¿Por qué el pueblo gringo votó por alguien como Trump?

Ante los demás no somos nosotros, sino el mundo que representamos.

Marcela Gereda

El jueves pasado gran parte del mundo amaneció deprimido, asombrado y con una sensación entre náusea y vértigo tras el triunfo de Trump. Entre letargo e incredulidad, buscamos escarbar en la historia presente cuáles fueron los alfiles que se jugaron para que un personaje como Trump triunfara el martes 8 de noviembre. Claro, Clinton ganó en votos, pero perdió en el complicado sistema del Colegio Electoral.

Es cierto, el pueblo la tenía díficil: ¿cómo elegir entre un magnate que solo piensa en dinero y en acosar mujeres (‘“when you are a star you can do anything, grab them by the pussy”’), y otra que es una gran aliada de los bancos y que votó a favor de la intervención en Irak?

Ante la noticia de Trump a la cabeza del país más fuerte del mundo, muchos nos preguntamos: ¿qué hizo que el pueblo norteamericano votara por ese magnate que representa y encarna aquello que muchos repudian?, ¿qué tuvo que suceder en la historia reciente de EE. UU. para que alguien que ha dicho todo lo que dijo sea el nuevo líder del país de las barras y las estrellas?

La repuesta la predijo desde hace seis meses el cineasta y analista Michael Moore, el director de Capitalismo, una historia de amor y otros documentales.

“Siento ser el que traiga malas noticias”, empieza Moore su artículo en el que recuerda que advirtió que Trump iba a ser el candidato del partido republicano. “Ahora tengo noticias peores y más deprimentes: Donald Trump va a ganar en noviembre.”

Desde julio pasado, Moore argumentó y detallo por qué Trump iba a centrar su campaña en los cuatro estados demócratas del llamado “Rust Belt” (donde nació Moore y del que lleva años analizando cómo la economía gringa ha desmantelado la fábricas y roto el American Dream de millones de familias).

Dicho “Rust Belt” está conformado por Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin. Cuatro estados que tradicionalmente votaban demócrata en las presidenciales, pero que desde 2010 han elegido gobernadores republicanos (con la reciente excepción de Pensilvania). Estos cuatro estados en los que Clinton no hizo casi campaña, son los estados que rechazan cómo los Clinton han apoyado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), además de otras políticas comerciales que han afectado negativamente la economía de estos estados, en particular con la partida de las industrias a los nuevos territorios que ofrecían mano de obra más barata. De esta manera la gente de estos estados votó contra Clinton y dio su voto a Trump.

Por otro lado, Moore también previó que el electorado masculino de raza blanca podía llegar a sentir que si triunfaba Clinton, la supremacía masculina podría entrar en peligro. Es decir, muchos machos masculinos votaron contra una mujer. Y, en familias así de tradicionales, lo mismo hicieron las mujeres.

Ante los demás no somos nosotros, sino el mundo que representamos y Moore lo explica: Hillary Clinton representa la vieja política, es por ello que los milenials no dieron tampoco su voto a Clinton y ello podía resultar problemático porque son ellos quienes tal como lo previó Moore jalaron muchos votos a favor de Trump.

El cineasta también señalaba que habría un sector de la población que realizaría un “voto deprimido” por Bernie Sanders. La gran mayoría de los votantes de Bernie Sanders votarían por Clinton, pero según Moore sin el fervor, enojo, entusiasmo y fanatismo que sí animaba a los electores de Trump. Dicho y hecho.

Y por último, Moore también analizaba el impacto del voto de todos los “anarquistas de armario” que votarían por Trump solo para romper el sistema, siendo la urna el único lugar donde no hay cámaras ni reglas: harían un tipo de “travesura”. Es decir, por ese enfado que la clase trabajadora siente hacia el capitalismo, se permitieron hacer “lo prohibido”: votar por Trump.

Si este señor Trump hace siquiera la mitad de lo que prometió (prohibir la entrada a musulmanes, expulsar a 10 millones de indocumentados, tomar el dinero de las remesas para pagar el muro, desarmar la OTAN, cancelar los acuerdos nucleares con Irán, estar dispuesto a utilizar la bomba nuclear, etcétera), entramos en una era de incertidumbre y de peligro completo para el mundo. El rechazo al capitalismo y al sistema puede hablar al mundo para expresar que algo nuevo puede nacer de este caos en el que como humanidad parecemos estar a un paso del abismo.

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
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