El fortalecimiento del régimen efecenista

Si hubo alguien que imaginó que Jimmy Morales y el grupo que lo acompaña en el poder estaban con los días contados, puede guardar para mejores épocas sus bombos y pancartas. El régimen efecenista comandado por Morales está más que vivo y en las últimas semanas ha consolidado sus posiciones no solo dentro de la estructura político-gubernamental, sino, lo más importante, dentro de amplios sectores de la sociedad.

Virgilio Álvarez Aragón

La derecha neoconservadora, heredera directa del viejo emelenista, sin hacer mayor escándalo se ha consolidado en el poder y ve ya con entusiasmo la reedición de sus triunfos en 2019. Ellos vinieron para quedarse, aunque algunos de sus líderes tengan que pasar meses y tal vez años escondidos. Al final de cuentas, si Luis Mendizábal, promotor y hacedor de golpes de Estado, lleva prófugo más de un año y los grandes señores del Partido Patriota (Érick Archila Dehesa y Alejandro Sinibaldi) también, Édgar Ovalle puede dormir a pierna suelta si, como aquellos, cuenta con la complicidad del ministro de Gobernación, del presidente de la república y de los llamados países aliados para mantener impunes sus crímenes.

En las últimas semanas Jimmy Morales nos ha demostrado que no es nada papo, que se las sabe todas y que, en la defensa de su proyecto político-ideológico, es capaz de hacer maniobras en las que el mejor de los equilibristas políticos puede trastumbar. Porque que ese proyecto sea simple y llano no quiere decir que no exista. Ellos están en el poder para evitar que la sociedad se organice, que la democracia se consolide y que las formas tradicionales de explotación y expoliación existentes desaparezcan. El efecenismo no tiene el menor interés en al menos mitigar la pobreza y con los pasos dados no solo se ha afianzado, sino también se ha extendido.

El primer tiro, arriesgado y difícil, fue poner a la defensiva a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y al Ministerio Público (MP). Que los jefes de ambas instancias tengan que invertir tiempo y energía en buscar apoyos y simpatías es un punto a favor de los impulsores de la impunidad. Velázquez y Aldana no podrán volcarse a tiempo completo a escrutar las prácticas delincuenciales de estas mafias mientras estas tengan oportunidad, como la tuvo Ovalle, de esconderse y evitar el peso de la justicia.

El segundo golpe fue cambiar ocho gobernadores. Con el falaz argumento de que no habían cumplido sus metas de ejecución, el presidente cambió chuecos por chambones, solo que esta vez bajo el entendido de que serán los diputados recién llegados al efecenismo los que conducirán las negociaciones y contrataciones de la obra pública municipal. Las denuncias del exgobernador de Huehuetenango son apenas un botón de muestra de cómo se ha rediseñado el manejo de los fondos municipales. El presidente ha comenzado a pagarles a los tránsfugas, y estos han comenzado a obedecer sus indicaciones callada la boca. Para salvar a un aliado íntimo como Melgar Padilla no tuvieron miramientos en sacrificar al diputado titular por Chimaltenango. Y si un amigo cae en desgracia, un agente de la Tropa Loca estará presto a asumir la función. La disciplina efecenista es férrea, y la cuestión comienza a cobrar estructura de cuartel, donde Jimmy manda y los demás obedecen.

El tercer golpe fue aún más certero y osado. En realidad, una carambola a tres bandas. Si por un lado logró demostrarles a los aliados coyunturales, diputados no efecenistas, que quien dice cuándo y cómo hay que mover a un ministro es él, por el otro atrajo a sí a un amplio sector de clases medias urbanas en defensa de uno de sus altos funcionarios. Gente que sin querer, y muchas veces negándolo, vino a afianzar el proyecto efecenista defendido sin chistar por todo el gabinete.

Los diputados ansiosos por mostrar músculo decidieron interpelar a dos ministros. Los efecenistas salieron al rescate y movieron la bola roja para luego tocar las tres bandas y, dando en la bola blanca del contrincante, no solo salvaron a sus ministros de la tensión innecesaria de la interpelación, sino que demostraron que ellos también saben hacer política. Ministros y diputados efecenistas ahora son más amigos que antes y no tendrán por qué vivir roces.

Los defensores de una ministra abarrotaron las redes sociales para defenderla. No condenaban el uso espurio e ilegítimo de la interpelación, ahora mucho más acotada que la sufrida por ministros de gobiernos anteriores. Se habló más bien de una ministra que está haciendo su trabajo, dejando sobrentendido que el resto de los miembros del gabinete están allí para contar habas, sin que se pueda mostrar con evidencias empíricas que en apenas 12 meses su ministerio es el País de las Maravillas.

En el proceso de deificación de un personaje se afianzó la idea de que el sindicalismo es el enemigo del desarrollo y de la salud y se dejó de lado que, si el pacto colectivo efectivamente es lesivo al Estado, la Procuraduría General de la Nación tiene la obligación de presentar ante los tribunales su denuncia, cuestión que hábilmente el gobierno efecenista se ha cuidado de no hacer. Mientras tanto, el mismo Gobierno (en consejo de ministros) vetó la ley que acordaba un bono de Q250 para las comadronas rurales. Por ellas no se levantó la plaza, aunque son parte fundamental e indispensable de un modelo de salud centrado en la prevención y la atención de los menos afortunados. El Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras defendió ministros, pero no se inmutó ante el menosprecio a la labor de las comadronas.

Pero lo más importante del logro efecenista en este asunto fue que con contundente ventaja se consolidó en la sociedad la idea de que el ejercicio público es cuestión de voluntades individuales, de que los problemas públicos se pueden resolver con la buena intención de individuos supuestamente no afines al gobernante, como si este al final de cuentas no fuese su jefe. La antipolítica ganó aire, pues tal parece que ya no importa que exista un equipo de gobierno, mucho menos una propuesta ideológica que le dé sentido a la gestión pública. Ahora resulta que la salud y la educación podrán resolverse con la buena voluntad de un ministro, aunque no se tenga una mínima estrategia de combate de la pobreza. Parece que aquello de que esta es la causa fundamental de las dolencias de la mayoría de la población pasó al cajón de los trastos viejos.

Jimmy Morales podrá pasar feliz su descanso de verano, pues no solo tiene ocupada a la Cicig y al MP en su sobrevivencia, sino que aquietó a aliados directos con gobernadores dóciles, les mostró a los aliados impresentables que a su gente no se la toca y se metió en la bolsa a los que hasta ayer afirmaban no tener presidente, pues, además de que fueron él y sus diputados los que impidieron la interpelación, se consolidó la idea de que no son necesarios partidos ni ideologías ni mucho menos planes de gobierno para satisfacer a la población, ya que las necesidades ingentes no hay por qué tratar de resolverlas.

Tal parece que de ahora en adelante la cuestión ya no será de programas de gobierno y de propuestas coherentes, sino de un grupo de superhéroes en el que cada quien tire para donde le parezca conveniente.

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/el-fortalecimiento-del-regimen-efecenista]

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Virgilio Álvarez Aragón

Virgilio Álvarez Aragón

Doctor en sociología, formado en la Universidad de Brasilia. Ha sido docente universitario en Guatemala, México y Brasil. Interesado por los temas educativos, ha investigado sobre la política educativa y el magisterio, pero también sobre la democracia y sus riesgos en las sociedades post conflictos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “Conventos Aulas y Trincheras, Universidad y movimiento estudiantil en Guatemala” (dos tomos, segunda edición 2013) y “La revolución que nunca fue: un ensayo de interpretación de las jornadas cívicas de 2015”. Publica sus opiniones en Siglo 21 y Plaza Pública
Virgilio Álvarez Aragón