La política, en la antesala del infierno

Manolo Vela Castañeda
manolo.vela@ibero.mx

Las premisas básicas de la política se están resquebrajando en Guatemala. Y los puntos de quiebre, como ocurre en las crisis, no son solo uno, sino varios, y pareciera ser imposible atajar todos a la vez.

1. La política ha dejado de ser ese enfrentamiento entre adversarios que se respetan porque la política en Guatemala es –desde hace algún tiempo– un asunto de vida o muerte. El que pierde, corre –él directamente, y quienes le apoyaron– el riesgo de terminar en la cárcel. Los mafiosos ven en las elecciones de 2019 la última posibilidad para evitar la cárcel. Y así, ya no se trata del enfrentamiento entre adversarios sino entre enemigos. Y esto abre el repertorio a la violencia política. Del inicio de esta a las espirales recíprocas, las escaladas competitivas, hay solo un paso.

En menos de tres meses, 8 líderes y activistas de Codeca, Comité de Desarrollo Campesino, y del CCDA, Comité Campesino del Altiplano, fueron asesinados: Luis Arturo Marroquín (9 de mayo, San Luis Jilotepeque, Jalapa); José Can Xol (10 de mayo, Choctún Basilá, Cobán); Mateo Chamán Paau (13 de mayo, aldea Las Conchas, Cobán); Ramón Choc Sacraba (30 de mayo, Cobán); Alejandro Hernández García y Florencio Nájera (4 de junio, caserío Los Cerritos, cantón Valencia, Jutiapa); Francisco Munguía (8 de junio, aldea del Divisadero, Jalapa); y, Juana Raymundo (22 de julio, Nebaj, Quiché). Sobre estos hechos, leer la crónica de Ángel Mazariegos Rivas en Plaza Pública: https://bit.ly/2vdwWvh Esta serie de ejecuciones extrajudiciales ocurre en un momento en que Codeca ha alcanzado el número de firmas para convertirse en partido político: el Movimiento Para la Liberación de los Pueblos.

El único camino para atajar estos actos de violencia política es una investigación que lleve a juicio a los autores. Probablemente aún estemos a tiempo de poner un alto a esta dinámica perversa.

2. La política ha dejado de tener esos debates de ideas, de posiciones ideológicas acerca del papel del Estado, los impuestos, la seguridad, la educación, el sistema de salud, la política social, entre otros asuntos. Lo que está en el debate no son opciones de política, sino un alineamiento a favor o en contra de la corrupción.

Claro, los mafiosos, en su búsqueda de apoyo en la opinión pública precisan hallar un lenguaje accesible. Y ¿Cuál es ese lenguaje accesible? Es el lenguaje del falso nacionalismo contra los extranjeros y los alegatos a favor de la soberanía; que el golpe de Estado técnico; que a los mafiosos se les viola el debido proceso; que el abuso de la prisión preventiva; que los mafiosos están enfermos; que la justicia selectiva; que la lucha contra la corrupción es la causa de la crisis económica; que la justicia es asunto de los comunistas, de los izquierdistas; que el dinero viene de George Soros; que el dinero del resarcimiento. Este es el discurso que los mafiosos inventan, es propaganda pura y dura; útil para atrincherarse y dar la batalla, porque es eso o terminar sus días en la cárcel. ¿Qué esperaban? Nadie puede pararse en un semáforo y pedir a los conductores permiso para pegar calcomanías que digan: ¡Yo apoyo a los corruptos! ¡Viva la mafia guatemalteca! ¡Yo apoyo a Roxana Baldetti! ¡Viva Otto Pérez!

Los propagandistas a favor de la corrupción han hecho uso de discursos de odio, de miedo. De forma incesante hay campañas en contra de activistas de derechos humanos, del Procurador de Derechos Humanos, del partido político –en formación– Semilla, de Thelma Aldana, exfiscal y futura candidata a la presidencia. Esta propaganda ha ido más allá del derecho de manifestar opiniones personales, porque se trata de campañas que buscan desprestigiar, infundir odio y miedo, lo que coadyuva al repertorio de la violencia política que antes señalaba.

3. La política ha dejado de tener esa capacidad para pactar, llegar a acuerdos. En esta coyuntura esto no es posible, porque la premisa de los mafiosos es una sola: garantía de impunidad. Estamos encarrilados en una batalla en la que no hay posibilidades de alcanzar acuerdos: o se gana la batalla contra la corrupción, o la perdemos, y volveremos a ser el Estado mafioso en el que nos habíamos convertido. Para la mafia guatemalteca todo se quebró el 16 de abril de 2015, y allí es a donde añoran que todo regresara.

4. Las líneas que definen las alianzas en este momento han dejado de ser la izquierda y la derecha. El alineamiento principal es estar a favor o en contra de la corrupción.

En la alianza a favor de la corrupción cabe de todo. Cuando es pactar o terminar en la cárcel, aliarse con el diablo termina siendo una buena opción. Aquí están políticos caídos en desgracia, capos del narcotráfico, exdiputados, exmilitares, exfuncionarios que guardan prisión preventiva, exfinancistas de campaña, exbanqueros, y empresarios, presidencia, ministros y secretarios de Estado, diputados, alcaldes y candidatos a la presidencia.

La alianza a favor de la corrupción es multitemática: unos están en contra de los juicios por las violaciones a los derechos humanos de cuando la guerra, otros están en contra de los procesos por corrupción de ahora, otros en contra del repertorio de Codeca, otros quieren contratos, nuevas obras para seguir robando.

Otros están a favor del transfuguismo, de que los diputados puedan reelegirse por un partido diferente del que les llevó al Congreso. Esto tiene entrampada la agenda legislativa, porque los mafiosos ya advirtieron que, si no se juntan los votos para cambiar el Artículo 205 Ter de la Ley Electoral, en el Congreso ya no se conocerá ninguna ley. Los diputados mafiosos, que en esta legislatura se sumaron al partido de gobierno, o hicieron sus propios bloques, como MR, y AC, no quieren reelegirse por estas plataformas. Ellos quieren hacer lo que siempre han hecho: subirse a las tarimas con otros colores, otras canciones. Esta semana será decisiva. Los 29 votos del partido UNE son el fiel de la balanza: o los maicean o se mantienen firmes.

5. Muy pronto, la lucha contra la corrupción se topó con una limitación institucional: el sistema carcelario. Como argumentaba en noviembre de 2016, cuando escribí Fuerza de tarea Mariscal Zavala  https://bit.ly/2qDOg7H: la prisión que se halla en la Brigada Militar Mariscal Zavala es el paraíso de los mafiosos. Están reunidos, sin nada que hacer, tienen acceso a aparatos de comunicaciones, dinero a más no poder, contactos políticos, sin ninguna restricción de las visitas, los canales de televisión abierta y la radio Sonora a su disposición, y entre unos y otros reúnen una serie muy diversa de capacidades multidisciplinarias: lavado de dinero, operaciones militares, guerra psicológica, operaciones encubiertas de inteligencia (asesinatos), litigio malicioso, compra de voluntades. Mientras todos estos mafiosos se hallen reunidos en esta prisión, en lugar de someterlos al control de las instituciones, seguirán siendo uno de los mayores peligros para el régimen político.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/domingo/2018/08/05/la-politica-en-la-antesala-del-infierno/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manolo E. Vela Castañeda

Manolo E. Vela Castañeda

Doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México. Es profesor investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Ganador del Premio 2009 Academia Mexicana de Ciencias a la mejor tesis de doctorado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México.
Manolo E. Vela Castañeda