Cuando despertamos, la corrupción sigue allí

Virgilio Álvarez Aragón

La alegre rebeldía y la rabia contenida fueron los sentimientos que dieron color y vida a las movilizaciones de este 20 de septiembre.

Dichas movilizaciones quedarán en la historia como el momento en que amplios sectores sociales rompieron finalmente con la tutela castrante del poder económico. Se logró un paro ampliamente acatado, con movilizaciones en casi todas las cabeceras departamentales y participación masiva en la ciudad capital. Participaron jóvenes y mayores, estudiantes y trabajadores, hombres y mujeres, empleados públicos y pequeños y medianos empresarios. La crítica a la corrupción en la gestión pública y en la política fue generalizada.

Pero septiembre será recordado también como el mes en que la autoritaria necedad de proteger a los corruptos ha comenzado a conducir al país al abismo. Un abismo del que creíamos estar saliendo. A duras penas, a trancas y rempujones, pero saliendo. Un abismo en el que nos quieren hundir más los que actualmente gobiernan.

Un gobernante incapaz, necio, prepotente y ahora evidentemente corrupto al haberse demostrado que recibió un ilegal sobresueldo del Ejército insiste en aferrarse al poder tan solo para mantener sus granjerías, ya que capacidad de gestión e interés por resolver los problemas básicos del país ha demostrado que no los tiene en absoluto.

Tres ministros más, los decentes y eficientes, han decidido saltar de ese barco donde la pestilencia a corrupción resulta inaguantable. Aún así, y luego de largos y tensos estira y afloja en el Congreso, tanto en reunión de jefes de bloque como en el pleno, apenas 70 diputados votaron a favor de retirarle la inmunidad para que el aún presidente enfrente la justicia.

Jimmy Morales se aísla cada día más, lo que no significa que esté totalmente debilitado. Aún cuenta con el poder mediático de los canales abiertos y su cadena de radio, que día a día manipulan y distorsionan los hechos con tal de construirle un discurso favorable. Cuenta también con la bulliciosa, maliciosa y millonaria campaña de los anticomunistas trasnochados, así como con el apoyo de todas las mafias y gavillas criminales que no quieren dejar de aprovecharse ilegalmente de los fondos públicos.

A cada momento la sociedad rechaza su gobierno y a la mayoría de los diputados. Se exigen modificaciones drásticas en la organización del Estado, pero las fuerzas de la corrupción y el conservadurismo tratan de mantener en pie este edificio maltrecho que es el Estado guatemalteco. Se atisba el nacimiento de la democracia, pero aún no hay organizaciones sociales y políticas capaces de darle contenido y forma.

Guatemala ha entrado en un ciclo en el que la esperanza y la desilusión se combinan. Dependemos de la madurez con que las dirigencias sociales construyan alianzas, rosas y lilas si se quiere, como despectivamente las han calificado quienes se creen dueños de la verdad, pero urgentes y necesarias si queremos modificar el bloque en el poder para que en este haya presencia activa y crítica de las organizaciones sociales.

Porque solo un amplio pacto por la democracia nos permitirá salir del abismo en el que los poderes hegemónicos nos han sumido, para lo cual hay que entender que, a estas alturas de nuestra historia, es la democracia liberal el estadio que debemos alcanzar y consolidar. Solo con una efectiva democracia podremos lograr mínimos niveles de equidad y justicia social.

Todo hace suponer que Jimmy conseguirá sobrevivir en el Gobierno varios meses más y que tratará de imponer un presupuesto sin candados para que sus cómplices y secuaces puedan cobrar sus facturas. Pero sus delitos recorren ya los escritorios de los tribunales, y sus huestes, cada vez más debilitadas por falta de cash para alinearlas, puede que opten por dejarlo caer.

Pero el problema central no es Jimmy, sino todo lo que él en su cómica figura representa: que salga o no del Gobierno y deje intactas las estructuras que permiten este tipo de situaciones de nada serviría. De ahí que lo que urge sean organizaciones nuevas, profundamente democráticas, capaces de modificar no solo la forma de hacer política, sino también la cultura política de nuestra sociedad. Con Jimmy o sin Jimmy, lo indispensable es empezar a construir un nuevo bloque en el poder, en el que las visiones hasta hoy contrahegemónicas tengan presencia e importancia.

Fácil no es, pero sí indispensable.

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/cuando-despertamos-la-corrupcion-sigue-alli]

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Virgilio Álvarez Aragón

Virgilio Álvarez Aragón

Doctor en sociología, formado en la Universidad de Brasilia. Ha sido docente universitario en Guatemala, México y Brasil. Interesado por los temas educativos, ha investigado sobre la política educativa y el magisterio, pero también sobre la democracia y sus riesgos en las sociedades post conflictos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “Conventos Aulas y Trincheras, Universidad y movimiento estudiantil en Guatemala” (dos tomos, segunda edición 2013) y “La revolución que nunca fue: un ensayo de interpretación de las jornadas cívicas de 2015”. Publica sus opiniones en Siglo 21 y Plaza Pública
Virgilio Álvarez Aragón