De uniformados

lucha libre

Lucía Escobar

Los que crecimos durante los últimos años de la guerra en Guatemala recordamos la propaganda de Canal 5 con aquella cancioncita de: “Hoy le escribí una carta a mi querido hermano, le dije que lo extraño y que lo quiero mucho, mamá me ha contado que él es un buen soldado que cuida las fronteras de mi patria”. La tarareo en mi mente y casi puedo sentir el nudo en la garganta que sentía de pequeña. A mí me conmovía. Y hasta el día de hoy, me dan lástima los soldados, siento compasión por ellos. Me da pena su trabajo. Comparto la consigna que gritan en las manifestaciones de todo el mundo que dice: “Los uniformados también son explotados”. Son los peones de este ajedrez, los primeros en ser sacrificados, no en pos de una patria, ni de una libertad democrática: son los sacrificados de la oligarquía, los perros guardianes del ‘statu quo’. Hablo de los soldados rasos, los que pasan hambre, los maltratados. Los otros, los oficiales, los que han ascendido, esos no me dan lástima, esos me dan cólera. Les anularon tanto la identidad y la autoestima que mataron toda crítica y rebeldía en ellos. Ya no existe un Turcios Lima, ni un Yon Sosa que insurrectos desafíen al Ejército y le den un giro a una profesión que podría ser un poco más noble.

Imagino y quiero creer que aún existen militares buenos que aman a su país, que no roban, ni asesinan ni se aprovechan. A ellos me gustaría ver un día manifestando su repudio por los genocidas y los corruptos. Marchando en contra de los frutos podridos. Y si el Ejército no puede desaparecer, debería cambiar su concepto y su filosofía. ¡Qué nos defiendan de las trasnacionales, del narcotráfico, de las empresas extractoras que no respetan las leyes y que siguen operando aquí aunque nuestros tribunales las hayan expulsado! O quisiera ver a los camiones del Ejército transportando la marimba de la Academia Luis de Lión para que esta toque gratis en la Feria de Libro. No quiero ver soldados disparando contra el pueblo. No quiero un país militarizado y violento. ¡Que trabajen por la paz, que contribuyan al orden y a la ecología! ¡Qué recojan basura! ¡Qué limpien las calles!

El próximo domingo 3 de julio por primera vez en diez años, los milicos volverán a las calles a marchar, gracias a la iniciativa de Jimmy Morales, actor contratado por los chafas para interpretar el papel de capataz de la república bananera.

Hoy más que nunca extrañamos el genio artístico de Aníbal López, quien un 30 de junio del año 2000, regó diez costales de carbón en el pavimento de la Sexta Avenida donde el Ejército guatemalteco desfilaría horas después. Su protesta como el genocidio, fue ocultada y la trataron de borrar, pero fue imposible. Como dicen los H.I.J.O.S: No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

Y si ellos salen de nuevo a las calles, nosotros también iremos a protestar, a defender la paz. ¡Represión nunca más!

@liberalucha

Como dicen los H.I.J.O.S: No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

Fuente: [http://elperiodico.com.gt/2016/06/29/lacolumna/de-uniformados/]