Manolo Vela Castañeda 
manolo.vela@ibero.mx

¿Cómo se hizo En el filo, la novela de Marco Antonio Flores? La novela se construyó con los relatos de los sobrevivientes, quienes, llegando a Ciudad de México, alcanzaron a escapar de los escuadrones de la muerte. Allí, eso es algo que el profesor Vázquez Medeles investigó, el autor de En el filo hacía parte de una operación del PGT-PC, para proteger a los sobrevivientes, proveerles apoyo. La estancia de una familia completa en un país ajeno, sin papeles, sin empleo, bienes, dinero, contactos, no es cosa fácil.

En ese contexto, los sobrevivientes confiaron al autor relatos de la tragedia por la que habían pasado. Esas mismas narrativas eran reconstruidas en las reuniones que esta comunidad de exiliados compartía.

En 1993, con la publicación de En el filo, estos sobrevivientes se sintieron traicionados por Marco Antonio Flores. Las historias que ellos le habían confiado, sus historias, sin ningún tipo de consulta o autorización, habían salido a la luz.

Pero además de esto, por el tono del libro, estos sobrevivientes quedaron atrapados en una narrativa que les ridiculizaba. Porque al terminar de leer la novela queda claro que el destino final de esa organización no podía ser otro que la muerte y la derrota; que los vicios, ser mujeriegos, indisciplinados, ladrones, ingenuos, les llevaron a ese final. Esa es la visión desde la cerradura, a la que me refería la primera parte de este artículo. Porque, así como seguramente en todas las organizaciones hubo estos vicios, también hubo trabajo desinteresado, disciplinado, con mucha abnegación y entrega: gente que, con una inmensa dosis de sacrificio personal, luchaba por un país mejor.

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Hay dos maneras de ver ambos materiales, En el filo, y “la bitácora de operaciones”: la primera es un relato escindido –por la mirada enjuiciadora– entre desaparecidos, héroes y mártires, por un lado; y, sobrevivientes, que son calificados como traidores, en el otro.

La segunda es, me parece, una perspectiva más humana, y más cercana a la realidad: es un relato de sobrevivientes que, después de la experiencia de la desaparición forzada, los interrogatorios bajo tortura y de haber logrado salir del Centro Clandestino de Detención, intentaron seguir con sus vidas. Es un relato de la vida que allí, en el Centro Clandestino de Detención, se quedó, con la delación ¿Por qué aceptaron los términos de la negociación con sus captores? ¿tenían acaso otra opción? ¿podían decidir? ¿había espacio para la elección moral? En su lugar ¿qué habríamos hecho nosotros? ¿Por qué aceptaron los términos de la negociación con sus captores? Porque el dolor era insoportable, porque querían vivir, para ver a sus hijos, a sus papás, porque no querían que les pasara algo a sus hijos, que ese fue uno de los mecanismos de tortura, porque querían comprar un poco de tiempo, porque los toques eléctricos en el cuerpo deben ser algo terrible, por todo eso y más.

Todo el complejo del Centro Clandestino de Detención funciona para eso: instalaciones, vehículos, combustible, mantenimiento, sistemas de nómina, prestaciones, control de personal, la formación del recurso humano, los cursos en el extranjero para aprender a reclutar y formar torturadores, interrogadores, la carrera del personal de inteligencia, el archivo, el procesamiento de la información, la división del trabajo. Toda la fuerza del Estado sobre una persona, aprisionada, aislada, privada de alimentos, de agua, sin más fuerza que su cuerpo y las fuerzas que iban quedando, una situación límite. ¿Podemos captar esta terrible asimetría?

El objetivo de todo el complejo de la tortura no es otro: quebrar al que, a sus manos, llegó vivo. ¿Para qué? Para que su información alimente el ciclo de inteligencia. De allí la primera y única, tan simple, pregunta: ¿Cuál es tu siguiente contacto? De allí salía la información que, procesada, serviría para planificar –sobre la marcha– una nueva operación, que no era más que un nuevo operativo de captura, para seguir alimentando –de forma incesante– ese ciclo de inteligencia: cazar seres humanos, triturarles el alma, y seguir, el siguiente y el siguiente, desplazarse por toda la estructura, como nos explicaba el general Massu. Porque el límite no era la muerte, que ese era un lujo que estaba más allá de las posibilidades de los detenidos desaparecidos. La muerte del detenido desaparecido significaba el fracaso de toda la operación.

Antes que un relato de mártires y héroes contra delatores y traidores, la historia de los sobrevivientes de la guerra urbana está llena de tonos grises, historias complejas, poco agradables, capaces de alterar las buenas conciencias. Lo que vemos, cuando nos acercamos al detalle humano, es el despliegue de múltiples formas de resistencia, ambiguas, algunas disfrazadas de colaboración, que era lo que se podía adentro de una institución como esta.

Porque los sobrevivientes, quienes lograron librarse del Centro Clandestino de Detención, iban a sufrir otro proceso, después, cuando, bajo los cánones de la disciplina revolucionaria, iban a ser sentenciados, por las organizaciones, porque habían delatado compañeros, entregado casas, armamento, dinero. Habían desobedecido el mandato de dar la vida por la revolución. Y así, de nuevo, después de escapar de los dientes del aparato de inteligencia del Ejército, volvían a ser presa del estigma, la desconfianza, la pérdida de las solidaridades más elementales.

Los sobrevivientes iban por allí como si fuese preciso probarle al mundo que ellos merecían esa vida que –al salir del Centro Clandestino de Detención– habían vuelto a tener. Porque el sentido común de muchos de ellos –cuando se hallaron en el Centro Clandestino de Detención– era que de allí no había salida, se sabían muertos. Por eso, el haber obtenido su liberación fue como empezar una nueva vida.

Debemos rendir homenaje a ellos, a los reaparecidos, a los que sobrevivieron, a sus ganas de vivir. Ellos, los sobrevivientes, siempre recuerdan a sus familias, las que nunca, contra toda lógica, poniendo en riesgo su propia vida, siempre estuvieron dispuestos a apoyarles, en ese largo proceso de rehacer la vida, de volver a dormir bien, de ya no despertar con sobresaltos, viendo las caras de sus torturadores, el largo camino de la resiliencia. Ellos hoy son testigos de qué es haber regresado del infierno, sobrevivir a la muerte, la locura.

…el límite no era la muerte, que ese era un lujo que estaba más allá de las posibilidades de los detenidos desaparecidos. La muerte del detenido desaparecido significaba el fracaso de toda la operación.

En el filo, la novela, está a la venta en librería Casa del Libro, en Casa de Cervantes: 5a. calle 5-18, zona 1.

Este artículo fue presentado en el foro “El Diario Militar y En el Filo. Un diálogo entre literatura y ciencias sociales”, organizado por los estudiantes del quinto y del noveno semestres de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos. Una iniciativa del profesor Sáenz de Tejada”.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/domingo/2019/03/31/̶t̶r̶a̶i̶d̶o̶r̶e̶s̶-sobrevivientes-celebramos-su-vida-parte-ii-y-final/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manolo E. Vela Castañeda

Doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México. Es profesor investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Ganador del Premio 2009 Academia Mexicana de Ciencias a la mejor tesis de doctorado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México.
Manolo E. Vela Castañeda