Democracia y partidos políticos

Jaime Barrios Carrillo
jbarrios@siglo21.com.gt

Nos guste o no, los partidos son los canales de la democracia representativa entre el Estado y los ciudadanos. Pero qué sucede cuando tanto el debate como la democracia interna de los partidos tienen tantas debilidades que resultan inexistentes. Se vuelven entonces instrumentos de intereses particulares o personales y no constituyen expresiones ciudadanas.

Un sistema democrático es un mecanismo social de toma de decisiones. Lo anterior es positivo, mas funciona siempre y cuando haya una cultura democrática.

Lamentablemente es lo que nos falta. La clase media capitalina vive en la luna, o en “gallo” como suele decirse y participa muy poco en los partidos políticos y luego vota por el primer payaso que le propongan.

Hay que precisar que además de la democracia representativa existe otra dimensión: los procesos democráticos de participación, comúnmente llamados democracia participativa. La participación al interior de los partidos debe ser parte de esta dimensión.

La democracia participativa corresponde a una dinámica no solo de mecánica electoral, sino se trata del involucramiento real de amplios sectores ciudadanos en los partidos y en la sociedad civil. La sociedad civil en este caso forma parte esencial de la democracia.

Aunque, y viendo nuestra realidad, tampoco la sociedad civil guatemalteca es suficientemente democrática; ahí faltan también cultura y estructuras democráticas.

Los partidos políticos, en todo caso, deben ser algo más que canales hacia el poder. En Guatemala se activan solamente para las elecciones. Recordamos ahora los esfuerzos de aquel gran líder que fue Manuel Colom Argueta para construir un partido que tuviera una organización democrática e ideología definida.

Nunca faltaron en su partido, FUR (Frente Unido de la Revolución), ni el debate ni las estructuras democráticas. Meme, recordemos, fue vilmente asesinado por los enemigos de la democracia, apenas una semana después de haber inscrito aquel histórico partido FUR, el que a su vez fue prácticamente destruido por la represión canallesca y criminal que privó entre 1980-85.

Los partidos actuales no han logrado desarrollar lo que Colom Argueta quiso con su partido, porque dentro del modelo actual la representación suele corromperse y los representantes (o clase política) se representan frecuentemente a sí mismos.

El liderazgo está basado en la verticalidad (las decisiones llamadas “a dedo”) o por la fuerza del dinero que aportan los verdaderos “dueños” de los partidos o sea los financistas, los cuales suelen cobrar las “facturas” políticas por adelantado, colocando a “su gente” o a ellos mismos en los puestos de elección.

Lo más patente y patético de esta corrupción política son ahora los tránsfugas del FNC.

Urge desarrollar nuestra democracia. Una democracia que no se desarrolla, muere, se pudre, se convierte en un ritual y en una fachada. Democracia es “el poder del pueblo”. Pero en Guatemala la clase política ha buscado solo el cratos y le ha importado un pepino el demos.

Los partidos políticos, en todo caso, deben ser algo más que canales hacia el poder. En Guatemala se activan solamente para las elecciones. Recordamos ahora los esfuerzos de aquel gran líder que fue Manuel Colom Argueta para construir un partido que tuviera una organización democrática e ideología definida.

Fuente: Siglo21 [http://www.s21.com.gt/tragaluz/2016/02/28/democracia-partidos-politicos]

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