Manolo Vela Castañeda
manolo.vela@ibero.mx

En las batallas electorales, lo que define ganadores y perdedores, es el desempeño de los candidatos en los temas.

Claro, no es que los candidatos pasen un examen para ver quién sabe más de este o de aquel tema, o qué candidato tiene mejores propuestas. Es algo mucho más subjetivo, se trata de percepciones, lo que los electores creen de tal candidato; y se trata de percepciones en torno a atributos: para qué creen que tal candidato es bueno.

Y, ¿cómo se construyen estas percepciones? estas percepciones se construyen ligando piezas: la trayectoria del candidato, su equipo, la gente que le rodea, su discurso, las propuestas que logra posicionar, hacer creíbles, su personalidad, porque la política es, ante todo, representación. Es lo que se llama la historia completa. Los candidatos ganadores son aquellos que, para los electores, cazan con los temas. No nos confundamos, no es que el vecino de enfrente me diga que, vote por él, porque él va meter a la cárcel al expresidente, y que ya por eso ganó la elección. Es la diferencia entre el ridículo, y una estrategia bien hilada; la historia completa, reitero.

Aún y cuando los temas pueden ser moldeados por estrategias electorales, estos están allí, como en 2015, y la lucha contra la corrupción; o, la necesidad de cambio, de ganarle a partidos que han estado en el poder, como ocurrió en la elección de este año, en El Salvador; o, como, en la elección del año pasado, en Costa Rica, con la oposición al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo. Los temas marcan de qué quiere –el electorado– que los candidatos hablen.

Y para estas elecciones, el electorado, para desgracia del pacto que corruptos, quiere seguir hablando de la lucha contra la corrupción (nueve de cada diez); y, también, quiere seguir hablando de cómo hacer para que CICIG, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, continúe en el país (siete de cada diez). Los números provienen de la “Primera encuesta de opinión pública” elaborada por CID-Gallup (marzo, 2019), para la Fundación Libertad y Desarrollo; y, “Estudio de opinión pública. Guatemala #85”, también elaborado por CID-Gallup (febrero, 2019).

El electorado también quiere que los candidatos presenten propuestas para generar empleo (nueve de diez), que aminoren la pesada carga del costo de vida. Pero en este campo, hasta ahora, no hay una propuesta, o, un conjunto de propuestas, que resuenen. Lo que en torno a “lo económico” estas encuestas han medido la simpatía de los encuestados por las respuestas que los encuestadores les presentaron: que aumentar el salario mínimo, que repartir alimentos entre la población en situación de pobreza… No existe, aún, un vínculo entre propuestas que atiendan esta problemática y un candidato. Esto no es extraño, puesto que la campaña electoral no ha arrancado.

La encuesta CID-Gallup hace una radiografía de la ideología o la tendencia política del electorado guatemalteco. El resultado nos presenta la preponderancia del centro político: ocho de cada diez guatemaltecos se asumen de centro, cualquiera que este sea. En sentido contrario, el electorado guatemalteco no se siente atraído hacia propuestas que se identifiquen de izquierda o de derecha. Destaca, en la estratificación por regiones, la ciudad de Guatemala, donde un poco más de los electores se presentan como de derecha. En ciudad de Guatemala la relación izquierda-derecha no es de 10-14, como en el país, sino de 5-15 (cinco por ciento de izquierda y 15 por ciento de derecha).

Ante este dato, la primera prioridad de cualquier candidato que pretenda transformarse en una opción ganadora, es escapar de esos extremos –de derecha y de izquierda–, donde, pocos votos, cosechará. Desde luego, habrá otros candidatos que no estén interesados en convertirse en opciones ganadoras; van a desarrollar estrategias que les permitan cosechar votos en uno de los extremos.

La segunda prioridad para cualquier candidato ganador es presentar a sus rivales en uno de esos polos, arrinconarlos, expulsarlos del centro.

Es por esto que las profesiones de fe, de izquierda y de derecha, resultan tan incómodas para algunos contendientes.

En el caso de las contendientes que –hasta ahora– ocupan las tres primeras posiciones, Sandra Torres, Thelma Aldana y Zury Ríos, quien más difícil tiene la tarea de ir por el centro, me parece, es Zury Ríos. Su trayectoria, sus vínculos familiares, sus propuestas, la gente que le rodea, y su presencia, la historia completa, como decíamos, se halla asociada a la derecha, y extrema derecha. No es, tampoco, por su trayectoria y vínculos políticos y familiares, una candidata que pueda presentar, con credibilidad, un discurso en contra de la corrupción. El mejor escenario para la candidata Ríos sería una elección en la que los temas de la familia, la oposición a la legalización del aborto (solo diez por ciento apoya la legalización), y la oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo (solo 13 por ciento se manifiesta a favor), se tornen relevantes. Pero resulta que esos temas –hasta ahora, según estos sondeos– le importan poco al electorado.

Sandra Torres ha intentado moverse hacia el centro del tablero político, a costa de llevar, atacando, al extremo de la izquierda, a Thelma Aldana. Esos ataques han posicionado a la candidata Torres del lado del cuadrante de fuerzas a favor de la corrupción y la impunidad. Estos ataques, asimismo, hacen que ella sea percibida a la defensiva; lo que le resta tiempo para posicionar sus propios temas. Y esto es crítico, porque para la candidata Torres el escenario ganador consistiría en que las propuestas de política económica, lo que su equipo ha llamado “programa de reactivación económica y social”, y ella, adquieran identidad de marca. Esto es, que haya una asociación entre ese conjunto de propuestas y ella. Si esto no se logra, y los temas de lucha contra la corrupción continúan resonando, como quedó demostrado en la elección de 2015, Torres demostrará –de nuevo– que es una candidata poco competitiva para abanderar estos asuntos.

Thelma Aldana ha expresado públicamente que ella se considera una mujer de derechas, pero su alianza con el movimiento político Semilla, y la lucha en contra de la corrupción que emprendió desde el Ministerio Público, le han sacado de allí, y le han llevado, eso estimo, al centro del espectro político. Es ella quien –por trayectoria, equipo y propuestas, la historia completa– mejor puede crear círculos virtuosos, en torno al tema de lucha contra la corrupción. Pero también, la integración de Jonathan Menkos, un economista de reconocido prestigio, como candidato vicepresidencial, puede coadyuvar a presentar propuestas –sensatas y creíbles–, que resuelvan la otra parte de la ecuación: lo económico, el empleo, el costo de vida.

El banderazo de salida para las campañas electorales está a la vuelta de la esquina. En el ambiente se percibe mucho hastío, y más incertidumbre, pero siempre sigue habiendo espacio para la esperanza.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/domingo/2019/03/10/2019-un-buen-ano-para-recuperar-guatemala-de-las-mafias-parte-iv-y-final/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manolo E. Vela Castañeda

Doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México. Es profesor investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Ganador del Premio 2009 Academia Mexicana de Ciencias a la mejor tesis de doctorado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México.
Manolo E. Vela Castañeda