Crisis fiscal: Estado pobre e inepto

Manuel Villacorta

El aparato público guatemalteco siempre ha sido pequeño e inepto. No habré de referirme a la corrupción, fenómeno lacerante que se ubica dentro de una práctica anormal, amoral y delictiva. Tampoco habré de hacer referencia al impresionante nivel de evasión fiscal, que, al igual que la corrupción, tiende a ser una aberrante práctica que se ampara en la impunidad y la total inexistencia del más mínimo sentido de humanismo. Abordaré brevemente la crisis del Estado desde dos manifestaciones primarias: su reducida capacidad financiera y su monumental incapacidad para operar con eficiencia.

Hay algunas personas que se oponen a que los gobiernos posean presupuestos que, a su criterio, resultan ser altos. Su argumento se basa en que la extracción de recursos individuales o empresariales a través de los impuestos es injusta, porque finalmente estos recursos se trasladan hacia otras personas que no han hecho méritos para gozar de los mismos. Creen además que eso fomenta un paternalismo estatal y un asistencialismo clientelar, que genera un desincentivo para que todos busquen la mejor forma de ser más productivos.

Curiosamente, en todos los informes del PNUD se ha demostrado que el nivel de recursos que posea un gobierno, generalmente está relacionado con el nivel de desempeño económico. Por ejemplo, los países más prósperos de América Latina: Colombia, México, Chile y Brasil, poseen presupuestos públicos que promedian el 20% de su PIB. En el caso de los países que muestran un precario desempeño económico: Haití, Honduras, El Salvador y Guatemala, sus presupuestos públicos apenas alcanzan el 10% del PIB.

Y es acá donde toma vigencia el criterio de que en Guatemala siempre hemos tenido un Estado con un presupuesto muy limitado, apuntalado esto con administraciones públicas inútiles, incapaces de utilizar con eficiencia los siempre escasos recursos públicos. Hago referencia nuevamente a un Estado pequeño e inepto. Las áreas más importantes en materia de política pública: salud, educación, seguridad/justicia e infraestructura, siempre han estado sometidas a criterios de cientos de funcionarios que han fungido a partir de la llamada era democrática, en cuyo caso la mayoría de los mismos jamás tuvieron el conocimiento científico, la experiencia laboral en el servicio público y la calidad moral suficiente para justificar una positiva relación entre sus salarios y los pobres resultados obtenidos.

Hoy estamos frente a una crisis fiscal verdaderamente grave; estamos cosechando los efectos de un Estado deficiente, en donde el abandono de la educación pública, la salud, la seguridad y la infraestructura nacional perfilan un país plagado de amenazas. De ello que las oportunidades para el desarrollo socioeconómico sostenido se hacen cada vez más lejanas. Los millones de pobres no pueden pagar impuestos y los más acaudalados no están dispuestos a pagar un centavo más. Vemos de nuevo a otro ministro de Finanzas en apuros, que asume el reto de presentar un aventurado plan, que desde ya fue rechazado por todos los sectores. Mientras no existan controles y sanciones, acá nadie pagará más impuestos.

Hoy estamos frente a una crisis fiscal verdaderamente grave; estamos cosechando los efectos de un Estado deficiente, en donde el abandono de la educación pública, la salud, la seguridad y la infraestructura nacional perfilan un país plagado de amenazas.

Fuente: [http://www.s21.gt/2016/08/crisis-fiscal-pobre-e-inepto/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.