Destrucción de jacarandas; espejo de una sociedad

¿Qué nos queda? Sembrar vida, sembrar árboles, esparcir semillas, denunciar la destrucción y el desquicio.

Marcela Gereda

Las imágenes de la semana pasada lo dicen todo: un hospital público tomado por criminales pagados para matar con el objetivo de liberar a un reo, y otros criminales, infringiendo conscientemente la ley, mandando a destruir jacarandas en plena madrugada para que se vean sus vallas publicitarias.

Golpeados, deprimidos y desubicados ante tanta muerte injusta a nuestro alrededor, nos preguntamos: ¿cómo es que en medio de tanta belleza de volcanes abrumadores y escalofriantes, aquí crece y surge cada día de par en par la muerte, la impunidad y la desolación?

¿Cómo es que en el mismo espacio de la eterna primavera, de una poesía casi profética de valles y horizontes que quitan el aliento, aquí más que a la muerte y a las balas, le tememos a la vida?

¿Cómo es que en la tierra de verdes espesores y follajes embriagantes, la violencia y esta cultura de la muerte nos tenga a todos hincados ante los amos del horror y la destrucción?

¿Cómo puede ser que en este lugar de árboles sabios y cielos diáfanos la vida no vale nada y la sobrevivencia sea (para unos más que otros) una ruleta rusa hasta para las indefensas jacarandas?

¿Cómo es que en la “latitud de la flor y del granizo”, la maldad se haya enquistado en todas las dimensiones de la vida; en nuestras instituciones y la corrupción la hayamos convertido en lo socialmente aceptado?

¿Cómo es que en la tierra del fuego verde y de los hombres de maíz hemos dejado que el racismo, la corrupción, la pobreza y la violencia son quienes tienen mejor salud, pero para el pueblo la salud es una quimera?

¿Cómo compaginamos el mundo mágico de ensueño de este asaltado trópico con la humedad de tanta sangre, con la tierra fértil violada de impunidad?

La tala desaforada de esas jacarandas para dejar lucir las vallas publicitarias es el espejo y metáfora de una sociedad enferma que se destruye a sí misma.

Esas hachas de la semana pasada cortando la delicadeza de las jacarandas son el símbolo y reflejo de la estupidez, la imbecilidad y la deshumanización de una sociedad que ya no puede atesorar ni proteger la poca belleza que nos queda.

El mundo está en descomposición, y esta esquina donde se destruye la vida de una jacaranda, como la de un niño, como la de madres y mujeres inocentes es la metáfora de una sociedad desquiciada y desalmada que desde hace muchos años vive en una guerra perpetua entre hermanos, donde El Estado no protege ni garantiza la vida, donde se quemó y expulsó del tiempo a las niñas del hogar “seguro”, donde se aguantan golpes y humillaciones, y donde se desvían ríos, se contaminan mares, se abren minas, se destroza y viola el paisaje con saña, con odio acumulado acaso por generaciones.

La economía produce miseria y violencia cuando excluye a las masas de los circuitos del empleo estable y del consumo de mercancías sanas. Por eso es necesario reconocer que el actual sistema económico desigual y monopolista, junto con la resaca de la guerra y las nulas oportunidades para los jóvenes, producen la marginalidad que constituye el caldo de cultivo de las maras y la criminalidad y de su forma de matar y morir en una tierra que nada tiene que ofrecer a su juventud. Y toda esta violencia permite una impunidad general de la que los primeros beneficiados son las elites económicas que hacen lo que se les antoja con el país.

Así como las niñas del Hogar “Seguro”, y tantas víctimas asesinadas injustamente, esas emblemáticas jacarandas que miraban los que entran ansiosos de belleza al llegar al país y entrar por el Aeropuerto La Aurora, solo querían vivir, querían respirar, querían hacernos la existencia un poco más amable, un poco más soportable en medio de esa ciudad gris perpetradora de la destrucción.

¿Qué nos queda? Sembrar vida, sembrar árboles, esparcir semillas, denunciar la destrucción y el desquicio. Resistir. Exigir que condenen con todo el peso de la ley a los criminales que mandan a destruir. Nos queda ser y extender vida en medio de tanta destrucción.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2017/08/21/destruccion-de-jacarandas-espejo-de-una-sociedad/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
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