Impunidad como objetivo único

Virgilio Álvarez Aragón

El presidente Jimmy Morales ha decidido cerrarles espacios a la democracia y a la lucha contra la impunidad este viernes 31 de octubre.

Con una escenografía ochentera, donde la fuerza autoritaria militar se imponía a la civilidad ciudadana, hizo público, ante propios y extraños, que lo único que le interesa es escapar de cualquier persecución judicial y proteger a corruptos y corruptores con un manto cínico de impunidad.

Fue un día atípico. Con evidentes amagos por detener al comisionado Iván Velázquez y expulsarlo del país, tanquetas policiales donadas para el cuidado de las fronteras se posicionaron frente a la Cicig en un ensayo grotesco de imposición de la fuerza bruta ante la presión de la veracidad de sus crímenes electorales.

El presidente Morales ha optado por intentar hacernos retroceder 30 años en la historia nacional y universal. Frágil y arrinconado, ha decidido parapetarse detrás de uniformes militares y de tanques policiales para impedir que se le haga asumir la irresponsabilidad de sus actos.

Asustado, se ha guarecido tras militares uniformados, dado que las distintas instancias civiles del Estado de Guatemala han conseguido hasta ahora cercar, de manera estrecha y firme, a corruptos, corruptores y asesinos, entre los que él, sus principales aliados y sus familiares lamentablemente se encuentran incluidos.

Su anuncio de que no renovará el convenio con Naciones Unidas para el funcionamiento de la Cicig lo hizo rodeado de altos mandos militares, en una evidente muestra de que solo está apoyado por la fuerza, y no por la razón, en este acto que evidentemente debilita la lucha contra la impunidad.

Como Pérez Molina en su momento, ha querido hacernos creer que defiende la soberanía nacional, cuando en la práctica lo único que busca es impunidad para sus delitos electorales. Incapaz de ofrecer explicaciones confiables que desacrediten las acusaciones, ha optado por parapetarse en un discurso religioso desfasado que le permite desviar la atención pública de sus ilegales e irresponsables actuaciones.

Irresponsablemente, Jimmy Morales ha puesto al país en un intríngulis peligroso. Incapaz de entender la realidad y de actuar en consecuencia, ha decidido dejar de lado el sentir ciudadano para hacer valer simple y llanamente sus intereses personales. Si encuestas profesionalmente realizadas, como la efectuada para el Cacif por Politik a finales de julio, demuestran que en este momento el 59 % de la población considera la Cicig una institución confiable, mientras que apenas el 18.4 % confía en él, en lugar de intentar revertir esa inmensa falta de credibilidad asociándose a la Cicig en la lucha contra la impunidad, ha optado por descalificarla e intentar expulsarla, con lo que su aislamiento político y social será aún mayor, con muy pocas posibilidades de que la impunidad hasta ahora conseguida pueda acompañarlo luego de finalizar su mandato.

Su fracaso como gobernante queda más que demostrado en dicha investigación. Mientras el 77.4 % considera negativo el trabajo del presidente, apenas un 17.8 % tiene una opinión semejante de la Cicig, institución cuyo trabajo el 69 % de la población considera positivo. Los pocos defensores del presidente y sus aliados pueden ser bulliciosos, soeces y agresivos, pero eso no ha impedido que el grueso de la población, sea urbana, semiurbana o rural, tenga una pésima opinión de la actuación de Jimmy Morales al frente del Gobierno y, por el contrario, valore muy bien las ejecutorias de la comisión internacional contra la impunidad y su responsable.

Nada nos asegura que, en su escalada autoritaria en busca de impunidad, otros actos irresponsables vengan a producirse. La institucionalidad está puesta a prueba, y se espera que, en el Congreso de la República, la sensatez y la responsabilidad logren imponerse al autoritarismo, que solo busca impunidad para corruptos, corruptores y perpetradores de crímenes contra la impunidad, y obliguen al actual presidente de la república a responder por sus actos ante órgano jurisdiccional competente.

Se ha desencadenado el golpe contra la democracia y la equidad ante la justicia. Morales ha optado por destruir las instituciones para proteger sus particulares intereses. El país no merece un retroceso de tal magnitud, pero dependerá de la dignidad y de la solidez democrática de los distintos actores políticos y sociales que la amenaza autoritaria y antidemocrática no llegue a consumarse.

Fuente: [http://plazapublica.com.gt/content/impunidad-como-objetivo-unico]

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Virgilio Álvarez Aragón

Virgilio Álvarez Aragón

Doctor en sociología, formado en la Universidad de Brasilia. Ha sido docente universitario en Guatemala, México y Brasil. Interesado por los temas educativos, ha investigado sobre la política educativa y el magisterio, pero también sobre la democracia y sus riesgos en las sociedades post conflictos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “Conventos Aulas y Trincheras, Universidad y movimiento estudiantil en Guatemala” (dos tomos, segunda edición 2013) y “La revolución que nunca fue: un ensayo de interpretación de las jornadas cívicas de 2015”. Publica sus opiniones en Siglo 21 y Plaza Pública
Virgilio Álvarez Aragón