrino. Luego mataron a su esposo por atreverse a pedir respeto, enviudó con seis hijos pequeños. Vivió de lavar ropa ajena. Cada cierto tiempo los medios de comunicación le hacen algún reportaje. Hoy, ella no tiene vivienda ni ingresos económicos, vive en la pobreza, casi no habla español. Su hija piensa que el mejor homenaje para Concepción, es que le pongan su nombre a la moneda mientras ella aún viva. ¿Habrá alguien dispuesto a asumir el reto de lograrlo?

Doroteo está muerto y ya no vio el Estadio con su nombre real.

@liberalucha

 

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

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Lucía Escobar

Lucía Escobar

Estoy casada con el periodismo y a veces le soy infiel con la ficción. He sido redactora, reportera, editora, columnista y lo que se ofrezca en una redacción. Escribo porque me siento cómoda entre las palabras. Además, soy entusiasta del arte, la cultura y la ecología.
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