Acoso al poder

Los gobernantes actuales han comenzado a sufrir las consecuencias de su demagógica campaña. Sin pasado político en estricto sentido, sus actuaciones profesionales anteriores y su vida pública comienzan a ser escrutadas con lupa para entender el rumbo que este gobierno de estirpe militar, pero de fachada civil, puede llegar a tomar.

Virgilio Álvarez Aragón

Si partimos del consabido hecho de que llegaron al poder sin programa que los orientara en la acción pública, resulta evidente que desde los distintos factores de poder se posicionaron ministros y funcionarios que responden a sus intereses. Sin embargo, teniendo en cuenta las características y los orígenes político-ideológicos del presidente y de su vice, las posibilidades de un gobierno de carácter tecnocrático resultaron descartadas desde un principio. Apropiarse del K’atun 2032 del gobierno patriota fue una buena idea, pues el régimen podría tener ciertos rieles por los cuales transitar en la política pública, pero esto ha resultado un discurso vacío más.

Criados y desarrollados en el populismo conservador de la política nacional, Jimmy Morales y Jafeth Cabrera no pudieron desprenderse del clientelismo y del amiguismo en la composición de su equipo de trabajo, y lo que podría haber sido un buen comienzo resultó siendo un opaco y desordenado arranque. De inmediato tres sectores marcadamente diferentes en visiones e intereses comenzaron a disputar espacios y beneficios. Uno de ellos es el núcleo central del partido FCN, que se ve convirtiendo el país en un lugar donde el tiempo no pasa y las prácticas autoritarias hacen del poder público un feudo en el que los crímenes contra la humanidad quedan en la impunidad, la gestión pública funciona para favorecer a amigos y familiares y la demagogia populista es el discurso que permite mantener alienados a los amplios sectores de la población.

Sin embargo, sin mayores capacidades y recursos humanos para impulsar su proyecto, este sector tuvo que aceptar advenedizos para engrosar sus filas en el Congreso y en la gestión departamental, provenientes mayoritariamente de Líder y del Patriota, donde aprendieron las mañas de la política tradicional basada en el más ramplón de los clientelismos.

En el otro extremo, el sector de los que siempre han mandado en el país encontró la puerta abierta y sin picaporte, por lo que no solo designó los funcionarios para los ministerios que consideran de su interés y de su cuota, sino que intentó ocupar todos aquellos espacios de gobierno que le permitieran impulsar las acciones que, pareciendo innovadoras, consiguieran que el modelo económico no sufriera la más mínima modificación, de tal modo que el enriquecimiento siguiera estando en los mismos niveles sin obligarlos a más responsabilidades.

Un tercer sector, más romántico que político, cargado de una fuerte dosis de soberbia y de desconocimiento de la gestión pública, también ha creído que ahora es cuando puede impulsar su proyecto para nada colectivo ni organizado, por lo que se conformó con poner su nombre al servicio del régimen sin contar con recursos políticos que le permitan impulsar sus fantasías.

Morales y Cabrera imaginaron poder manejar todos esos intereses sin modificar sus prácticas y creencias y se olvidaron de que hoy, más que nunca, el poder público es de vidrio y la transparencia exigida no es solo para los actos del presente, sino también para los comportamientos del pasado. Acostumbrados a moverse en la opacidad, uno en sus labores artístico-comerciales y el otro en su corporativismo universitario, rápidamente se han visto rebasados por la realidad.

Los errores de apreciación y autoritarismo del primer sector, que bien podemos llamar los duros, toscos y oportunistas, han hecho que el presidente, ante la presión de los otros dos sectores, haya tenido que tomar distancia de manera más formal que efectiva de sus congéneres políticos, de manera que perdió en parte esa sensación de confort que su cercanía y apoyo le ofrecían. Retirar a sus guardaespaldas de la dirección de la SAAS y alejarse de su consejero personal tiene que haberle resultado doloroso, como amargo debió de haber sido renunciar al espionaje ilegal que estos le estaban organizando. Sin mayores escrúpulos y dejando todo un rastro de oscuras presiones, Melgar Padilla obligó al diputado electo por Chimaltenango a dejarle la curul. Morales aceptó el sucio juego, como antes aceptó el engorde de su bancada, por lo que, siguiendo con sus prácticas amiguistas y clientelares, encontrará donde proteger económicamente a sus guardaespaldas.

Distanciados por las deslealtades del presidente, es notorio que los duros han dispuesto proteger y protegerse alrededor del vicepresidente, pues no lo hacen solo con miras a sobrevivir y enriquecerse durante los próximos tres años, sino también, desde ya, con miras a construir el aparato que les permita continuar en el poder. Aún no tienen a su Sinibaldi, pero es innegable que lo buscan y que usarán todo el poder que tienen para imponerlo. Pero Cabrera resulta mucho más frágil que Jimmy Morales. Su pasado como rector lo evidencia no solo como ineficiente e ineficaz para la gestión, sino como proclive ideológica y políticamente al más burdo y ramplón de los amiguismos, clientelismos y tráficos de influencias. Del yerno ahora embajador a lo denunciado respecto a su hijo, hay suficiente materia para que los del sector de los que siempre han mandado en el país, y que podemos identificar como los fuertes, presionen para que se lo denuncie públicamente y se lo aísle, de modo que sean ellos y solo ellos quienes le digan al presidente por dónde y para dónde debe andar. Los hechos recientes permiten evidenciar esa situación: no solo le han hecho distanciarse al menos formalmente de los duros, sino que sin mayores complicaciones le hicieron paralizar al ministro de Medio Ambiente para que no hiciera nada, absolutamente nada, respecto al robo descarado de las aguas de los ríos y detener la confusa pero necesaria reforma fiscal.

Morales aceptó el sucio juego, como antes aceptó el engorde de su bancada, por lo que, siguiendo con sus prácticas amiguistas y clientelares, encontrará donde proteger económicamente a sus guardaespaldas.

Los románticos siguen imaginando que ellos pueden realizar sus sueños, pero no solo son pocos, sino que están desorganizados. Imaginan tener de su parte a los fuertes, cuando en realidad son simples actores secundarios en la obra que estos ya han puesto en escena: se realizarán solo aquellas reformas que en nada afecten sus intereses y sus beneficios y se podrá cambiar todo siempre y cuando efectivamente no cambie nada.

Las dificultades judiciales que actualmente padecen el hijo y el hermano del presidente no modificarán en mucho este escenario, aunque los duros se han apresurado a mover sus fichas al hacer que sus ministros y funcionarios publiquen sendos comunicados de solidaridad con el presidente. Imaginan que culpando indirectamente a los románticos de la penosa situación en la que se encuentra la familia presidencial podrán recuperar algunos de los espacios perdidos. Estos, por su parte, ilusamente tejen listas de posibles candidatos a presidente y vicepresidente que impongan un programa sin necesidad de pasar por las urnas. Autoengañados que fueron ellos, quienes con sus festivos encuentros sabatinos sacaron a Pérez y a Baldetti y ya imaginan que sin mayor trastorno ni agitación Morales y Cabrera dejarán los cargos.

Los fuertes, en cambio, dados su experiencia y poder, están más que convencidos de que estos vendavales pondrán al presidente más bajo su control, harán rabiar a los duros con el aislamiento cada vez mayor del vicepresidente y aproximarán más a los románticos al logro de su agenda haciéndoles creer que ellos son grandes e importantes.

Aún faltan más de tres años para el final del período, y todo hace pensar que día con día los fuertes conseguirán mucho más de lo que hace un año esperaban con el apoyo simpático de los románticos.

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/acoso-al-poder]

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Virgilio Álvarez Aragón

Virgilio Álvarez Aragón

Doctor en sociología, formado en la Universidad de Brasilia. Ha sido docente universitario en Guatemala, México y Brasil. Interesado por los temas educativos, ha investigado sobre la política educativa y el magisterio, pero también sobre la democracia y sus riesgos en las sociedades post conflictos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “Conventos Aulas y Trincheras, Universidad y movimiento estudiantil en Guatemala” (dos tomos, segunda edición 2013) y “La revolución que nunca fue: un ensayo de interpretación de las jornadas cívicas de 2015”. Publica sus opiniones en Siglo 21 y Plaza Pública
Virgilio Álvarez Aragón