Cooptación de nuestro tiempo

La modernidad niega la memoria, aunque ella sea el recurso sustancial e insustituible de toda conciencia histórica.

Marcela Gereda

En la vida moderna es el mercado el que va estableciendo las pautas del calendario. Desde septiembre nos están bombardeando de publicidad de Navidad, luego mercancías enlatadas del Día del Cariño, y así todo el año comprimido en un calendario que nos exige consumir.

Con la globalización –ese huracán perpetuo de destrucción creadora– asistimos a una especie de vaciamiento del tiempo: mares de gente atadas a la tableta o al teléfono móvil corriendo de un lado a otro, compitiendo por ver quién llega primero y en ello una impresión colectiva de que los años, meses y días no solo se van acortando, sino vamos perdiendo la conciencia colectiva del tiempo pasado. ¿A quién no le ha tocado la sensación de que los años se van mermando?, ¿quién no ha escuchado la frase “este año no lo sentí, qué rápido pasó”, “me urge porque voy tarde”. Todos bajo el peso de la campana de plomo de las agujas de un reloj incesante. ¿Puede haber otras formas de experimentar el tiempo fuera de esta lógica capitalista de “time is money”?

La región mesoamericana es muy privilegiada por muchas cosas entre ellas, la existencia de campesinos y comunidades indígenas, formas de vida y de conocimiento distintos, que están presentes, cuyo valor no solo es “ser distintos”, sino haber ensayado durante miles de años el tiempo cíclico como forma de ver y estar en el mundo.

La académica mexicana especialista en cultura maya, Mercedes de la Garza, de la UNAM, explica que los mayas concibieron el tiempo como movimiento cíclico del espacio, determinado por los cursos astrales y los ciclos de la naturaleza. Y el tiempo debía ser cíclico porque el retorno al origen del Universo significaba una nueva creación que garantizaba la regeneración de la vida en general. Así, la muerte no era sino un tránsito a otra forma de existencia o un renacimiento como el ocaso y otro de los astros y la renovación de la naturaleza.

En el Popol Vuh queda plasmada esa concepción cíclica del tiempo, y de cómo los humanos vamos cambiando de formas en el tiempo, se habla de cómo a los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué se les había visto en el río cuando eran peces.

Diversos antropólogos han registrado cómo las concepciones campesinas sobre el tiempo el están ligadas al tiempo de cosecha. Desde una mirada socio-histórica, las sociedades humanas han vivido de la producción de alimentos unos doce mil años, mientras la sociedad basada en la tecnología, asociada al capitalismo, tiene menos de quinientos años. Esto quiere decir que las sociedades humanas tienen fuertes raíces socio-adaptativas vinculadas al campesinado y a la caza-recolección y por ende, a la concepción cíclica del tiempo.

Desde la perspectiva antropológica de herencia biocultural, los argumentos del punto anterior nos llevan a reclamar el conocimiento y la comprensión de nosotros en el tiempo como colectivo biológico y social. Es decir, en una visión de larga trama de la humanidad.

La modernidad niega la memoria, aunque ella sea el recurso sustancial e insustituible de toda conciencia histórica. La especie humana, recuerda u olvida como unidad biológica y social, el proceso histórico del que hemos surgido y que nos ha moldeado y transformado.

Una conciencia histórica sobre este tiempo que se repite sobre nuestra especie, ayudará a superar los conflictos y prejuicios, generados por el fenómeno humano. Recuperar la memoria biocultural de la humanidad en el que juegan un papel clave los campesinos, es algo esencial y obligado, pues solo así podremos construir un proyecto de modernidad inclusiva, que lejos de traducir la tradición, conviva, coopere y evolucione con ella.

Estamos hechos de tiempo. Y el tiempo centrifuga sin esperar a nadie y en ello se hace cada vez más grande y preciso, practicar el arte de la contemplación, de parar de correr, de huir de ese tiempo acelerado que nos exige consumir la nada: “este 14 de febrero regala recargas”. Se hace preciso recuperar nuestra memoria histórica. Para liberarnos de esa cooptación de nuestro tiempo es necesario dejar de estar pautados por el calendario de ventas y dejar de ser adormecidos consumidores.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/02/12/cooptacion-de-nuestro-tiempo/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda