Carta abierta al ciudadano rebelde

Manuel Villacorta
manuelvillacorta@yahoo.com

Déjame expresarte algo, con profundo respeto y especial aprecio. No es este un mensaje subversivo o anárquico. Es una secuencia de ideas producto de nuestro diario vivir. La rutina de tu vida parece una condena —en confianza— sé que estás de acuerdo. Has renunciado a tus propias decisiones. Crees que todo está escrito y que tu designio es engancharte como vagón a una locomotora fría e implacable que te llevará a donde quiera, sin preguntarte. Has aceptado que “otros” decidan por ti. Deciden por quienes habrás de votar; deciden qué tasa de interés habrás de pagar por un mísero crédito; deciden si te enjuician o no, por no poder pagar en tiempo tus impuestos; deciden si puedes o no tener acceso a un DPI; deciden si te autorizan un pasaporte o si te hacen esperar porque están “agotados”; deciden si pasas o no por una calle o avenida, porque la procesión, la maratón, la obra tosca de pavimentación o la manifestación más ocurrente están vigentes. Ellos, los que deciden, han supeditado a una partidocracia corrupta para que emita una parafernalia de normas absurdas. Y que deberás cumplir. Nadie te pregunta si estás de acuerdo o no. Sabes que una lúgubre institución llamada congreso, está habitada por la inmoralidad y el delito consumado, pero aun así, aceptas que un cuerpo sin moral decida que leyes deben decretarse y cuando deberás cumplirlas.

Ves meditativo el cadáver del piloto del bus y toda esa utilería propia de una escena de cine: curiosos, autopatrullas, luces rojas, cintas amarillas y agentes del MP tablilla en mano, anotando lo que ya se saben de memoria. Y sigues tu camino, profundamente sumergido en lo tuyo. Ves esa vitrina atestada y el restaurante a reventar, ya lo sabes o lo imaginas, hoy juega el Barsa contra el Madrid. Te sientes partícula sumido entre cientos de vallas que te anuncian comida de paraíso, el Black-Friday o el teléfono que se dice más inteligente que tú. Termina tu día y vas a la cama. Despiertas y la incertidumbre te recibe de golpe, sin darte tregua. Y así transcurren las semanas, los meses y los años. Y nada cambia.

La salud se afecta pero con esfuerzo la recuperas. Pierdes dinero pero con audacia y trabajo lo repones. Lo que nunca podrás volver a tener es el tiempo que transcurre. Y que se va, para no volver jamás. Así como tu rutina, mi rutina y la rutina de todos, está dejando que nuestra patria, se nos escurra entre los dedos. Que se esfume entre esa legión de pobres que te asechan, ese humo negro que te ahoga, esa cara vecina que te ve y se vuelve espejo. En una Guatemala que como expresa Galeano: “Los pocos viven con miedo de perder lo que tienen, mientras los muchos viven con miedo de nunca llegar a tener nada”. La risa, el abrazo y la confianza, los trocamos por el “razor ribbon”, por la escopeta del policía que te apunta, por ese vidrio ahumado que nos esconde.

¿Podemos desafiar esa agobiante rutina ? Creo que sí. Una gota rompe la roca no por su fuerza, la rompe por la constancia de su golpe. Ser como el salmón que nada siempre contra corriente. Creo que luchar por otra Guatemala no es un sueño, es un camino. Llegó el momento de decir ¡Ya basta! Y tomar el timón de nuestra propia vida, recuperar nuestro carácter individual y nuestro valor social. Y ese cambio empieza en ti. No te excuses en que no hay liderazgo, no te justifiques anulando tu acción porque “la política es siempre sucia”, no te encierres en ese agujero individual que te desaparece. Saberte diferente es el principio, saberte valiente es la decisión, saberte responsable, es alcanzar el cambio que nos devuelva a la vida. Bienvenido ciudadano rebelde.

Fuente: [http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/carta-abierta-al-ciudadano-rebelde]

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Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.