LA CODICIA, PECADO CAPITALISTA, COSECHANDO LA RUINA DEL ESTADO

Recientemente se hicieron públicas imágenes de un bodeguero del IGSS
que junto con el piloto de la panel, con la que distribuían los medicamentos,
fueron descubiertos al robar dichas medicinas y transarlas con un “empresario”
de una droguería “venta de medicinas” o farmacia, como prefiera decirle.
Si un simple empleado operativo de dicha institución, junto con un cómplice
y en contubernio con un microempresario, son capaces de trasegar ilegalmente
los recursos de organizaciones con fines de servicio social, imagínese lo que
los jefes administrativos de dichas instituciones hacen con los recursos del Estado.

Opinión habrá que estará contra la crítica sana de las instituciones colapsadas
por delincuentes burocráticos, porque no son personas dignas ni encuadran en un perfil
de trabajador consecuente a sus labores, sino de seres humanos que son adictos al dinero
y su enfermedad es la codicia, y eso no sólo sucede en el IGSS, la poca profesionalidad
de los servidores públicos indica que algunos, no todos, incluso laboran en estado alcohólico
(borrachos).

La codicia en la burocracia del Estado es una enfermedad capitalista, una plaga
una epidemia irrefrenable, incurable, porque como decía Shakespeare, una manzana podrida
pudre a las demás, y eso es algo de simple observación física de las condiciones de la
naturaleza. No confundamos la ambición racional de superación, de éxito, de prosperidad
social y económica y cultural y religiosa de una forma adecuada sin violentar los derechos
colectivos y humanos de nuestros semejantes. Ser ambicioso no es una enfermedad, es parte
del sentido humano por alcanzar metas, de lo contrario, por ejemplo, Erick Barrondo
no habría alcanzado esa medalla olímpica que fue resultado de su ambición por trascender
desde su escasos apoyos o recursos. Barrondo es un claro ejemplo de ambición deportiva,
pero no por eso se le ve buscando codiciosamente el poder en las instituciones deportivas
para enriquecerse, incluso él mismo financió parte del proyecto del CENTRO DE CONVERGENCIA
en CHIYUC, donde viven sus padres.

Las autoridades están en condición de anarquía, un ejemplo son las cárceles y el ex director
del sistema penitenciario nacional. El robo de medicinas en el IGSS. El triste ejemplo del
ministro de salud que al investigar en la bodega de medicinas del hospital San Juan de Dios
de la Ciudad de Guatemala descubre que hay medicinas que hace más de 2 años que no llegan
para la atención médica de los pacientes guatemaltecos.

La codicia capitalista en todos los niveles, desde el empleado operativo al nivel más básico
hasta los ejecutivos administrativos de las instituciones del Estado, han logrado sembrar la
ruina del Estado guatemalteco y el fruto indiscutible es la anarquía, la violencia, la impunidad y
pobreza, en suma, la bancarrota estatal.

Mauricio E. Lopez Castellanos
10 septiembre 2014