Los acuerdos de paz, luces y sombras

Carlos Figueroa Ibarra

Entre las sombras de los acuerdos de paz, se encuentra el que la situación agraria no ha variado con respecto a la que existía antes del conflicto armado. Además Guatemala sigue teniendo una de las tasas tributarias más bajas del mundo. Al firmarse la paz se esperaba que en 2000, la carga tributaria alcanzaría el 12%. La realidad fue que durante años la carga tributaria estuvo abajo del 10% y no sería sino hasta 2013 cuando apenas alcanzaría el 11%. El resultado es la miseria y la desigualdad que se observa en el país. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Condiciones de vida de 2014, en Guatemala existen 15.6 millones de habitantes de los cuales el 59% se encuentra en condiciones de pobreza, un 8% más de lo que se había registrado en 2006. La pobreza en el área rural es de 76% y entre la población indígena alcanza el 79%. Los pueblos indígenas son los más pobres entre los pobres: mientras que entre los ladinos (mestizos) la extrema pobreza alcanza el 23%, en la población indígena llega al 40%.

En un balance hecho por el Parlamento Europeo en 2007 se hizo un balance del cumplimiento de los acuerdos de paz y las conclusiones de esa conferencia internacional explican la situación anteriormente reseñada: a diez años de la firma de los acuerdos de paz los avances eran mínimos y esa situación se debía a la falta de voluntad de “los sucesivos gobiernos y de las élites políticas”. Lo fundamental de acuerdo a dicha conferencia era hacer realidad una reforma fiscal y una reforma agraria, las cuales resolverían de manera significativa la pobreza rural y urbana. El mismo cumplimiento del acuerdo sobre identidad y derechos de los pueblos indígenas, dependía de la realización de dichas reformas que facilitarían el cumplimiento del acuerdo sobre situación socioeconómica y cuestión agraria.
Me resulta equivocado decir que a 20 años de la firma de la paz no hay nada que celebrar en Guatemala. La implantación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) ha significado un cambio en la aplicación de la justicia en el país, decisiva en la lucha contra la impunidad y la corrupción. Las fuerzas armadas hoy han dejado de ser el eje del Estado y el lugar donde se toman las decisiones políticas esenciales para el país, rasgos esenciales de la dictadura militar. El terrorismo de estado no es ya el arma esencial de la dominación en el país. El problema radica hoy en la debilidad del sistema de partidos políticos y la corrupción que impera en el sistema judicial y el poder legislativo. Lo anterior, sumado a la penetración del crimen organizado en el Estado ha dado como resultado una democracia de muy baja calidad. La violencia delincuencial es rampante y la violencia que le abre paso a la salvaje acumulación neoliberal (los megaproyectos por ejemplo) ha ido sustituyendo al anterior terror contrainsurgente.

He aquí pues algunas de las luces y sombras de los acuerdos de paz.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Condiciones de vida de 2014, en Guatemala existen 15.6 millones de habitantes de los cuales el 59% se encuentra en condiciones de pobreza, un 8% más de lo que se había registrado en 2006.

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Carlos Figueroa Ibarra. Sociologo especializado en el tema de violencia política, terrorismo de estado, procesos políticos latinoamericanos. Autor de libros y artículos sobre esos temas.
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