Manolo Vela Castañeda
manolo.vela@ibero.mx 

El arranque del proceso electoral está marcado por la presencia de tres mujeres que concentran el 50 por ciento  de las preferencias electorales, en orden de puntos (ya que después, más de algunos mal entretenidos inventan que uno es de extrema izquierda): Sandra Torres (17 por ciento), Thelma Aldana (10 por ciento), y Zury Ríos (7 por ciento). Las cifras provienen del “Estudio de Opinión Pública, Guatemala #85” de CID Gallup (febrero de 2019), cuyos datos fueron levantados durante la primera semana de febrero. No hay nada de qué alarmarse, que este no es de esos estudios patrocinados por G. Soros. Si llegan a ser inscritas, y ya adentro de la campaña, estas tres candidatas harán crecer su nicho electoral, llegando a cubrir, eso estimo, un 20 por ciento  más en las preferencias electorales. Al final, de las batallas entre ellas tres, saldrá, como ganadora, la próxima presidenta de Guatemala. Otra nota relevante en esta encuesta es que 5 de cada 10 encuestados no sabe aún por quién votar: allí está, con toda precisión, el campo de batalla de los meses que vienen. 

Tanto Ríos como Torres son dos perfiles conocidos por el electorado, lo que en términos coloquiales se conoce como dos políticas de raza. 

Torres es conocida por dos extremos: una base electoral sólida, que ronda el millón de votos; al mismo tiempo que acumula extraordinarias cifras de opiniones desfavorables (38 por ciento, solo superada por el 43 por ciento  de opiniones desfavorables contra el presidente Morales). Esta condición, que ya lleva tiempo así, “los negativos de Sandra Torres”, se tornan en un lastre significativo cuando la candidata precisa ampliar su base electoral, lo que se hace “robando” votos de otros nichos electorales. Allí, la candidata se estanca, y deja de ser competitiva. Con todo, esta combinación, su base, más la estructura del partido, el único reconocido por los encuestados (con el 7 por ciento), que, además se ha fogueado en cuatro procesos electorales, le colocan como una contendiente en la batalla por pasar a la segunda vuelta. Torres es una candidatura predecible: a menos que vaya apuntarse en el programa extreme makeover, ya más o menos todos sabemos para lo que da. 

Thelma Aldana puede llegar a ser la gran sorpresa de esta elección. El 10 por ciento  de preferencias electorales es una base extraordinaria para arrancar la competencia electoral, porque su candidatura ni siquiera ha sido confirmada. En esta candidatura, virtus et vitium, se hallan ligados: la mayor virtud de Aldana es su inexperiencia en el campo de la política electoral; lo que al mismo tiempo puede convertirse en su mayor problema. El reto es ganar la elección con una estructura partidaria que deberá consolidarse sobre la marcha; la otra gran incógnita es la forma como ella conectará –o no– con la gente. La articulación con el Movimiento Semilla permitirá que Aldana sea una candidata sin una estructura partidaria de fondo, pero con un conjunto de cuadros altamente calificados. Su tendencia hacia la baja en los puntos positivos (de 51 en septiembre de 2017 a 29 en febrero de 2019) podría provenir de la no oficialización de su candidatura, y de los ataques en su contra de parte de las mafias, que se sintieron afectadas por su gestión al frente de la fiscalía. Aldana es una candidata difícil de medir, de la que se desconoce su techo. Solo conforme pasen las semanas podrá verse la trayectoria que construye. En el mejor escenario podría pasar a segunda vuelta en primer lugar, alcanzando la treintena de los votos. 

Desde que en 1995 alcanzó una diputación, Zury Ríos acumula más de dos décadas de vida política. El Congreso ha sido su hábitat: durante cuatro elecciones consecutivas (1995, 1999, 2003 y 2007) se mantuvo en los primeros lugares del listado nacional del FRG, el Frente Republicano Guatemalteco, el partido que su papá, el general Efraín Ríos Montt, fundó, en 1990. Todo iba terminar en 2011, cuando intentó correr –por el FRG–, a la presidencia; lo que al final terminó declinando. En 2013 el FRG pasó a llamarse PRI: los mismos, pero con diferente nombre y color. Les inspiraba la dictadura perfecta que el PRI mexicano construyó durante siete décadas. Tal era su admiración que se permitieron plagiar el logo del PRI mexicano. Y después, uno se pregunta, ¿si son capaces de plagiar el logo de su partido, ya en el poder, qué otras cosas no estarán dispuestos a hacer? Pero el PRI guatemalteco, por suerte, tuvo una vida muy efímera. Perdió su inscripción –al no lograr ni un diputado, ni alcanzar la barrera del 5 por ciento  de los votos– en la elección de 2015. Ya para ese momento, 2015, Zury Ríos, cambió de barco, y fue presentada como candidata a la presidencia por el partido Viva, fundado por Harold Caballeros, el pastor y canciller del presidente Pérez Molina. En la pasada elección de 2015 iba a alcanzar un modesto 6 por ciento de los votos (300 mil votos). Para la elección de 2019 Ríos dejó atrás a Viva y decidió hacerse con su propio partido, Claro, comprando la ficha de otra agrupación política, porque eso de hacer organización partidaria es demasiado trabajo. Y entonces apareció Acisclo Valladares, que le ofreció el PLP, el Partido Libertador Progresista. Y Zury aceptó la oferta, no sabemos a qué precio, o a cambio de qué. Pero no hay que ser malpensados: esas son cosas de la extrema izquierda. Para que no nos diéramos cuenta de la operación de compra venta del partido, al PLP le cambiaron de nombre, y ahora se llama Valor. FRG, Viva, Valor, tres partidos en pocos años; y lo que viene: ¿candidata en 2023 por el partido valentía? ¿por qué no coraje? Dado el reacomodo del espectro político, la desintegración de los partidos Lider y Patriota, y la crisis de credibilidad en que se halla el presidente y FCN, su partido, los votos del centro derecha del electorado –esa mezcla entre conservadurismo, pentecostalismo y militarismo– podrían concentrarse en esta candidata, lo que le hace una contendiente altamente competitiva de la que, en esta elección, se desconoce cuál pueda ser su techo. Y si no lograra correr, debido al impedimento constitucional, ya hay otros candidatos que están listos para hacerse con el nicho electoral de Ríos: Giammattei (5 por ciento), Escobar (3 por ciento), y Arzú (2 por ciento), que ya aparecen en esta encuesta. El dilema aquí, para este grupo, los “herederos de Zury Ríos”, se halla en el corto período de tiempo que resta para la elección y las necesidades que ellos tienen de posicionarse, darse a conocer. 

En el siguiente texto, en el que seguiremos profundizando en el clima electoral, analizaremos los temas, porque una elección se define por estos, y por el desempeño –en ellos– de los candidatos, que, como aquí hemos visto, en esta elección se trata de candidatas. 

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/domingo/2019/02/24/2019-un-buen-ano-para-recuperar-guatemala-de-las-mafias-parte-iii/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manolo E. Vela Castañeda

Manolo E. Vela Castañeda

Doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México. Es profesor investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Ganador del Premio 2009 Academia Mexicana de Ciencias a la mejor tesis de doctorado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México.
Manolo E. Vela Castañeda