Alianza para la seguridad… de EE. UU.

Edgar Celada Q.
eceladaq@gmail.com

Durante algún tiempo, en la transición del gobierno estadounidense encabezado por el demócrata Barack Obama y el del republicano Donald Trump, incluidos los primeros meses desde la toma de posesión de este último, hubo muchas interrogantes respecto de la suerte que correría la Alianza para la Prosperidad del triángulo norte de Centroamérica (El Salvador, Honduras y Guatemala).

Durante la “cumbre” de Miami, efectuada el 15 y 16 de junio, se empezaron a despejar las incógnitas: en presencia de dos presidentes y un vicepresidente de los tres países centroamericanos y de los ministros de Relaciones Exteriores de México y Colombia, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, escoltado por el secretario de Estado, Rex Tillerson, y el secretario de Seguridad Interna, John Kelly, hizo el remarcado de la cancha y ahora, sin mucho espacio para las elucubraciones fantasiosas, ya podemos saber cuál es la tonada de la canción.

Siempre habrá espacio para los análisis sofisticados, donde los matices y la letra chiquita son importantes. Pero lo ocurrido en Florida, básicamente, fue la oficialización del ajuste macro de lo que se ha presentado desde el inicio como una política bipartidista (republicano-demócrata). Sí, sigue siendo una “política de Estado”, pero ya es público cuáles son los énfasis en la era Trump.

En la primera línea de esos énfasis, sin duda, está que a Estados Unidos le interesa su seguridad. La eventual prosperidad de los países centroamericanos, solo tiene relevancia en la medida que sea funcional al diseño de la seguridad estadounidense. Lo demás es retórica.

Si apalancando el modelo económico imperante puede contenerse la marea migratoria, adelante. La invitación privilegiada a las cúpulas empresariales para participar en la conferencia, no deja resquicio de duda respecto de uno de esos grandes trazos, que ahora serán desarrollos en la letra pequeña.

Pero lo importante, quedó claro, es la política de contención, tanto de los seres humanos expulsados por el desempleo y la violencia, como de las drogas o las materias primas para su producción, que transitan especialmente por el territorio guatemalteco.

Y así como se busca el compromiso de las elites económicas para sumarlas al proyecto (que en este sentido deviene en plan para la prosperidad de los prósperos), tampoco parece descabellado pensar que el famoso muro de Trump resultaría más conveniente (a ojos de EE. UU. y de México, copatrocinador de la cumbre de Miami) construirlo en Guatemala. Por lo pronto, en sentido figurado ese muro ya existe: se producen más deportaciones de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños desde territorio mexicano que desde EE. UU.

La parte tragicómica en torno a la conferencia de Miami, la escenificó el presidente guatemalteco, con sus desbarres tratando de naturalizar la corrupción, y con la inexplicada exclusión de la Fiscal General de la comitiva oficial que viajó a Florida. Pero esa es canción que, tal vez, EE. UU. deje que silbemos entre guatemaltecos.

Fuente: [www.s21.gt]

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Edgar Celada Q.

Coeditor at Revista Análisis de la Realidad Nacional
Periodista e inconforme; guatemalteco sin Suchiate. Labora en el Instituto de Problemas Nacionales de la USAC, de cuya revista Análisis de la Realidad Nacional es coeditor. Colabora en el diario Siglo Veintiuno.
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