El presidente que camina hacia el precipicio

Y arrastra a la nación.

Edgar Gutiérrez

La decisión del presidente Jimmy Morales de pedir la remoción del comisionado Iván Velásquez, no es nueva. La venía rumiando desde principios de año. Se asocia, en un principio, al proceso penal que abrió el Ministerio Público y la Cicig desde hace once meses en contra de su hijo Juan Manuel y su hermano Samuel, y que está por entrar a una fase decisiva. Y se refuerza ahora por un presunto antejuicio en su contra que los fiscales solicitarían a causa de operaciones ilícitas en el financiamiento de la campaña electoral de 2015.

Es decir que el móvil del mandatario es personal, no es de Estado. Su encono en contra del comisionado Velásquez y la fiscal general Thelma Aldana ha provocado varios bochornos, incluso internacionales, como en junio pasado, y una tensión tan dañina como innecesaria en las relaciones institucionales. Ahora la está convirtiendo en crisis de Estado y horada su propia legitimidad.

Carlos Castresana renunció porque politizó la función de la Cicig. Francisco Dall´Anese fue removido a petición del gobierno de Otto Pérez por apoyar la causa del genocidio en la justicia transicional. Ninguno de estos casos tuvo alcances de crisis de Estado, porque su trabajo tampoco fue trascendente. Es más, en 2010 y en 2014 la Cicig no tenía un expediente digno de elogio. La experiencia bien se pudo archivar en Naciones Unidas como buena idea y mala ejecución.

La historia cambió a partir de 2015, hasta estremecer las bases del régimen político y económico. La Cicig ha dejado una huella profunda y marcó otro rumbo para Guatemala que ahora se podría frustrar. Es una paradoja que la Presidencia de Jimmy Morales es inexplicable sin las ejecutorias de la Cicig en el 2015. Jimmy Morales tuvo que haber gobernado apoyando y apoyándose en la Cicig, pero con el caso de su hijo y su hermano creó la tormenta en un vaso de agua, y ahora está a punto de ahogarse en esa misma tormenta de una manera increíble.

Hay quienes aplauden al gobernante y ven complacidos el fruto de su trabajo. Primero lo encapsularon, armándole cualquier teoría de la conspiración. Y ahora lo lanzan al precipicio. Para quienes manipulan al presidente hay cero costos y en cambio muchos beneficios. Cualquier desorden e inestabilidad apuntala el viejo régimen de corrupción y cooptación del Estado, cuyos tentáculos están siendo removidos a pesar de las férreas resistencias. Jimmy Morales está jugando con la conciencia de la nación. La restauración completa del viejo régimen no es viable, pero el sentimiento de frustración, pesimismo y fraude puede tener impactos impredecibles.

La manifiesta crisis de Estado lleva al país al umbral del caos. Los riesgos de violencia política no son remotos. El presidente está jugando con fuego y arrastra en su personal cólera enceguecida la esperanza de una nación, que ya dio muestras en la Plaza su indisposición a que le arrebaten su dignidad y su futuro, aunque ahora sea turbulento y el camino esté empedrado.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2017/08/24/el-presidente-que-camina-hacia-el-precipicio/]